Hay pleitos en el medio artístico que duran más que algunos matrimonios, más que carreras completas y, en ocasiones, más que la paciencia del público. Uno de ellos es el de Lucía Méndez y Yuri. Una historia que comenzó hace más de 15 años y que, con el paso del tiempo, ha ido creciendo entre declaraciones, desmentidos, versiones encontradas y silencios que, muchas veces, dicen más que cualquier entrevista.
Hace unos días, Lucía Méndez estuvo como invitada en El minuto que cambió mi destino sin censura y habló como acostumbra hacerlo cuando siente confianza: sin rodeos. Ahí recordó que el conflicto no solamente había sido con Yuri, sino también con Rodrigo Espinoza, esposo de la cantante veracruzana.
Lucía aseguró que uno de los momentos más dolorosos ocurrió durante el velorio de su madre. Según su versión, ahí recibió insultos por parte de Rodrigo y eso terminó por romper cualquier posibilidad de reconciliación. Cuando una diferencia llega a mezclarse con un momento tan íntimo y tan doloroso como despedir a una madre, las heridas suelen quedarse abiertas durante muchos años.
Lo interesante vino después. Ahora que Yuri presentó su nuevo espectáculo, inevitablemente la prensa le preguntó sobre aquellas declaraciones. Y, para sorpresa de muchos, la cantante respondió con serenidad. Dijo que, si era necesario ofrecer una disculpa a Lucía Méndez, estaba dispuesta a hacerlo.
No solamente eso. Reconoció que ambas ya pertenecen a una etapa distinta de la vida. Incluso comentó, entre risas, que ya son mujeres de la tercera edad, aunque no lo parezcan. Y agregó algo que me llamó mucho la atención: ya no quiere seguir peleando.
Eso sí, fue muy clara al señalar que una cosa es pedir disculpas y otra muy distinta volver a ser amigas. Esa amistad, por lo visto, quedó enterrada hace muchos años. Y tiene razón. No todas las reconciliaciones obligan a volver a convivir. Hay ocasiones en que basta con cerrar una herida para seguir adelante.
En un medio donde los egos suelen pesar toneladas, escuchar a alguien decir “si tengo que disculparme, lo hago”, me parece un paso importante. Ojalá Lucía también tenga disposición. Porque, al final, ninguna de las dos necesita demostrar quién ganó una pelea de 15 años. Las dos ya son figuras históricas de la música mexicana. Las dos tienen carreras exitosas. Las dos tienen un público que las sigue queriendo.
Y sería mucho más agradable verlas darse un abrazo que seguir respondiéndose a través de los micrófonos. La vida pasa muy rápido. Y las enemistades eternas solamente desgastan a quienes las viven.
LA SOBERBIA SIEMPRE TERMINA COBRANDO FACTURA
Hay personas que confunden el éxito con la impunidad. Piensan que por salir en televisión, protagonizar telenovelas o tener millones de seguidores pueden hacer lo que quieran sin enfrentar las consecuencias.
Gravísimo error. Ahí está el caso de la actriz cubana Livia Brito. Todo comenzó hace seis años en una playa de Cancún. El fotógrafo Ernesto Zepeda intentó tomar unas imágenes de la actriz y de quien entonces era su pareja sentimental. La situación terminó de la peor manera posible. Golpes. Empujones. Equipo fotográfico destruido. Y una batalla legal larguísima.
Durante años escuchamos declaraciones de todos los involucrados. Hubo demandas. Apelaciones. Recursos. Entrevistas. Y, finalmente, la justicia resolvió. Livia Brito tuvo que pagar alrededor de un millón 200 mil pesos como indemnización a Ernesto Zepeda.
Parecía que ahí terminaba todo. Pero no. Ahora la historia volvió a complicarse. La
actriz enfrenta una denuncia penal por el delito de falsedad de declaraciones. Intentó obtener un amparo. Una jueza federal se lo negó. Y ya fue vinculada a proceso. Es decir, el asunto continúa.
Habrá que esperar a ver qué determinan finalmente las autoridades, pero el panorama no luce sencillo. Lo he dicho muchas veces. La soberbia nunca ha sido buena consejera. Cuando una figura pública cree que puede imponerse únicamente porque tiene fama, dinero o poder mediático, normalmente termina encontrándose con una realidad muy distinta en los tribunales.
