Hace un año, durante el discurso de su Primer Informe de Gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum mencionó cuatro veces al expresidente López Obrador. Al inicio de aquel discurso afirmó: “Damos continuidad y avanzamos sustentados en la gran hazaña del presidente López Obrador, que no sólo separó el poder político del poder económico, sino que, con un nuevo proyecto de justicia social, sacó de la pobreza a más de 13.5 millones de personas”. Las otras tres ocasiones tenían que ver con hospitales, obras públicas y generación eléctrica.
Esta semana, en el discurso con motivo de su Segundo Informe, la Presidenta mencionó al expresidente en tres ocasiones, pero ninguna tan grandilocuente como la anterior. Sin embargo, hacia el final manifestó: “Que nadie se equivoque: aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”. ¿A quién o quiénes estaba dirigida esa aclaración no pedida?
Uno de los principales logros de sus primeros dos años de gobierno ha sido reducir la cifra de homicidios dolosos a la mitad de la registrada al inicio de su mandato. Además de esto, la Presidenta presumió una notable disminución de los delitos de alto impacto, miles de detenciones, así como decomisos de armas y drogas. Su antecesor no logró algo semejante durante seis años de gobierno. Alguien podría decir que la estrategia de seguridad de la presidenta Sheinbaum ha sido mucho más exitosa y eficaz que la del expresidente. Otros más podrían decir que estas cifras históricas también reflejan el fracaso de la estrategia de seguridad de los abrazos, no balazos. Sea cual fuere el caso, debe reconocerse un importante cambio de estrategia en materia de seguridad pública. ¿Quizá hacer esto implicó hacer un rompimiento necesario? Difícil saberlo.
El gran ausente tanto en el primer discurso como en el segundo ha sido el crecimiento económico. Se presumen cifras récord en inversión extranjera directa —un crecimiento de 12% con respecto a 2024— y mayores exportaciones. Sin embargo, la inversión total y el crecimiento han estado más bien estancados desde el sexenio pasado. A lo largo del sexenio de López Obrador, la pandemia fue la culpable favorita del estancamiento económico. Durante lo que va de este sexenio, el principal culpable ha sido el presidente Donald Trump. Tras ocho años de un gobierno que se presume de continuidad, insisten en no asumir responsabilidad por estos magros resultados.
El discurso presidencial no mencionó la palabra corrupción ni una sola vez. ¿Será porque se acabó por decreto desde el sexenio pasado? La Presidenta cerró agradeciendo al cambio en el Poder Judicial “porque se nota claramente la diferencia entre el pasado y el presente”. No mintió al señalar que hay grandes diferencias. Lo curioso es que lo considere un logro digno de agradecimiento.
Hay quienes lamentan que los discursos y la ceremonia de entrega de los informes presidenciales ante el Congreso se hayan vuelto un tanto irrelevantes o algo cansados. Los voceros y simpatizantes presumen que esto no es un problema, porque como la Presidenta rinde cuentas todos los días en sus conferencias de prensa matutinas, no hay ningún mensaje importante o relevante que ofrecer el primero de septiembre.
Analistas más críticos señalan que ni el discurso ni la conferencia de prensa constituyen auténticos ejercicios de rendición de cuentas. Los discursos pronunciados en Palacio Nacional frente a un público selecto y aplaudidor ni las conferencias de prensa con preguntas a modo y respuestas esquivas equivalen a una auténtica rendición de cuentas.
Año con año, en la Cámara de Diputados se recibe un informe de gobierno con sus respectivos anexos. Los líderes de las fracciones parlamentarias pronuncian discursos sobre un documento que apenas han recibido y no han podido leer. Los miembros del gabinete presidencial a menudo deciden no asistir a la glosa del informe. Mientras el Poder Ejecutivo en turno no sea capaz de rendir un informe ante el Congreso, o no pueda escuchar o responder los cuestionamientos de los legisladores de cualquier partido, no podremos hablar de una rendición de cuentas ni de una separación de Poderes.
