Falta menos de una semana para que la presidenta Claudia Sheinbaum entregue su Segundo Informe de Gobierno; sin embargo, en las últimas dos semanas la discusión pública se ha centrado en asuntos personales ajenos a palacio nacional.
Andrés López Beltrán hizo pública una poco honrosa carta dirigida al presidente Trump para protestar la cancelación de su visa para ingresar a Estados Unidos. Una semana después, el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, decidió regresar a su cargo después de haber estado fuera por 112 días. En primera instancia, voceros y simpatizantes del oficialismo aplaudieron la valiente decisión ante la “falta de pruebas en su contra”. Sin embargo, en la tarde de ese mismo día, gobernadores, legisladores y líderes de Morena manifestaron su extrañamiento y se deslindaron de la decisión personal del gobernador. Eran los mismos abajo firmantes que meses atrás habían cerrado filas en su defensa. Algunos de ellos habían cerrado filas en apoyo de López Beltrán una semana antes. Al parecer, estos apoyos son tan inestables como las coaliciones políticas: quienes en algún momento parecían intocables por su cercanía con el expresidente, de súbito parecen volverse cartuchos desechables.
El sábado 22 de agosto por la mañana, la presidenta Claudia Sheinbaum publicó un mensaje en redes sociales que iniciaba diciendo que “ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la nación”, y cerraba contundentemente: “Por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está el pueblo y la nación”. En la tarde de ese mismo día, Rubén Rocha volvió a solicitar licencia indefinida a su cargo. Voceros y simpatizantes aplaudieron la firmeza de la Presidenta para aplacar lo que, desde afuera, pareció ser una grave rebelión en las filas del morenismo. El impasse no concluyó tan rápido, toda vez que el Congreso de Sinaloa sólo pudo designar una nueva gobernadora interina hasta el martes 25.
Un observador casual de esta secuencia de eventos podría preguntarse qué tenía de malo que el gobernador de Sinaloa retomara sus funciones, si en reiteradas ocasiones la propia Presidenta había manifestado que, en efecto, “no había pruebas” para proceder legalmente en su contra.
De entonces a la fecha, reinan las especulaciones en diversos sentidos. Para unos, es imposible que López Beltrán y Rocha Moya hayan tomado sendas decisiones personales sin consultarlo con el expresidente Andrés Manuel López Obrador: ¿a quién se le ocurriría hacer tal cosa sin consultarlo con el jefe máximo?, plantean. Para otros más, existe la misma certeza, pero en sentido contrario: el expresidente ya está retirado de la política, no tiene incentivos, ni le conviene inmiscuirse en asuntos que ya no le competen. Existe una diversidad de versiones: unas reflejan que existe un conflicto creciente en las más altas cúpulas del partido gobernante, mientras que otras aducen que sólo fue una secuencia desafortunada de confusiones personales.
Un denominador común de buena parte de estas especulaciones es que sitúan en el centro de la toma de decisiones a la Presidenta o al expresidente. O manda uno, o manda ella, o quizás ambos están de acuerdo. Resulta, por lo menos, curioso que en todas estas versiones parezca evidente que el Poder Ejecutivo tiene la capacidad de ordenar la renuncia de un gobernador —justo como ocurría en los años del régimen de partido hegemónico—. Al mismo tiempo, resulta extraño que tan pocos analistas exijan una investigación independiente o una mayor rendición de cuentas sobre la gestión del gobernador con licencia renovada.
Acuso ignorancia sobre los motivos o la información con la que se tomaron las decisiones narradas arriba. Sin embargo, rescato otro párrafo importante del mensaje presidencial del sábado pasado: “Porque el poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia”. ¿Qué esperaban que ocurriera con un poder sin contrapesos, sin un Poder Judicial autónomo, o sin una fiscalía independiente o confiable?
