Hasta ayer, la autoproclamada Cuarta Transformación se enfrentó a un dilema: reconocer o no que la narcopolítica los infiltró, como pasó con alcaldes, gobernadores y funcionarios del pasado. Esa disyuntiva se manifestó en la defensa que el gobierno ha hecho de Rubén Rocha Moya, ante las acusaciones del Departamento de Estado de EU de que en Sinaloa sirvió a los cárteles.
Al mismo tiempo, continuó la colaboración con Estados Unidos en el bloqueo de grupos criminales que, con su dominio territorial, generan una economía ilícita y violencia. Pero ayer Rocha Moya anunció su regreso al gobierno de Sinaloa, confirmando que, en los hechos, los cercanos de Andrés Manuel López Obrador siempre terminan siendo protegidos por Palacio.
Podrá la Secretaría de Gobernación alegar en un comunicado que el regreso del mandatario estatal a Sinaloa es una decisión personal. Palabras. Porque en los hechos, la presidenta Sheinbaum deja hacer y deja pasar.
¿Entonces tiene un perseguido del Departamento de Estado de Estados Unidos más poder que la jefa del Estado mexicano?
Expusimos hace una semana, a raíz del anuncio de Andrés López Beltrán de que le cancelaron la visa estadunidense, que la defensa de la presidenta Claudia Sheinbaum al hijo de su antecesor estaba garantizada. Porque se equivocaron quienes creyeron que, por la investigación de La Barredora, el senador Adán Augusto López Hernández dejaría de ser un factor de poder.
Reseñamos que el llamado hermano del alma del expresidente tiene, junto con López Beltrán, el encargo de cuidar el control obradorista del partido, por lo que llevará las campañas de varios estados en 2027.
Y señalamos: “Es un hecho que el gobernador con licencia continúa al frente en Sinaloa, pese a las acusaciones de protección al narcotráfico de Estados Unidos”.
Previmos que la cancelación de la visa no interrumpirá los planes de López Beltrán de llegar el próximo año a la Cámara de Diputados.
Porque aun cuando hay quienes sostienen que no ha existido una defensa del gobierno al junior, lo que cuenta es su aclaración, y la de la FGR, de que no existe expediente que lo indague o involucre en el huachicol fiscal.
Y hoy lo que cuenta es que el regreso de Rocha evidencia que la línea dura se ha impuesto por la vía de los hechos en la relación de la presidenta Claudia Sheinbuam con Donald Trump. Y el poder de Adán, la protección de Palacio a Andy y los márgenes de acción personal del sinaloense son acciones que, al final, se alinean con la estrategia presidencial de exigir pruebas a los estadunidenses.
Mientras la Presidenta siga frenando las investigaciones de la corrupción y de la narco política de los cercanos de López Obrador, los comunicados de Morena terminan siendo un montaje. ¡Cómo que el partido en el poder no supo nada del regreso! ¿Acaso los integrantes del congreso sinaloense son súbditos de Rocha Moya y Morena es un florero?
No podemos pasar por alto que el regreso de Rocha Moya, protegido de López Obrador, ocurre tres días después de la participación de Omar García Harfuch en la reunión de la DEA, en Argentina. Tampoco debemos soslayar que el elogio de Terrance Cole, director de la DEA, al secretario se vivió como agravio en algunos círculos de Morena. Incluso periodistas afines a esos grupos reclamaron por qué García Harfuch convivía así con representantes de un gobierno que se entromete en la política mexicana y le quita la visa al hijo de López Obrador.
Este jaloneo con quienes tienen la instrucción de Donald Trump de acabar con los cárteles y sus protectores tendrá un impacto en la elección de aspirantes de Morena a gobernadores y alcaldes.
Porque si antes de este desplante de Rocha —avalado en la práctica por la Presidencia— se pensó que los ganadores de las cuchareadas encuestas serían personajes presentables, ahora los sospechosos tienen el visto bueno de Palacio y de Palenque.
Hay en el regreso de Rocha —más afín a la estrategia de abrazos, no balazos de López Obrador que al pálido Enjambre de García Harfuch— un trasfondo político y cultural: la normalización de la narcopolítica.
El gobierno de Morena sabe, porque lo tiene medido, que el cuestionamiento a la protección de las estructuras de poder hacia los grupos criminales se circunscribe a las élites empresariales y se queda en la opinión publicada.
En contraste, el grueso del electorado no ha castigado ni piensa castigar los nexos malandros. Así lo muestran los sondeos que dan por ganador a Morena en Sinaloa en 2027, con perfiles cercanos a Rocha.
Como lo palpó López Obrador, después de recorrer tres veces los municipios del país, la sociedad mexicana ya introyectó la connivencia de autoridades con organizaciones criminales.
Confían en Palacio y en Palenque que el presidente Trump perderá las elecciones de noviembre y que altos porcentajes de la población le creen a la Presidenta cuando afirma que la narcopolítica es un invento de la oposición.
