Puebla: silla vacía
No hay un contendiente buscando la reelección ni un claro candidato del partido en el poder. Al mismo tiempo, hay un contendiente que ya perdió en la elección inmediata anterior: Barbosa
El domingo 2 de junio se renovarán dos gubernaturas del país: Puebla y Baja California. También habrá elecciones locales en Aguascalientes, Durango, Tamaulipas y Quintana Roo. De todas ellas, la elección poblana destaca por varias razones que comentaré enseguida.
Por principio de cuentas, tras la accidental muerte de la gobernadora Martha Erika Alonso, el 24 de diciembre pasado, se tuvo que convocar a una elección extraordinaria. En segundo lugar, a diferencia de Baja California, donde el PAN ha gobernado desde 1989, en Puebla apenas hubo alternancia partidista desde el año 2010, con el triunfo de Rafael Moreno Valle. Pero eso no es todo, mientras que en Baja California el PAN ha postulado a un militante como Óscar Vega Marín, en Puebla, este partido se inclinó por un candidato sin militancia partidista como Enrique Cárdenas.
De modo que en Puebla podría decirse que existe lo que en ciencia política se le conoce como una silla vacía: no hay un contendiente buscando la reelección ni un claro candidato del partido en el poder. Al mismo tiempo, hay un contendiente que ya perdió en la elección inmediata anterior: Miguel Barbosa.
Las encuestas más recientes sugieren que Barbosa, candidato de la coalición Morena-PT-PVEM, tiene una clara ventaja sobre Cárdenas, postulado por la coalición PAN-PRD-MC. Un triunfo holgado para Morena podría explicarse por el arrastre con el que cuenta ese partido en estos momentos, porque Barbosa es relativamente más conocido que Cárdenas —toda vez que ya hizo campaña el año pasado— y porque Cárdenas no cuenta con los recursos que el grupo político de Moreno Valle tuvo en su momento.
Dicho lo anterior, hay algunos factores que podrían producir una elección más reñida de lo que sugieren las encuestas. Por un lado, el efecto de arrastre que López Obrador tuvo en 2018 puede seguir presente ahora, pero quizás en menor medida. Por otro lado, ese mismo arrastre no pareció ser suficiente para que Barbosa ganara la gubernatura en 2018. Los morenistas adujeron irregularidades que el TEPJF desestimó meses después, mientras que los panistas adujeron que Barbosa simplemente fue un mal perdedor. Un tercer factor clave es que esta elección tendrá un menor nivel de participación que el de 2018, y no es claro anticipar si el abstencionismo tendrá un sesgo partidista en un sentido u otro.
También vale la pena recordar que, en las elecciones de 2010 y 2016, los candidatos de las coaliciones panistas tuvieron márgenes de victoria mayores a diez puntos porcentuales. En 2018, Martha Erika Alonso tuvo una ventaja de alrededor de cuatro puntos. ¿Qué efecto tendrá la trágica muerte de la gobernadora en las intenciones de voto del 2 de junio próximo?
Dejando de un lado las inercias partidistas de Morena y el panismo en el estado, vale la pena detenernos en la calidad y las hojas de vida de los candidatos en Puebla. Miguel Barbosa, abogado de formación, ha sido militante del PRI entre 1977 y 1994, migró al PRD entre 1994 y 2017, desde cuyas filas fue diputado federal entre 2000 y 2003, y senador en 2012-2018 (ambas por la vía plurinominal). Curiosamente, a pesar de que en junio de 2017 opinaba que la soberbia de López Obrador era “infinita”, se sumó a las filas de Morena a finales de ese mismo año.
Por su parte, Enrique Cárdenas cuenta con un doctorado en economía por la universidad de Yale. Ha sido académico e investigador sin filiación partidista por décadas. Es un experto en historia económica, hacienda pública y política económica en México. Fue rector de la Universidad de las Américas-Puebla y dirigió por años el Centro Espinosa Yglesias, desde donde fue un duro crítico de la corrupción de los gobiernos pasados del estado.
En agosto de 2017, López Obrador lo invitó a contender por la candidatura de Morena al gobierno de Puebla, misma que, eventualmente, conseguiría Barbosa. Sin darse por vencido, Enrique Cárdenas buscó ser candidato independiente en 2018. La azarosa secuencia de eventos aquí descrita permitió que, una vez más, pueda buscar la gubernatura de Puebla. Pocas veces los partidos se arriesgan a postular candidaturas tan independientes y respetables como ésta. Ojalá que las y los poblanos no desperdicien esta inusual oportunidad.
