Corcholatas estatales

En las elecciones del próximo año se elegirán 17 gubernaturas a lo largo del país y la gran mayoría de las presidencias municipales. Es muy probable que las contiendas locales sean el principal factor de arrastre a las urnas en las que también se renovará la Cámara de Diputados.

Un buen indicador de la salud de una democracia constitucional es la calidad de las principales candidaturas presentadas por los partidos políticos. En la medida en que las elecciones son libres y auténticas, o la contienda luce más reñida, los partidos políticos tienen fuertes incentivos para postular candidaturas competitivas. Quienes no las consiguen, tienen incentivos para sumarse a alguna coalición, mientras que las candidaturas testimoniales incluso podrían tener incentivos para declinar antes de la jornada electoral en apoyo de alguno de los punteros.

En los estados considerados bastiones de un partido político, este puede darse el lujo de postular candidatos poco experimentados y, de todos modos, lograr el triunfo. Pero en un estado reñido, hacer tal cosa puede traducirse en una derrota. Si revisamos la historia electoral de México, así como la de muchas otras democracias, a veces se observan reveses o alternancias sorpresivas por el simple hecho de que el partido gobernante se confió demasiado y postuló candidaturas débiles, mientras que la oposición logró postular alguna candidatura más competitiva, fresca o creíble. La historia es por demás conocida. A veces las cúpulas partidistas designan a ciertos candidatos que casi no son conocidos en su entidad, municipio o distrito.

En las semanas recientes, Morena ha designado a 17 “coordinadores de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”, un cargo meramente honorario y simbólico con el cual ha burlado la normatividad electoral sobre precampañas y campañas desde hace años. Entre las 17 personas designadas, hay 11 mujeres y seis hombres, con lo que cumplirán con holgura los requisitos de paridad que señala la Constitución.

Llama la atención que nueve de ellos fueron elegidos al Senado en 2024 y uno más fue senador en el sexenio pasado. Puede decirse que se trata de una proporción inusualmente elevada de candidaturas provenientes del Senado. Una ruta más habitual hacia una candidatura a gubernatura es haber sido presidente municipal de la ciudad capital, o bien contar con un puesto en el gabinete del gobernador en turno. Suele irle mejor a los cuadros favoritos del gobernador que a los legisladores. De hecho, a la Cámara de Senadores suelen llegar ciertos exgobernadores y no tanto al revés.

Por otro lado, cuatro personas designadas fueron delegadas de programas para el desarrollo o secretarias de Desarrollo en sus respectivas entidades. Siete personas coordinadoras tienen experiencia previa en partidos de oposición: cuatro provienen del PRD, tres del Partido Verde, dos del PRI y uno del PAN.

Diversos analistas han tratado de determinar si en las designaciones más recientes está la mano de la Presidenta o la del expresidente. Difícil saberlo a ciencia cierta. A mi modo de ver, es más interesante dilucidar si estas candidaturas fueron o no las favoritas de los gobernadores en turno. Cuando así fue, puede interpretarse como un espaldarazo de la dirigencia de Morena a la gestión de los gobernadores. En los casos contrarios, puede interpretarse como un jalón de orejas a gobernadores con un mal desempeño o graves que tienen escándalos en sus espaldas.

En varios casos no se dieron a conocer los resultados de las encuestas con que, supuestamente, se elegirían los perfiles ganadores. En otros casos, incluso se reconoció que se tomaron decisiones políticas más allá de la popularidad reflejada en las encuestas. En algunas entidades llama la atención que se hayan designado candidaturas que, en este momento, lucen poco competitivas. ¿Acaso la cúpula de Morena ha optado por ceder ciertas plazas a la oposición?

El siguiente paso lo tendrán los partidos de oposición. ¿Harán una mejor selección? La dificultad de los partidos políticos para organizar elecciones primarias o al menos procesos de designación de candidaturas confiables y transparentes viene de tiempo atrás.