La noche de los ídolos y la esperanza de un país

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

Última Palabra

Esta noche Guadalajara volverá a demostrar por qué es una de las capitales musicales más importantes del mundo. En la glorieta de La Minerva se llevará a cabo la que ha sido anunciada como la serenata más grande del planeta, encabezada por Alejandro Fernández, un artista que desde hace muchos años dejó de ser sólo el heredero de una leyenda para convertirse él mismo en una figura histórica de la música mexicana.

No es casualidad que el llamado Potrillo sea quien convoque a este acontecimiento. Alejandro se encuentra en uno de los mejores momentos de su carrera. Tiene prestigio, convocatoria, credibilidad artística y, sobre todo, el cariño de varias generaciones que crecieron escuchándolo cantar.

Para esta celebración decidió invitar a algunos de los artistas más populares del momento. Ahí estarán Julión Álvarez, el auténtico rey de la taquilla en México; Alfredito Olivas, consentidos del regional mexicano; y también dos personas muy especiales para él: sus hijos Alex y Camila Fernández.

La expectativa es enorme.

Hace apenas unos días la agrupación Maná reunió a decenas de miles de personas en Guadalajara. Se habla de alrededor de 70 mil asistentes. Ahora la meta es superar esa cifra y convertir esta serenata en un acontecimiento histórico. Y sinceramente creo que lo pueden lograr.

Porque Alejandro Fernández no sólo está convocando a los habitantes de Guadalajara, sino a todo un país que sigue viendo en él una referencia artística, un símbolo de continuidad de una dinastía musical que marcó para siempre la historia de México.

UNA DECISIÓN QUE APLAUDO

Hay algo que me llamó particularmente la atención. La presencia de Alex y Camila Fernández. Y debo decirlo claramente. Me parece una decisión correcta, elegante y profundamente significativa. Sobre todo después de lo que ocurrió recientemente con el disco homenaje a don Vicente Fernández.

Sé que habrá quienes no estén de acuerdo conmigo, pero yo sí considero que fue una falta de sensibilidad dejar fuera a Camila Fernández de un proyecto dedicado precisamente a honrar la memoria de su abuelo. Camila no es una improvisada, no es una cantante que apareció de la noche a la mañana. Es una integrante directa de la familia Fernández. Es nieta de Vicente Fernández. Ha trabajado durante años para construir una carrera propia. Y tiene talento de sobra para haber formado parte de cualquier homenaje relacionado con la dinastía.

Por eso nunca entendí por qué sí hubo espacio para otras figuras y no para ella. Mucho menos comprendí cómo se tomó esa decisión cuando hablamos de un proyecto familiar. La música puede ser negocio, industria, estrategia comercial, pero cuando se trata de homenajear a un patriarca como Vicente Fernández también debería existir un componente emocional. Y ahí es donde, desde mi punto de vista, las cosas no cuadraron.

Muchos seguidores de la familia se hicieron exactamente la misma pregunta: ¿Por qué no Camila?, ¿por qué no Alex?, ¿por qué sí otras figuras ajenas al núcleo familiar? Cada quien tendrá su respuesta, pero la realidad es que la ausencia fue evidente. Y la inconformidad también.

Por eso me parece importante que Alejandro Fernández envíe un mensaje distinto. Que sus hijos estén esta noche junto a él representa una forma de reconocerlos públicamente. De decirles que forman parte de la historia. De recordar que la sangre Fernández sigue ahí. Que la tradición continúa. Y que el legado de Vicente Fernández no pertenece a una sola persona, sino a toda una familia.

EL FUTBOL QUE NOS DEVUELVE LA ILUSIÓN

Mientras Guadalajara se prepara para una noche histórica, en la CDMX ocurre algo igualmente importante. Algo que quizá no se puede medir en boletos vendidos ni en reproducciones digitales ni en números de audiencia. Estoy hablando de la ilusión colectiva que ha despertado la Selección Mexicana.

Ayer, víspera del enfrentamiento contra Chequia en el Estadio Azteca, pude percibir algo que tenía años sin sentir. Entusiasmo, esperanza, orgullo. Y eso no es poca cosa.

Vivimos tiempos complejos. Basta con encender la televisión, con revisar las redes sociales, con abrir un periódico.

Los mexicanos convivimos diariamente con noticias relacionadas con inseguridad, violencia, desapariciones, crisis económicas, desempleo, conflictos políticos, polarización social y un sinfín de problemas que parecen no tener solución inmediata. Todos los días conocemos historias de madres buscadoras. Todos los días escuchamos cifras alarmantes. Todos los días encontramos motivos para preocuparnos.

Por eso resulta tan importante aquello que hace el deporte cuando funciona como punto de encuentro nacional. Porque durante unos minutos desaparecen las diferencias.

