Para entender el Segundo Informe de Gobierno hay que empezar por recordar qué México recibió Claudia Sheinbaum el 1 de octubre de 2024. Un país que llevaba casi 20 años en guerra: entre 2006 y 2018 el homicidio doloso pasó de 28 a 100 casos diarios, un crecimiento acumulado de 251%. La inseguridad dejó de ser un tema de la agenda para convertirse en el eje que lo devoraba todo: los presupuestos, las elecciones, la conversación pública, la relación con EU y, sobre todo, la vida cotidiana de millones de familias. Seis administraciones intentaron respuestas distintas, de la guerra frontal a los abrazos, y ninguna pudo mostrar de manera sostenida lo único que importa: la curva bajando.
Contra ese fondo hay que leer los datos del corte al 31 de julio de 2026. El promedio diario de homicidios dolosos bajó de 86.9 en septiembre de 2024 a 42.5: una reducción de 51% en 22 meses, con julio como el mes de menor promedio para un julio desde 2015 y el acumulado enero-julio como el más bajo desde 2016. Son 44 homicidios menos cada día. Los delitos de alto impacto cayeron 33% y 30 entidades van a la baja, con Guanajuato reduciendo 76% su promedio, Guerrero 61% y el Edomex 59%. El método detrás tiene cuatro ejes y responsables con nombre: coordinación, atención a las causas, fortalecimiento de la Guardia Nacional, inteligencia e investigación, bajo el mando civil del secretario Omar García Harfuch; con la Defensa, del general Ricardo Trevilla; la Marina, del almirante Raymundo Pedro Morales; un Centro Nacional de Inteligencia fortalecido y el Secretariado de Marcela Figueroa publicando las series que cualquiera puede auditar.
El siguiente reto ya está definido y conviene nombrarlo desde ahora: cerrar la brecha entre incidencia y percepción. La violencia que permanece es visible y brutal, la extorsión no cede al ritmo del homicidio, la búsqueda de personas desaparecidas sigue siendo la deuda mayor del Estado, y el miedo, que es memoria acumulada de dos décadas, tarda más en disolverse que cualquier estadística en mejorar. Por eso la segunda mitad del sexenio exige una doble tarea: continuar la reducción de la incidencia delictiva y lograr, ahora sí, que la percepción de seguridad empiece a moverse, con presencia visible donde la gente siente miedo y con constancia en los resultados. Los datos ya están de su lado; falta que la experiencia diaria los confirme.
¿Y por qué esto es el principal logro de los dos años, por encima de cualquier otro? Primero, porque es el problema que ningún gobierno del ciclo democrático pudo revertir, y esta administración lo está revirtiendo con método. Segundo, porque habilita todo lo demás: sin seguridad no hay inversión que aterrice ni Plan México que camine ni defensa creíble de la soberanía. Y tercero, porque es el logro que se mide en la unidad más democrática que existe: vidas. Los informes suelen presumir obras, programas y cifras económicas, y éste tendrá las suyas. Pero cuando se escriba la historia de estos dos años, el dato que los definirá es el más simple de todos: en México hoy matan a la mitad de las personas que mataban cuando ella tomó posesión. Todo lo demás se construye encima de eso.
