La revelación

Era el mes de mayo 
de 2006. Declinaba 
la tarde y, conforme 
el Sol enrojecía, terminaba un mitin de la campaña presidencial de AMLO. Era en Silao, 
en el bajío guanajuatense, región 
que era gobernada por el panismo 
y en la que, históricamente, 
ha tenido una gran influencia política 
el conservadurismo. Pero, aun así, 
el PRD y su candidato presidencial habían convocado a miles de personas 
que retacaron la plaza de Silao. 
Eso se reflejaba en el rostro de AMLO, que, habiendo finalizado el acto, 
con gran sonrisa y sin detener el paso, saludaba con la mano abierta, 
apenas “chocándola”, con muchos 
de los asistentes. 
 

López Obrador apresuraba el paso hacia la camioneta y, siguiéndole, corrían cientos y cientos de sus simpatizantes. Apenas pudo subir y dentro de ésta ya le esperaba el director de una de las empresas más reconocidas y más prestigiadas en materia de encuestas (me guardo su nombre porque no le consulté si podía citarlo).

Andrés Manuel estaba muy contento, eufórico podría decirse, pero también se notaba una ansiedad que apenas podía ocultar. Salimos del perímetro del mitin y enfilamos por una de las calles que nos sacaba hacia la carretera que conducía hacia el entonces DF. Ya enfilados en la avenida es cuando pudo terminar con su ansiedad, liberando de sus labios la pregunta obvia: ¿cómo vamos?

-¡Muy biennnnnnnnn! —respondió el encuestador, que estiraba la n para, con ello, adelantar la buena nueva: ¡estás mucho mejor de lo que preveía!

Cierto que han pegado algunas de las acciones de Calderón, decía el actuario, pero nada de qué preocuparse. Es más, te lo voy a decir de esta manera: ¡Ni queriendo, pierdes! ¡Ni queriendo, pierdes!

Andrés Manuel apretaba los labios para contener la euforia y prácticamente le exigió al encuestador que le mostrara los números, las gráficas. Los veía con lentitud y preguntaba con insistencia los detalles: ¿se sigue cayendo Madrazo?,¿por qué sube unos puntos Calderón?, ¿y las televisoras, y qué dicen otras encuestas? Y, así… más y más preguntas hasta que los datos, simplemente, le reafirmaran lo que de antemano Él siempre decía a los incrédulos, a los escépticos.

-¡Oigan esto: ni queriendo, pierdo, pues así ha sido revelado!

Eso sucedía en mayo de 2006, apenas dos meses antes de la realización de las elecciones presidenciales, y para Andrés Manuel nada haría cambiar lo que le fue dicho mediante revelaciones. Pero, asumir que te encuentras predestinado a gobernar, aunque no lo quieras, puede conducir a todo tipo de actitudes, algunas delirantes, pero en política —que es el caso—, a lo que conduce es a cometer graves errores. Esto fue lo que sucedió en las semanas siguientes a la revelación del encuestador, hasta que en el mes de julio apareció el resultado trágico para López Obrador y para el país, como lo vivimos más adelante durante el gobierno de Calderón.

Ahora, habiendo transcurrido 11 años y faltando no dos meses, sino 16 meses para los comicios presidenciales, AMLO continúa sin aprender la lección y mantiene el comportamiento altanero del que se siente elegido; el mismo que adoptó en las dos ocasiones anteriores en que fue candidato presidencial y del cual se desprende —al margen de imposturas en su personalidad— una grave impertinencia política.

Un ejemplo reciente de ello es su conducta ante los ya muy cercanos comicios del próximo mes de junio en cuatro entidades de la República, incluyendo el Estado de México. El presidente de Morena no está proponiendo ninguna alianza para derrotar a Peña Nieto, pues su actitud, más de bravucón que de líder político, lo que desliza es una especie de ultimátum al PRD y otros partidos, lo cual, al final de cuentas, boicotea esfuerzos para construir cualquier alianza antiPRI.

Así como lo hace ahora, con insolencia ante quienes sólo ejercen su derecho a disentir, a competir electoralmente, a confrontarlo, ¿lo imaginan frente al Congreso de la Unión ante una votación contraria a sus intereses o a sus deseos?, ¿lo imaginan ante una resolución de la Corte que le sea contraria a sus opiniones?

Sabemos todos que son muchos y variados los asuntos que están implicados en el resultado de una elección presidencial y, desde luego, son de primer orden los que tienen que ver con el combate a la corrupción, violencia y desigualdad; pero igual de imprescindibles resultan aquellos que tienen que ver con evitar toda forma de poder que se pretenda o se asuma omnímodo. Éste, el de la edificación de una República democrática y de equilibrio entre los poderes, como el de la construcción de un Estado protector de los derechos humanos y el de la persistencia de la legalidad como principio fundamental son temas fundamentales para la gobernabilidad democrática y la convivencia civilizada de nuestra nación.

Es tan obvio, es tan ausente de toda lógica, que ni debiéramos recordarlo. Pero... ¡queriendo perder, nadie podría ganar!

Twitter: @jesusortegam

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