La justicia puede tardar. Muchísimo. Pero cuando llega, suele hacerlo con documentos, sentencias y resoluciones que ya no dependen de conferencias de prensa ni de redes sociales. Ojalá todos aprendieran esa lección.
LAS SENTENCIAS NO SE NEGOCIAN
Hay algo que verdaderamente me sorprende. Laura Bozzo sigue insistiendo en que ella no le debe dinero a Gabriel Soto. Perdón. No funciona así. No se trata de lo que uno quiera creer. No se trata de una opinión. Se trata de una sentencia judicial.
Durante años, el conflicto entre Laura Bozzo y la entonces pareja formada por Gabriel Soto e Irina Baeva ocupó titulares. Hubo declaraciones durísimas. Acusaciones. Descalificaciones. Y, finalmente, los tribunales resolvieron.
La conductora perdió el juicio por daño moral. La autoridad determinó que debía indemnizar tanto a Gabriel Soto como a Irina Baeva. No existe margen para interpretar otra cosa. Sin embargo, Laura continúa diciendo que no piensa pagarle a Gabriel porque, según ella, no le debe nada.
Con todo respeto. No es Laura quien decide. No es Gabriel quien decide. No es Irina quien decide. Lo decidió un juez. Y las resoluciones judiciales no se cumplen únicamente cuando nos gustan. Se cumplen porque para eso existe un Estado de derecho. Resulta todavía más curioso escuchar esas declaraciones de alguien que constantemente presume ser abogada y doctora en derecho.
Precisamente por esa preparación debería conocer perfectamente el significado de una sentencia firme. Nadie puede escoger qué parte de una resolución judicial acata y cuál no. Eso simplemente no existe. Habrá mecanismos legales. Recursos. Procedimientos. Pero mientras la resolución esté vigente, debe cumplirse. Así de sencillo.
ALEJANDRA ÁVALOS ABRE EL CORAZÓN
Este próximo sábado, a las ocho de la noche, tengo el enorme gusto de presentar una nueva emisión de El minuto que cambió mi destino sin censura.
La invitada es una mujer inteligente, talentosa y extraordinariamente frontal. Alejandra Ávalos. Pocas artistas tienen la capacidad de hablar de su vida con tanta honestidad. Sin victimizarse. Sin exagerar. Simplemente contando lo que vivieron.
Y vaya que su historia tiene episodios muy fuertes. Uno de ellos fue el final de su matrimonio con Fernando Ciangherotti. Alejandra recuerda perfectamente el momento en que entendió que aquella relación había terminado.
Fernando salió de viaje. Ella decidió llamarle de madrugada. Como cualquier esposa preocupada. Esperando escuchar la voz de su marido. Pero quien respondió el teléfono fue otra mujer. Nada menos que Lourdes Munguía.
Imagínense el impacto. No hizo falta preguntar demasiado. No hizo falta discutir. No hizo falta investigar. En ese instante comprendió que su matrimonio había llegado a su final. Escuchar esa historia narrada por la propia Alejandra resulta verdaderamente impactante.
Pero no es el único tema. Hablamos de su carrera. De sus amores. De sus decepciones. De la competencia dentro del espectáculo. De la fama. Y de muchas situaciones que pocas veces había contado con tanta claridad. Ése es precisamente el objetivo de este programa. Que el invitado pueda hablar sin prisas.
Sin escándalos fabricados. Sin gritos. Simplemente contando la historia de su vida. Estoy seguro de que disfrutarán muchísimo esta conversación. Porque Alejandra Ávalos demuestra que todavía existen artistas que entienden que una buena entrevista no necesita escándalos inventados, sino sinceridad.
Los espero este sábado, a las ocho de la noche, por Imagen Televisión. Estoy convencido de que será una charla que dará mucho de qué hablar. Porque cuando una persona decide abrir verdaderamente su corazón, siempre termina regalándonos una gran historia. Y eso, precisamente, es lo que hace diferente a El minuto que cambió mi destino sin censura.
