El verdadero tarot de la política
Una buena baraja adivinatoria es el Presupuesto. Si un gobierno le regatea a la justiciaes que no le interesa. Frente a ello no hay discurso ni promesa que valgan. Si ahorraen educación o en salud, es que no le interesa el presente ni el futuro de su pueblo.Ese método de análisis nunca falla. Eso mismo sucede hasta en una familia. Si gasta más en viajes que en escuelas, más en cosméticos que en comida, más en bebidasque en medicinas, ya sabremos que le interesa más la imagen, la farra y el momento.
Hace algunos días comentaba su artículo con mi fraterno amigo Raúl Contreras. Le decía que había algunos indicadores políticos que nos develaban muchos de los arcanos de un gobierno y de un gobernante. De manera concreta, mi mente estaba situada en el Presupuesto y en el gabinete. Con ello se adivina el futuro, pero también se descifra el pasado.
A los políticos, a los gobernantes y a los hombres de Estado es muy difícil conocerlos por sus palabras. Muchos de ellos son mentirosos y ocultan la verdad. Otros son sinceros, pero ignorantes. Dicen el discurso que les instalaron sus subordinados sin reparar en su crítica. Otros más, porque son tontos y no saben dónde está la verdad.
También es muy inoportuno conocerlos por sus obras y sus acciones. Éstas las conocemos cuando ya es tarde y ya no nos sirve para nada. Son datos para el historiador, pero no para el previsor.
En tercer lugar, es muy riesgoso conocerlos por sus ideas, porque muchos de ellos no tienen ideas y los que son muy inteligentes las cuidan bajo siete llaves mentales que casi nunca tenemos la clave para abrirlas.
Pero una buena baraja adivinatoria es el Presupuesto. Si un gobierno le regatea a la justicia es que no le interesa. Frente a ello no hay discurso ni promesa que valgan. Si ahorra en educación o en salud, es que no le interesa el presente ni el futuro de su pueblo. Ese método de análisis nunca falla.
Eso mismo sucede hasta en una familia. Si gasta más en viajes que en escuelas, más en cosméticos que en comida, más en bebidas que en medicinas, ya sabremos que le interesa más la imagen, la farra y el momento que la esencia, la seriedad o el futuro. No tendremos que preguntarles nada para saber quiénes realmente son y cómo verdaderamente son.
Desde luego que existen momentos en que la pobreza nacional o familiar obliga a desechar las opciones y a jugar “obligado”, como dirían los aficionados al dominó. Pero, aun así, la inopia reduce las elegibilidades, pero no las cancela en su totalidad.
Así, en su miseria de postguerra, Japón le apostó a la educación y le resultó. Así como Alemania le apostó a la industrialización y le resultó. Y la extinta URSS le apostó al armamentismo y le resultó. Pero muchos de los europeos y de los asiáticos también hicieron su apuesta presupuestaria y, gracias a ello, hoy son lo que son.
De la misma manera, durante la Gran Depresión, Estados Unidos conoció su peor momento dinerario. Tuvieron que cancelar muchos de sus proyectos. Pero el último sería la construcción de sus enormes presas que convertirían a la dádiva hidrológica de esa nación en una verdadera potencia hidráulica. Así, en plena miseria se edificó la todavía imponente Presa Hoover, que embalsa al río Colorado y que surte sustancialmente de electricidad a los estados de California, Nevada y Arizona, ni más ni menos.
Pero otro indicador infalible es el gabinete. Las cartas de cada equipo político tienen las cualidades que algunos atribuyen a los arcanos del tarot. Están cargadas de significado y hasta de premonición. Indican el carácter y predicen el destino de un gobierno. Y, muchas veces, lo que no alcanza con la insuficiencia del Presupuesto se logra con la eficiencia, la inteligencia y la decencia del gabinete.
Porque los equipos implican mensaje y pronóstico. Los cargos políticos, por más que queramos verlos con pura institucionalidad, tienen nombre y apellido. Una ratificación en la cartera de economía anuncia continuidad en los modelos económicos. Una componenda interpartidista en la cartera de justicia indica, inexorablemente, que a esa administración no le interesa la justicia. Una designación indescifrable denota que el designante no entiende o no quiere que lo entiendan.
Cada quien haga su adivinación. Vea el equipo y el presupuesto de cada gobernante. Valúe a sus hombres y examine sus cuentas. Esto le dirá más que sus discursos y que sus informes. No pierda mucho tiempo en oír sus declaraciones. Dime con quién andas y en qué gastas para decirte quién eres.
