La derrota de Trump
Al cierre de esta columna, Joe Biden supera a Trump por más de 3.6 millones de votos en la votación nacional y los principales medios han declarado que el demócrata tiene asegurados 253 delegados.
Todo parece indicar que el candidato demócrata Joe Biden ganará la presidencia y, venturosamente, impedirá la reelección del republicano Donald Trump. Aunque era el escenario más probable según los pronósticos de los expertos, el resultado final ha resultado ser más reñido hasta ahora. Hacia el cierre de las campañas, Biden tenía una mayor probabilidad de derrotar a Trump en el voto popular, pero su ventaja en el colegio electoral era más incierta —tal y como sucedió con Clinton cuatro años atrás—.
De manera excepcional, antes de la jornada del martes 3 de noviembre se recibieron más de 100 millones de votos anticipados o enviados por correo. Por tal razón, hubo quienes anticiparon que las votaciones podrían favorecer inicialmente a Trump, sólo para inclinarse hacia Biden al día siguiente, conforme se contabilizaran los votos por correo. En caso de ser un resultado muy reñido, se advirtió, sería posible que la elección presidencial llegara hasta la Corte. El primer escenario, en efecto, se cumplió. El segundo, aún está por verse.
De la mano del voto anticipado y postal, otro resultado sorprendente fue una participación electoral inusualmente alta: se estima que podría llegar a ser mayor al 65 por ciento. Se trata de una cifra importante, dado un contexto de crisis pandémica, al tratarse de una elección en la que Biden superó a Trump de manera consistente en las encuestas nacionales durante toda la campaña electoral, misma que suele definirse en unos cuantos estados bisagra o pivotales.
El colegio electoral vuelve a ser un factor clave. En 2016, Hillary Clinton ganó el voto popular por más de 2.8 millones de votos. Sin embargo, perdió el colegio electoral por 74 delegados. En aquel año, el corredor comprendido por los estados de Pennsylvania, Ohio, Michigan y Wisconsin —históricamente ganados por los demócratas desde 1992— fue clave en la victoria de Trump. Cuatro años después, los resultados disponibles al momento de escribir esta columna sugieren que Michigan y Wisconsin volverán al lado demócrata, al tiempo que en Arizona ganará un candidato demócrata, cosa que no había ocurrido desde 1996, con Bill Clinton.
Al cierre de esta columna, Joe Biden supera a Trump por más de 3.6 millones de votos en la votación nacional y los principales medios han declarado que el demócrata tiene asegurados 253 delegados y sólo necesitaría 17 más para asegurar la presidencia. Nevada y Arizona serían suficientes para ello, pero en breve podría sumarse Pennsylvania con 20 delegados más para dar una severa voltereta al presidente Donald Trump. Con los cinco estados que aún están en juego, Biden tendría 27 rutas o combinaciones para ganar la presidencia, mientras que Trump sólo 4 y hay un escenario que produciría un empate en el colegio electoral.
Dicho lo anterior, en los cinco estados donde aún no concluyen conteos —Pennsylvania, Arizona, Nevada, Georgia y Carolina del Norte—, los márgenes son muy estrechos y es probable que haya recuentos e impugnaciones. Éste es el tipo de fenómenos que una encuesta preelectoral no puede anticipar del todo, por ejemplo.
Pasada la medianoche de la jornada, Biden dio un mensaje público en el que lucía calmado, optimista y pedía paciencia. Por otro lado, Trump dio un mensaje entrada la madrugada, se proclamó ganador, denunció que un fraude estaba en marcha, exigió que dejaran de contarse votos, y anticipó que acudiría a la Suprema Corte (sin especificar con qué argumento, por cierto). La comparación de ambos no podía ser más contrastante. Durante el miércoles Trump no volvió a aparecer en público. Ni siquiera Fox News hizo eco de su denuncia. Ningún líder republicano de peso se ha sumado a su denuncia de fraude. El presidente demagogo no tiene quien le secunde.
Cuando un candidato perdedor hace acusaciones de fraude sin fundamento, lastima a la misma democracia de la cual busca formar parte. A pesar de que Trump o sus asesores cercanos saben bien que el voto por correo no tiene mayores problemas, atacó sin cesar este derecho político durante la campaña. En breve se confirmará que el pasado tres de noviembre, por correo postal, perdió la presidencia. La derrota de Trump es una gran lección para los Estados Unidos y el resto del mundo: que la demagogia o los así llamados nuevos populismos pueden ser derrotados en las urnas.
