Cuando asumí esa responsabilidad, lo hice entendiendo que la encomienda no era sencilla. Presidir el Congreso implica el desafío de mantener la capacidad de acuerdo, conducir debates complejos y ser un motor permanente en la búsqueda de soluciones que permitan conciliar intereses comunes entre puntos de vista diversos.
Procuré siempre conducir la Cámara con apertura e inclusión y convertir los acuerdos en normas capaces de responder a los problemas cotidianos de la ciudadanía. Me enfoqué en ejercer una presidencia basada en la escucha y el diálogo, en el respeto y en la construcción de leyes en beneficio de quienes habitan esta ciudad.
Pero la ciudad cambia más rápido que sus leyes y, aunque concluimos este periodo con avances relevantes construidos en conjunto, con efectos importantes en derechos, movilidad, transparencia, bienestar animal y organización de la ciudad, también es preciso reconocer que quedan retos pendientes.
Uno de los avances más importantes fue la Ley del Sistema de Cuidados de la Ciudad de México. Con ello comenzamos a construir un nuevo marco que, además de brindar garantías a sectores como las personas adultas mayores, colocó en la agenda pública una tarea que durante décadas recayó de manera desproporcionada en las familias y, particularmente, en las mujeres.
Como amante de los animales y como servidor público que desde hace décadas ha velado por su protección, bienestar y derechos, me congratula reconocer que también dimos pasos importantes en materia de bienestar animal. Durante estos meses aprobamos reformas para reconocer jurídicamente a las personas rescatistas independientes, regular la venta de animales en plataformas digitales, crear un registro de personas maltratadoras y limitar prácticas de cría selectiva. Medidas que, sin duda, fortalecen la agenda de protección animal y contribuyen a generar una nueva conciencia sobre el trato que merecen los seres sintientes.
En materia de movilidad atendimos la regulación de scooters, bicicletas eléctricas y otros vehículos de micromovilidad, poniendo fin a un vacío normativo que generaba conflictos en calles y banquetas.
Además de los avances alcanzados mediante las reformas aprobadas, este periodo tuvo entre sus componentes centrales la apertura del Congreso hacia instituciones, organizaciones especializadas y sociedad civil. Suscribimos convenios y generamos espacios de colaboración en materias como educación, seguridad vial, cambio climático, desarrollo forestal y economía circular, convencidos de que las mejores soluciones se construyen escuchando y sumando experiencias.
Los pendientes, sin embargo, nunca dejan de existir. Queda por delante la recepción, análisis y discusión del Plan General de Desarrollo y del Programa general de ordenamiento territorial de la ciudad; profundizar la respuesta legislativa frente a la crisis de vivienda, el encarecimiento de las rentas y la necesidad de garantizar vivienda asequible, temas de abasto de agua, gestión de residuos, seguridad, inclusión de las personas con discapacidad, y protección del medio ambiente, entre otros.
En general, puedo concluir que el balance de este último año se resume en insuficiente, pero positivo y que la verdadera prueba está en demostrar que desde Donceles se pueden construir soluciones que las personas perciban en su vida cotidiana y que contribuyan a mejorar la ciudad que compartimos.
Por mi parte, concluyo este ciclo con profundo agradecimiento y con la enorme satisfacción de haber servido a mi ciudad y su gente. La duración de los servidores públicos en un cargo tiene fecha de término, pero las instituciones permanecen y las causas por las que se trabaja trascienden cualquier responsabilidad pública. Termino la encomienda agradecido por la confianza y con el compromiso intacto de seguir trabajando por la Ciudad de México y en la atención de las necesidades de todas y todos los que viven en ella.
