Cuando el “amor” lastima
Romantizar el amor nos hace perder el foco, creamos expectativas irreales sobre la pareja e ignoramos las red flags
Por Marisol Escárcega
Amar debe ser una acción y no un sentimiento.
Bell Hooks
Desde niñas nos preparan para estar en pareja, para tener hij@s. Nos dicen que encontraremos al príncipe azul, cual cuento de hadas. Crecemos con la idea de que algún día encontraremos a esa “media mitad” que nos complemente, que le dé sentido a nuestra existencia y entonces aguardamos a que llegue ese hombre con el que viviremos felices para siempre.
La realidad es que, así como nos enseñaron que es el amor, no lo es, es decir, nos han vendido la idea de que si hay amor, lo demás no importa; que el amor todo lo puede, todo lo soporta, todo lo perdona. Nos enseñan a idealizar el amor y lo romantizamos.
Creemos que si nuestros padres o abuel@s llevan más de 30, 40 o 50 años juntos es porque los une el amor. Sin embargo, si nos atrevemos a preguntarles quizá la respuesta nos decepcione.
Romantizar el amor nos hace perder el foco, creamos expectativas irreales sobre la pareja, ignoramos las red flags (de las cuales ya hemos hablado) y nos sumergimos en esa burbuja perfecta y cómoda que nos da el amor romántico, el de las telenovelas, películas o series.
Así, celebramos el amor con flores, chocolates, globos, peluches enormes y joyería costosa, pero olvidamos que a esos regalos les antecedieron infidelidades, comentarios hirientes, humillaciones, golpes, y hasta intentos de feminicidio.
Se nos olvida que 11 mujeres son asesinadas cada día en el país, y que al menos, a la mitad les quitaron la vida en su casa, y alguien cercano, en la mayoría, su pareja.
Sí, en nombre del amor se cometen los peores actos que nos podamos imaginar, pero no es el sentimiento en el que mata, sino toda una estructura machista que nos hace creer que, si me cela, es porque le importo, que si revisa mi celular o me exige mi contraseña es porque quiere cuidarme, o que si es muy posesivo es porque me ama demasiado.
Esta última es la creencia más arraigada del amor romántico y la más peligrosa, ya que muchos hombres asumen que su pareja es de su propiedad, y por lo tanto, o está conmigo o no está con nadie.
No olvidemos que hace no mucho, los feminicidios eran clasificados como crímenes pasionales. Eran muertes que no se veían ni contaban, se justificaba al asesino con “la mató por celos”, “la mató porque no quiso ser su novia”, “la mató porque se quería separar”...
El “amor” romántico legitima que el amor duele, que el amor soporta golpes, palabras hirientes, infidelidades, porque recordemos, el amor puede con todo.
El asunto es que con esa idea errónea y, diría retorcida, de lo que supuestamente es el amor, construimos nuestras relaciones, no sólo de pareja, sino también familiares, de amistad. En todas ellas, vamos con la bandera de que hay que soportar un poco más cada día, que “no siempre es así”, que “mi amor lo va a cambiar”...
No nos ponemos a pensar que quizá no es amor lo que nos une, sino la codependencia emocional y/o económica, que tenemos miedo al qué dirán, a la soledad, así que, ahora que se acerca el 14 de febrero y que muchas parejas suelen celebrarlo con fastuosos regalos, habría que parar un momento y preguntarnos: ¿qué tipo de amor tenemos? ¿En nuestra relación se promueve la igualdad, la individualidad, la comunicación, la lealtad, la honestidad?, ¿me muestro realmente como soy o finjo?, ¿mi pareja me admira, me impulsa a ser mejor profesionista y/o persona?, ¿hay respeto, cuidado?
Merecemos relaciones sanas, donde no nos dé miedo ser como somos, donde no nos asfixiemos o sintamos que “ya no nos queda de otra”, porque sí es posible que resignifiquemos el amor desde otro lugar, uno donde haya acuerdos, donde se tenga claro que el amor no debe doler, golpear, abusar, prohibir, lastimar o matar.
