Cambio climático y género

De la reunión de la COP26 debe rescatarse la reflexión sobre “Género y cambio climático”. El 80% de las personas desplazadas por desastres y cambios climáticos en el mundo son mujeres y niñas.

Tras los pobres resultados de la COP26, subsiste la incógnita de si las grandes compañías y las organizaciones ciudadanas tomarán la bandera de la defensa del cambio climático que los gobiernos, incluido el de México, decidieron eludir con tibieza y medios compromisos.

De los procesos deliberativos, queda claro que las mujeres, adolescentes y niñas, seguirán siendo el sector más afectado por la crisis climática, y que empresas y sociedad civil, incluidos los consumidores, caminarán, a veces, con grandes tensiones, hacia una sostenibilidad en los negocios, en lo que no estará ausente el choque con los gobiernos.

El gobierno de México no comprende los alcances de los compromisos internacionales y que las acciones locales tienen un impacto en otras naciones que realmente detentan el poder geopolítico, y que lo pueden bloquear, boicotear y desequilibrar domésticamente.

No es ingenuidad, sino soberbia; una especie de despotismo ilustrado que refrenda aquel principio de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Un paternalismo del pasado.

En las filas de la izquierda que se asimiló a Morena existen talentos que podrían dar soluciones de “tercera generación” al gobierno, pero no son escuchados por quien lo dirige.

Si bien el Consejo Coordinador Empresarial y sus organismos lanzaron una alerta razonable para que los intentos de reforma eléctrica no dañen la generación de energía limpia, también es cierto que grandes compañías ya tienen un importante camino a partir de asumir procesos sustentables en el marco de la Agenda 2030 y el Pacto Mundial-México.

Específicamente, las empresas deberán prepararse para el diálogo con los nuevos perfiles de consumidores que no aceptan lo que se conoce como el greenwashing, es decir, el simular que se cumple con compromisos medioambientales para engañar a sus audiencias.

Para los nuevos consumidores, la sustentabilidad de las empresas es un índice que orientará una relación constante e incluso de lealtad con las marcas. Las empresas tradicionales dejarán de serlo para tornarse aliadas con los públicos en el cambio social, pero con límites legales.

Las organizaciones ciudadanas, por su parte, pese a los obstáculos creados por el lopezobradorismo, deberán enfatizar su activismo en aquellas áreas sensibles, como son los bosques y su deforestación, particularmente las documentadas, como el programa Sembrando Vida, el Tren Maya y los proyectos energéticos, que incumplirían los compromisos internacionales.

De la reunión de la COP26 debe rescatarse la reflexión sobre “Género y cambio climático”. El 80% de las personas desplazadas por desastres y cambios climáticos en el mundo son mujeres y niñas.

Desde tiempos ancestrales, las mujeres han tenido una relación especial con la naturaleza. Su contribución al bienestar y al desarrollo sostenible de sus comunidades es enorme, así como al mantenimiento de los ecosistemas, la diversidad biológica y los recursos naturales del planeta, dijo Alok Sharma, presidente de la COP26.

Las mujeres de los países en desarrollo son las primeras en responder a la gestión del capital medioambiental que las rodea. Desde la recogida de agua para cocinar y limpiar, el uso de la tierra para pasto de ganado a la búsqueda de alimentos en ríos y arrecifes, y la recogida de leña, las mujeres de todo el planeta utilizan e interactúan a diario con los recursos naturales y los ecosistemas.

Pese a la visión machista del gobierno, las mujeres no pueden quedar fuera de las acciones por el clima.

En otro orden, el condenable intento de reconvenir a la ministra de la Corte Norma Piña por sus argumentaciones en el ejercicio de su cargo contra los excesos en el Senado, evidencian que, para arañar una candidatura, se puede hacer de todo.

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