Violencia y homicidios
Si los homicidios observados en 2019 acaban representando un nuevo nivel máximo antes de comenzar a disminuir, será evidencia de que ocurrió un puntode inflexión algún tiempo atrás.
Hace algunas semanas, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, anunció que en meses recientes se había alcanzado un “punto de inflexión" en el número de homicidios dolosos observados a nivel nacional. De entonces a la fecha, el peso de los terribles acontecimientos de las últimas semanas parece contrarrestar el optimismo de aquel pronunciamiento.
No obstante, en esta columna me concentraré en las tendencias de mediano y largo plazo. Por principio de cuentas, ¿qué es un punto de inflexión? En términos matemáticos, un punto de inflexión es un punto en el cual una curva o función no lineal cambia de concavidad: ya sea de una forma convexa —como las curvas en forma de “U”— a cóncava —como las curvas en forma de “U invertida”— o viceversa. Es importante aclarar que un punto de inflexión no equivale a un punto mínimo ni a un punto máximo, los cuales ocurren cuando una línea tangente a la curva en cuestión se vuelve horizontal o con pendiente igual a cero.
De manera más sustantiva, puede decirse que los puntos de inflexión pueden denotar cambios de tendencias de largo plazo: por ejemplo, cuando pasamos de una situación en la que los homicidios observados mes con mes crecen cada vez más, a una situación en la que crecen cada vez más lentamente. De manera natural, entre un punto de inflexión y otro pueden observarse niveles máximos o mínimos durante cierto periodo.
Por ejemplo, cuando según los registros del Inegi en 2011 se alcanzó una tasa de 24 homicidios por cada cien mil habitantes se hablaba de un nivel máximo de violencia e inseguridad en la historia reciente. Ese fracaso, entre muchos otros, quizás ayuda a comprender mejor el resultado electoral de 2012.
Poco tiempo después, la tasa de homicidios comenzó a decaer —es decir, ocurrió un punto de inflexión—, hecho que, en su momento, se celebró como una especie de triunfo en el combate a la inseguridad. En 2014 y 2015, la tasa de homicidios parecía haberse estabilizado en alrededor de 17 homicidios por cada cien mil habitantes. Por desgracia, poco después volvió a ocurrir un punto de inflexión y la tasa de homicidios comenzó a aumentar nuevamente hasta llegar a una nueva tasa máxima histórica de 29 observada en 2018. De nuevo, es posible que aquella nueva alza en la violencia e inseguridad ayude a explicar los abultados resultados electorales de 2018.
Es así como llegamos a la discusión reciente. Es un hecho que las cifras de homicidios mensuales a lo largo de 2019 parecen mostrar cierta estabilización en alrededor de dos mil 900 casos mensuales. Y, en efecto, si los homicidios observados en 2019 acaban representando un nuevo nivel máximo antes de comenzar a disminuir, será evidencia de que ocurrió un punto de inflexión algún tiempo atrás.
En primer lugar, resulta sumamente importante que los homicidios dejen de crecer mes con mes, es el tipo de fenómeno que los optimistas enfatizarían. En segundo lugar, es igualmente importante que éstos comiencen a disminuir en el mediano plazo. En caso contrario, podríamos encontrarnos en un escenario en el que las tasas de homicidios dejen de crecer pero se estabilicen en los niveles máximos de en nuestra historia reciente, es decir, el fenómeno que preocupa a los críticos de las políticas de inseguridad actuales. El peor escenario, sin embargo, es que la estabilización sea meramente pasajera y que la violencia criminal vuelva a dispararse como se observó en 2009 o en 2015.
En los últimos 12 años hemos observado puntos de inflexión en la serie de tiempo de los homicidios observados a nivel nacional, niveles mínimos que se celebran, aunque no perduran, y niveles máximos que se rompen poco tiempo después.
El fracaso de las estrategias de seguridad del pasado ya lo conocemos. Sus autores y voceros deberían buscar formas más constructivas de ayudar desde lo aprendido de tales fracasos. El fracaso de la estrategia de seguridad lanzada por el nuevo gobierno apenas lo estamos conociendo. Ante la evidencia, sus autores deberían buscar formas de proceder no sólo distintas, sino también mejores. Sería la forma racional de proceder si lo que en verdad interesa es resolver uno de los problemas más graves del país y no buscar excusas o pretextos en los fracasos de otros tiempos.
