La amenaza arancelaria

La legalidad de la medida no es del todo clara, pero la amenaza es muy real. En meses pasados, el gobierno de Trump impuso aranceles a las importaciones de China, así como a las de aluminio y acero.

El 30 de mayo pasado, el presidente Donald Trump anunció vía Twitter que si el gobierno mexicano no impedía que más migrantes entraran a Estados Unidos a través de nuestras fronteras, su gobierno impondría un arancel de 5% en todas las exportaciones mexicanas hacia aquel país.

Este arancel entraría en efecto el 10 de junio próximo, y podría aumentar 5 puntos más cada mes hasta llegar a un 25%, en octubre, si el gobierno mexicano no tomaba medidas concretas contra la migración.

La legalidad de la medida anunciada no es del todo clara —después de todo, México aún tiene un tratado comercial vigente con Estados Unidos—, pero la amenaza es muy real. En meses pasados, el gobierno de Trump había impuesto aranceles a las importaciones provenientes de China, así como a las de aluminio y acero.

La medida anunciada implica varias contradicciones. Vayamos por partes. En primer lugar, imponer aranceles a un socio comercial con quien se acaba de negociar un nuevo tratado comercial —el T-MEC—, mismo que está por ratificarse en los congresos de ambos países, es contradictorio, por decir lo menos. En segundo lugar, porque un arancel a las exportaciones de México hacia Estados Unidos es equivalente, en la práctica, a un impuesto a los consumidores norteamericanos, a la vez que afecta las cadenas de importaciones y exportaciones que se han desarrollado desde la entrada en vigor del TLCAN a la fecha: es decir, afecta tanto a consumidores como a productores de ambos países.

En tercer lugar, porque implementar la medida contradice la coalición de intereses detrás del Partido Republicano. Si bien es cierto que Trump cuenta con un electorado numeroso detrás del combate a la migración no documentada, también es cierto que muchos legisladores republicanos se oponen a la simple noción de este tipo de aranceles, por la sencilla razón de que afectan los intereses empresariales y sus rivales demócratas pueden traducirlos fácilmente en nuevos impuestos a los consumidores.

Por último, existe una contradicción de fondo entre los objetivos que Trump pretende lograr con esta escalada arancelaria —detener la migración— y sus consecuencias inmediatas. De entrar en efecto, los aranceles afectarían no sólo a los consumidores norteamericanos, sino que también afectarían seriamente la creación de empleos y el crecimiento económico de nuestro país —de suyo frágil desde que Trump asumió el poder—, lo cual, sin lugar a duda, induciría nuevos flujos migratorios hacia el norte.

Dicho todo lo anterior, todas las contradicciones entre causas y consecuencias antes descritas no han impedido que Trump, como otros líderes populistas del mundo, intente cumplir su promesa y lleve a cabo su amenaza con tal de explotar ciertos rendimientos políticos con miras a su eventual reelección.

Por otro lado, ¿en verdad existe una crisis migratoria? Así lo parece. Si bien el número de migrantes indocumentados que buscan entrar a Estados Unidos es menor que los niveles observados antes del año 2001, éste ha ido en aumento en los últimos diez años. En particular, el número de familias con hijos, menores de edad y personas en busca de asilo ha aumentado significativamente.

El número de aprehensiones de la patrulla fronteriza ha aumentado continuamente desde el inicio de la administración de Trump. En mayo pasado hubo más de 144 mil aprehensiones en la frontera, una cifra no vista en la última década. Tan sólo un año atrás, la cifra apenas rebasaba los 50 mil.

La proporción de migrantes provenientes de Guatemala, Honduras y El Salvador también ha ido en aumento, como resultado de la escalada de violencia e inseguridad en aquella región, y gracias a una mejoría relativa en las condiciones de vida en México.

Los aranceles propuestos difícilmente disminuirán la migración sin antes producir severos costos económicos y sociales en ambos países. Pero esto no quiere decir que en el fondo no haya un problema serio con la migración. El dilema para el gobierno mexicano es si estará dispuesto o no a sacrificar los derechos humanos de los migrantes con tal de evitar las amenazas de Trump, o bien, esperar a que la oposición interna logre contener al presidente bully. No es poca cosa.

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