¿Soy la mujer que me gustaría ser?

Por Adriana Hegewisch Lomelín* Mucho hemos oído y leído acerca de la violencia hacia las mujeres y de la desigualdad que enfrentamos, en lo laboral, en lo económico, en lo familiar incluso, así que no trataré ese tema, aunque en mi profesión de abogada está en ...

Imagen de la Mujer

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Por Adriana Hegewisch Lomelín*

Mucho hemos oído y leído acerca de la violencia hacia las mujeres y de la desigualdad que enfrentamos, en lo laboral, en lo económico, en lo familiar incluso, así que no trataré ese tema, aunque en mi profesión de abogada está en boga.

Me gustaría compartirles una definición de lo que es ser mujer: Para definirnos, necesitamos tomar consciencia de quiénes somos como personas, que tenemos dignidad y una serie de libertades, entre ellas, la de decidir qué hacer con nuestra vida: por ejemplo, si nos casamos o no, si tenemos hijos o no; elegir nuestra apariencia, seleccionar nuestra actividad, en suma, a hacer nuestro proyecto de vida. Todas estas libertades están amparadas por nuestra Constitución.

Estoy convencida de que si dedicamos tiempo en pensar y sentir cómo queremos vivir, cómo nos queremos sentir ahora, podemos proyectar cómo queremos estar también en nuestro futuro; claro, no es fácil, es un trabajo interior que vale la pena. Debemos conectar con nuestro corazón para preguntarnos ¿soy la mujer que me gustaría ser?

Revisarse en todas las áreas de la vida: en lo familiar y amistades, en lo financiero, en la educación y trabajo, en el estado físico (salud, ejercicio), y en estar en contacto consigo mismas para, entonces, desde la coherencia, tomar decisiones. Estoy convencida de que, en la medida en que hagamos lo que nos dicta nuestro corazón, que solemos sentir como una invitación inspiradora, viremos más plenas, más satisfechas, más alegres, más tranquilas, más saludables y ¡más jóvenes!

Así, si no se está satisfecha, plena con lo que hace día a día, alegre, entusiasta, siempre hay formas de cambiar. En mi opinión, lo recomendable, primero, es descubrir si tenemos una vida plena o no; segundo, preguntarnos qué nos falta para tenerla; tercero, cómo podemos hacerle para tenerla, ¿qué está en mí para poner en marcha y lograrlo? Muchas veces no está en nosotras toda la solución y eso está bien, pero debemos hacer lo que nos toca y confiar. Y repito, es mediante un proceso interior constante. Suena complicado, pero no lo es, en realidad, es cuestión de hábitos y de cambiar nuestras perspectivas.

Las elecciones se nos presentan en todos los campos de la vida, pregúntate: ¿Quién quieres que decida, tú o un tercero? Claro que siempre será más fácil que otros decidan por uno y a veces hasta más cómodo, pues de esa manera tendremos excusas en caso de que algo salga diferente a lo deseado, “claro, seguí la sugerencia del mesero y no me gustó”, por ejemplo o “eso decidió el juez en su sentencia, no fui yo”.

Las mujeres somos un pilar dentro de la sociedad, por eso, si nosotras como mujeres estamos plenas, satisfechas, agradecidas, crearemos un ambiente familiar y, a la larga, social, más armonioso y amoroso, que se contagiará. Los cambios empiezan por una misma, si nos valoramos, si somos conscientes de quiénes somos y a dónde vamos, nos fortaleceremos aún más de lo que ya somos por naturaleza. Somos motor de cambio, de energía, de lucha, enfoquemos bien esos motores para tener una vida mejor, una sociedad mejor, más igualitaria, más empática y más armoniosa. La kabalah enseña que no hay que ser reactivas, sino proactivas, propongámonos ser ese ejemplo de cambio positivo, coherente y consciente.

ahegewisch@hegewischmontes.com

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