No necesitan a El Mayo

Muchas veces hemos dicho que, en términos de seguridad y alineamiento internacional, el gobierno federal, como lo hacía López Obrador, sigue pensando y concibiendo el mundo en términos de la Guerra Fría, sin comprender que ese mundo desapareció hace mucho tiempo, no sólo en términos políticos e ideológicos, sino también tecnológicos y legales.

Muchos han estado preocupados, o simplemente ocupados, pensando en qué podrá divulgar, por ejemplo, Ismael El Mayo Zambada si colabora con las autoridades de Estados Unidos (una colaboración que ya se está realizando, aunque sea “no tradicional”, como dijo su abogado Frank Pérez). Sin duda, puede decir muchas cosas luego de una carrera de medio siglo en el crimen organizado. Como lo pueden hacer —lo están haciendo— el centenar de criminales que envió México y que están siendo juzgados en Estados Unidos, muchos de los cuales ya son testigos protegidos, o funcionarios como Gerardo Mérida, exsecretario de Seguridad, o Enrique Díaz, el exsecretario de Finanzas de Sinaloa, ambos colaborando con la justicia de la Unión Americana.

Pero, en todo caso, lo que los fiscales estadunidenses necesitan son declaraciones para judicializar esa información, porque del crimen organizado saben todo o casi todo respecto a lo que ocurre en México. La inteligencia cibernética estadunidense tiene una dimensión difícil de comprender cuando se la asume desde escalas nacionales. 

La Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) captura miles de millones de comunicaciones al día. Esto se logra mediante la conexión directa a la infraestructura troncal de internet a nivel mundial y la recopilación de enormes cantidades de metadatos telefónicos y de internet, todo esto dentro de sus capacidades denominadas Signal Inteligence (SIGINT). 

Según Santiago Carrasco, quien me facilita muchos de estos datos, la NSA tiene varios programas específicos, como el de seguimiento de ubicación de teléfonos móviles, que intercepta cerca de cinco mil millones de registros diarios. Los mensajes de texto se revisan con el programa Dishfire, que extrae datos de geolocalización y otra información de 200 millones de mensajes de texto diarios a escala global.

Los programas de vigilancia en la red troncal (upstream) procesan más de mil 700 millones de correos electrónicos y mensajes instantáneos al día, los cuales son filtrados buscando palabras clave y patrones específicos.

Según información de la propia NSA, si bien por internet circulan aproximadamente mil 826 petabytes de información al día, la agencia accede a cerca del 1.6% de dicho volumen, una fracción de la cual se selecciona activamente para su revisión y almacenamiento. En el contexto específico del conflicto entre Rusia y Ucrania, existe una operación de inteligencia de señales que rastrea 42 mil comunicaciones diariamente entre militares de la estructura de mando rusa. ¿Cuántas serán entre civiles y militares en México?

Para lograrlo la NSA ha construido una red global de estaciones terrestres, cables submarinos y sistemas de interceptación por satélite que pueden captar comunicaciones electrónicas en todo el espectro electromagnético. Con la ayuda de empresas de telecomunicaciones, la NSA lleva a cabo este espionaje aprovechando directamente la red troncal de internet dentro de Estados Unidos y otros países, la infraestructura física que transporta las comunicaciones en línea de los estadunidenses y de muchos otros lugares del mundo. Después de copiar prácticamente todo el tráfico internacional basado en texto, la NSA busca en este tráfico términos clave, llamados “selectores”, que están asociados con sus muchos objetivos.

Dentro de Estados Unidos, la NSA lleva a cabo la vigilancia ascendente bajo la autoridad de la Ley de Enmiendas de la  Foreign Intelligence Surveillance Act  de 2008, que establece que la NSA puede participar en cierta vigilancia, sin orden judicial, de los estadunidenses que se comunican con objetivos en el extranjero. También dice que la NSA puede atacar a casi cualquier extranjero sin revisión judicial si sospecha de irregularidades, lo cual se fortalece con las leyes antiterroristas como las que se aplican a los cárteles mexicanos, a todos sus patrocinadores, cómplices o beneficiarios.

Hay ejemplos notables de cómo se combinan estos operativos cibernéticos y tradicionales y cómo se aplican a beneficiarios e impulsores de estrategias consideradas terroristas. Por ejemplo, para combatir cárteles que considera terroristas, como los talibanes, esa agencia logró identificar y aprehender, usando tecnología cibernética y métodos tradicionales, a los tres principales impulsores de esa organización narcoterrorista: Haji Bashir Noorzai, Haji Juma Khan y Haji Bashko. Ellos fueron quienes desarrollaron el modelo financiero de traficar con opioides para financiar las actividades terroristas y políticas de los talibanes. Los tres están detenidos en la Unión Americana.

El modelo es transparente y lo explicitaba apenas el lunes el director de la DEA, Terry Cole: su gobierno tiene capacidades para perseguir y detener a facilitadores, fundadores y estrategas financieros y políticos, no sólo líderes y operadores de los cárteles. Y esa estrategia cruza la política con el crimen.

El mensaje no debería ser tan difícil de entender en México.