Durante unas horas dejamos de discutir. Durante un partido nos convertimos simplemente en mexicanos. Y eso tiene un valor enorme.

Quizá algunos consideren exagerado darle tanta importancia al futbol. Yo no. Porque entiendo perfectamente el papel emocional que juega en millones de personas.

Cuando la Selección gana, gana algo más que tres puntos. Gana la posibilidad de que un niño vuelva a creer, de que una familia sonría, de que un país encuentre una razón para sentirse unido. No estoy diciendo que el futbol resuelva nuestros problemas, pero sí puede regalarnos algo que a veces escasea: esperanza. Y en estos tiempos vale muchísimo.

NECESITÁBAMOS UNA ALEGRÍA

Durante muchos años hemos sido muy duros con nuestra Selección. Y muchas veces con razón. Las decepciones han sido constantes. Los fracasos también. Las promesas incumplidas forman parte de la historia reciente del futbol mexicano, sin embargo, cuando el balón empieza a rodar en un Mundial sucede algo extraordinario. Volvemos a creer, aunque juramos que no volveríamos a hacerlo. Ahí estamos otra vez, son la camiseta puesta. Con el corazón acelerado, con la esperanza intacta. Y honestamente me parece maravilloso. Porque significa que todavía somos capaces de soñar. Y un país que pierde la capacidad de soñar es uno que corre el riesgo de resignarse. México no puede hacerlo, necesita creer.

MONTERREY TENDRÁ SU PROPIA FIESTA

Y mientras Guadalajara canta y la CDMX vibra con el futbol, Monterrey vivirá esta noche otro momento importante. Grupo Firme se presentará en el Fan Fest mundialista. Estamos hablando de una de las agrupaciones más exitosas de los últimos años. Una banda que logró romper barreras generacionales, que conquistó México y Estados Unidos. Y que transformó la forma de entender los espectáculos masivos dentro del regional mexicano.Lo que sucederá en Monterrey seguramente quedará registrado como uno de los grandes eventos paralelos a este Mundial.

Porque cuando Grupo Firme sale al escenario no estamos hablando solamente de música, sino de un fenómeno social, de una conexión emocional con miles de personas, de una fiesta colectiva. Y eso es justamente lo que necesita el país en este momento. Momentos para celebrar, para compartir y para recordar que también existen razones para sonreír.

LOS MIEDOS DE DANIEL BISOGNO

Y hablando de emociones profundas, quiero aprovechar este espacio para invitarlos a mi programa de entrevistas. Este sábado a las ocho de la noche, a través de Imagen Televisión, presentaré una conversación que considero especial. El invitado será Alex Bisogno. Hermano menor de Daniel Bisogno. Lo que escucharán no es una entrevista convencional. No es una charla superficial ni un intercambio de declaraciones prefabricadas.Es una conversación desde el corazón, sobre los miedos, las angustias. Sobre las preocupaciones que acompañaron a Daniel durante distintos momentos de su vida.

Porque detrás del conductor polémico. Detrás del personaje irreverente, de la figura pública que todos conocimos, existía un ser humano. Un hombre con inseguridades. Con dudas y temores. Alex habla de esos episodios con una honestidad que pocas veces he visto frente a una cámara. Habla del miedo por la salud, por el trabajo, por el futuro... por la vida misma.

Y créanme cuando les digo que escuchar esas reflexiones permite entender muchas cosas. Permite conocer una faceta distinta, acercarse al ser humano, comprender lo que ocurría detrás de los reflectores. No quiero adelantar demasiado. Prefiero que ustedes mismos descubran cada una de las revelaciones. Pero sí puedo asegurarles algo. Es una entrevista que no dejará indiferente a nadie.

CUANDO MÉXICO CANTA Y SUEÑA

Al final, cuando observo todo lo que está ocurriendo en estas horas, encuentro un denominador común. México está cantando, está soñando, está celebrando.

Guadalajara se prepara para cantar con Alejandro Fernández. Monterrey se prepara para bailar con Grupo Firme. La CDMX se prepara para apoyar a la Selección Nacional. Y millones de personas buscan una razón para creer que los próximos días pueden ser mejores. Ojalá que así sea. Ojalá que la música siga uniendo, que el deporte siga inspirando, que los artistas sigan convocando multitudes. Y ojalá que nunca perdamos la capacidad de emocionarnos.

Porque mientras exista una canción capaz de unir a miles de personas. Mientras exista una Selección capaz de despertar ilusiones. Mientras exista una historia humana capaz de conmovernos. México seguirá teniendo motivos para levantarse cada mañana y mirar hacia adelante. Y eso, en los tiempos que vivimos, ya es una enorme victoria.