Primer Informe de Gobierno
El presidente López Obrador llega a su primer Informe con la popularidad casi intacta desde su triunfo electoral, a pesar de un arranque sexenal con las mayores críticas a decisiones sobre obras de infraestructura y a sus políticas públicas calificadas como erráticas y ...

José Buendía Hegewisch
Número cero
El presidente López Obrador llega a su primer Informe con la popularidad casi intacta desde su triunfo electoral, a pesar de un arranque sexenal con las mayores críticas a decisiones sobre obras de infraestructura y a sus políticas públicas calificadas como erráticas y populistas. El estilo personal de gobernar imprime a su liderazgo un sello de impredecible, no obstante la consistencia de sus compromisos. Es una figura que confronta y polariza, aunque parece haber rehecho alianzas importantes con antiguos aliados como Carlos Slim y parte de la cúpula empresarial, que ahora le resultan vitales para atemperar la incertidumbre ante los tiempos recesivos de la economía. Es un político pragmático y adaptado a la sobrevivencia.
Esa mezcla de cosas de naturaleza contradictoria levanta expectativas sobre qué esperar del Informe y de su gobierno hacia adelante. Y que van desde los que auguran una catástrofe hasta defensores acérrimos que ven todo bien sin reparar en la falta de planeación o decisiones improvisadas, por ejemplo, en los recortes al sector público y la política de austeridad. El mandato fuerte que recibió de las urnas lo acompaña del manejo de símbolos que le sirven para cultivar una imagen de sencillez, trabajo e integridad incorruptible, que sabe comunicar cada mañana o en actos públicos como si permaneciera en campaña, no obstante acumularse problemas graves en seguridad y otros servicios del Estado.
Destaca, en efecto, el uso de símbolos como representación de decisiones o políticas, como abrir los Pinos o vender el avión presidencial, para diferenciarse de gobiernos anteriores, así como ofrecer un mensaje del Informe en Palacio Nacional sin acudir al Congreso, como muestra de lejanía o hasta de desprecio al Congreso como contrapeso del Ejecutivo. El acto más bien recuerda al Día del Presidente, como se calificaba al Informe en el antiguo régimen, del que también solían sobrevenir anuncios sorpresivos de presidencias fuertes como ésta. Y aunque no se vislumbran sorpresas, la evocación genera expectativas de ajuste de rumbo que pide la cúpula empresarial, sobre todo, al ver la reconciliación con Slim, afectada desde la cancelación del NAIM en Texcoco. Su promesa de separar el poder político del económico –como recuerda en su campaña del primer Informe– ha generado fracturas con los empresarios y desconfianza entre los inversionistas nacionales y las calificadoras internacionales por decisiones como la construcción del aeropuerto en Santa Lucía o el litigio de los gasoductos de Cargo Energy y la CFE.
El acercamiento con el hombre más rico de México le sirve para no profundizar la desconfianza de los empresarios y el parón de la inversión local, aunque públicamente hayan ofrecido cifras millonarias en proyectos de infraestructura. Una señal clara de la necesidad de mejorar el clima de entendimiento y reducir la incertidumbre ante el déficit de crecimiento de su gobierno, aunque sin que signifique un cambio en la orientación de sus políticas sociales. No obstante, podría relajar los choques en áreas estratégicas como la energética y traducirse en mayor apertura a su participación en la industria petrolera a través de asociaciones con la empresa pública.
La desconfianza, sin embargo, pasa también por las dificultades de los empresarios para predecir el comportamiento del Presidente. Para decirlo rápido, no se entienden y esperan la hora en que haga ajustes a sus estrategias. Eso ha sucedido en el litigio del gasoducto en que los sectores duros del gobierno pugnaban por desconocer acuerdos, algo que sin el auxilio de Slim habría encendido la alarma de los mercados internacionales. Como se observa en este caso, López Obrador sabe hacer cambios sobre la marcha para sortear obstáculos, aunque muchos entre sus filas lo interpretan como claudicar ante las presiones. No es claro hasta donde se modificará la ruta del gobierno o el significado de la nueva alianza con los empresarios, pero habla del choque con la realidad del que seguramente no dirá nada en su primer Informe, aunque todos estén expectantes sobre la ambigua relación con la iniciativa privada.