La salamandra y la lagartija
Esta alegoría me hace pensar en el México violento, donde los arrebatadosson la salamandra. Lo mismo la delincuencia organizada que el pandillaje primitivoy el contubernio oficial... Por el contrario, los pacíficos somos la lagartija.Los que deseamos vivir en la placidez de la armonía. Los que nos alarmamosy los que nos atemorizamos con la violencia.
Para Ricardo Sodi, garantía de justicia.
La salamandra y la lagartija se parecen, pero no son iguales. La salamandra es mitológica y la lagartija es verídica. La salamandra nos asusta y la lagartija nos conmueve. La salamandra vivía en el fuego, se alimentaba del fuego y nada la destruía. La lagartija vive en los prados, se alimenta de yerba y el fuego la destruye.
Desde Aristóteles de Estagira hasta Leonardo da Vinci se complacieron con el mito de la salamandra. Los seres fantásticos han inspirado la imaginación del hombre o, más bien, fue la imaginación humana la que inspiró a las criaturas que están superdotadas por encima de la realidad.
Esta alegoría me hace pensar en el México violento, donde los arrebatados son la salamandra. Lo mismo la delincuencia organizada que el pandillaje primitivo y el contubernio oficial, forman la población mexicana que vive en el fuego de la violencia y que de él se alimenta. Que su sobrevivencia sólo se explica dentro de la hoguera. Y que, por consecuencia lógica, perecería en la serenidad de la paz. No olvido mencionar que la guerra es la violencia legalizada.
Por el contrario, los pacíficos somos la lagartija. Los que deseamos vivir en la placidez de la armonía. Los que nos alarmamos y los que nos atemorizamos con la violencia. Los que no matamos ni masacramos ni secuestramos ni violamos ni traficamos ni mutilamos ni medramos. Los muchos ciudadanos de bien, los muchos funcionarios honestos y todos aquellos que tememos sucumbir en la hoguera de la violencia.
Es muy duro aceptar este teorema. Es muy doloroso admitir que existen personas cuya naturaleza se alimenta del daño que puedan ocasionar y que han logrado que la inseguridad mexicana ya se comente en el mundo entero.
Pero es menos complicado si aceptamos que los seres humanos son desiguales, distintos, disimétricos y disparejos. En ocasiones, nuestras diferencias nos complementan dentro de una misma sociedad. Pero, en otras más, nuestros distingos nos instalan en una misma olla de presión que nos llega a destruir.
Un cártel del crimen no podría vivir fuera del fuego de la delincuencia y de la violencia, prosiguiendo en la obtención de sus cuantiosas ganancias. No le sería fácil reinventarse y reconvertirse en una corporación empresarial lícita tan lucrativa como siendo una empresa del mal. Es el fuego de la violencia el que lo aloja y lo nutre.
Por el contrario, si una empresa de actividades lícitas decidiera reconvertirse en una organización criminal, seguramente fracasaría. Le faltarían los contactos, los métodos, los instrumentos, los directivos y hasta los clientes que requiere el delito para poder medrar.
En el espacio del individuo sucedería lo mismo que en el corporativo. Un patrullero municipal, que gana cinco mil pesos mensuales, de los que paga su gasolina y sus llantas, no puede sobrevivir en la paz de la legalidad. Por necesidad, por tentación o por ambición, se alineará a la mordida callejera o se afiliará a la corrupción organizada.
Pero, además de las conveniencias, existen las preferencias. La salamandra no come fuego por sufrimiento, sino por placer. Es pirófaga por gusto, no por fuerza. De la misma manera, la lagartija no come yerba por sacrificio, sino por disfrute. Es herbívora por delicia, no por amargura.
Así, los seres humanos tenemos deleites diferentes. Los violentos sufren en la paz, así como los pacíficos padecen en la violencia. Hay violentos que matan por cobrar, pero, también, hay violentos que pagan por matar. Los sicarios cobran porque hay quienes les pagan.
Una postrera reflexión mitológica. La salamandra era inmortal. Yo no lo sé y tampoco sé quién lo sepa, si la violencia delincuencial es perentoria y perecedera, como la lagartija, o si es permanente y perpetua, como la salamandra. Hasta ahora, no hay un solo país real que haya vencido a los cárteles y que los haya exterminado. Hasta ahora, los violentos han sido más duraderos que nosotros. Hasta ahora, ellos son la salamandra y nosotros seguimos siendo la lagartija.
