Fue una pelea salvaje entre dos futuros miembros del Salón de la Fama. La conocida agresividad de Frank Robinson, al barrerse, desató la furia del antesalista de los Bravos, Eddie Mathews, quien, como respuesta, conectó poderosos golpes y mandó a su rival a la lona. El jugador de los Rojos terminó con el rostro desfigurado, sangraba por la nariz y tenía un dedo lastimado, pero su orgullo intacto.
Para el segundo juego de aquella doble cartelera, celebrada el 15 de agosto de 1960, un adolorido Robinson reapareció en el diamante con el ojo derecho semi cerrado. Eso no le impidió dar un jonrón, un doblete y realizar un lance espectacular para robarle un extrabase a Mathews.
La entrega en los diamantes y las extraordinarias estadísticas que ponía lo convirtieron en un ídolo en Cincinnati, equipo al que llevó a una Serie Mundial. Sorprendentemente, luego de una década exitosa, el dueño decidió enviarlo a Orioles, en uno de los peores cambios de la historia.
En su primera campaña con Baltimore, en 1966, ganó la triple corona de bateo, llevó al equipo al Clásico de Otoño, y con un jonrón les dio el título con una victoria de 1-0 sobre Dodgers. Fue el Jugador Más Valioso de la temporada y de la Serie Mundial. En 1970, tuvo un juego memorable frente a los Senadores de Washington al pegar dos cuadrangulares con las bases llenas en swings consecutivos, uno en el quinto inning y otro en el sexto. Su demostración estuvo salpicada por tintes heroicos, ya que un día antes en Boston tuvo un juego de 14 entradas, en el que robó un cuadrangular, atrapada que le costó una fisura en una costilla.
Frank Robinson lo ganó todo a lo largo de su carrera. Fue Novato del Año y el primer pelotero en la historia en ser MVP en ambas ligas. También fue el Más Valioso de una Serie Mundial y de un Juego de Estrellas. El Guante de Oro está entre sus blasones al igual que dos anillos de campeón.
El momento que consideró como el más grande en el beisbol lo vivió el 8 de abril de 1975 al debutar como mánager-jugador de los Indios de Cleveland. En su primer turno al bat se voló la barda para colaborar en la victoria sobre los Yankees. El triunfo no sólo se reflejaba en la pizarra, ese día, ante más de 50 mil aficionados jubilosos en el estadio Municipal, se convertía en el primer manejador de raza negra en las Grandes Ligas. Uno de los momentos más emotivos en la historia.
Dirigió hasta los 70 años y superó las mil victorias. Por cierto, también obtuvo el premio de Mánager del Año en 1989 al frente de los Orioles.
Con 586 jonrones está entre los 10 mejores de la historia, es el pelotero con más variedad de premios individuales y nunca se dejó intimidar, ni por los 198 pelotazos que recibió. Fue un competidor feroz y un líder, cuya grandeza no sólo se midió con su ingreso a Cooperstwown. Trascendió al juego al abrir una puerta histórica para las minorías.
