Que se investigue, sin privilegios

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

Última palabra

Está muy complicada la situación de Vadhir “N”, hijo de Eugenio Derbez y hermano de José Eduardo. Los señalamientos por presunta violencia sexual exigen seriedad, investigación y respuestas. Aquí no estamos frente a una discusión sobre quién canta mejor o quién tiene más seguidores. Estamos hablando de acusaciones graves, de una denunciante que merece ser escuchada y de un señalado cuya responsabilidad tendrá que determinar la justicia.

Quiero separar las cosas porque se están mezclando versiones. Circula un señalamiento sobre una supuesta agresión en un crucero, pero no tengo elementos suficientes para presentar sus detalles como hechos acreditados ni para asegurar que corresponda a la investigación informada por la autoridad. Repetir una versión muchas veces no la convierte en verdad. En un asunto de esta naturaleza, una fecha equivocada o dos expedientes confundidos pueden hacer mucho daño.

Lo que sí informó la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México es que mantiene una investigación por hechos presuntamente ocurridos en abril de este año, en Coyoacán. También reportó siete gestiones de citación en seis domicilios, sin conseguir la notificación. Ese dato exige explicaciones. La autoridad debe cumplir con su trabajo y la defensa debe responder por las vías correspondientes. Los comunicados públicos no sustituyen las diligencias.

Conozco a Vadhir desde hace muchos años, prácticamente desde que nació. Pero esa cercanía no me permite saber qué ocurrió en una situación que no presencié, mucho menos resolver un expediente que desconozco. Mi relación con una familia no puede estar por encima de mi obligación como periodista. Si se acredita una responsabilidad, que enfrente las consecuencias que correspondan.

También hay que consignar su postura: Vadhir ha rechazado las acusaciones y su defensa ha sostenido que cuenta con elementos para respaldarlo. Sus abogados, además, han denunciado una presunta extorsión, versión que la representación de la denunciante rechaza. Ambas afirmaciones deben examinarse con pruebas. No basta con llamar extorsión a una denuncia para desacreditarla, como tampoco basta una acusación para dictar una sentencia desde un micrófono.

Para mí, lo fundamental es que haya justicia, protección para quien denuncia y una investigación que llegue al fondo. Escuchar a una mujer que señala una agresión implica tomarla en serio, evitar el escarnio y exigir que se investigue. Respetar la presunción de inocencia también es indispensable. Las dos obligaciones pueden cumplirse. No tenemos por qué escoger entre abandonar a una denunciante y condenar anticipadamente a un acusado.

Palazuelos, en otro momento

Y en un terreno distinto, esta noche, a las ocho, los espero en Imagen Televisión con El minuto que cambió mi destino, sin censura. Mi invitado es Roberto Palazuelos, el famoso Diamante Negro. Es la tercera ocasión en que conversamos para este programa y les adelanto algo: van a encontrarse con una entrevista diferente a las anteriores, por el momento personal de Roberto.

Lo vi más espiritual, centrado, alivianado y maduro. Sigue siendo simpático, pero esta vez encontré una disposición distinta para hablar. Eso me gusta de volver a entrevistar a alguien después de un tiempo: descubrir cómo cambia su manera de mirar la vida. Una persona puede sentarse tres veces frente al mismo entrevistador y tener tres historias diferentes que contar.

Abordamos asuntos que no habíamos tocado en nuestras conversaciones anteriores. Porque tampoco se trata de invitar a alguien para repetir las mismas anécdotas y conseguir las mismas respuestas. Mi intención es que ustedes conozcan algo más del hombre que hay detrás del personaje. La cita es hoy, a las ocho de la noche, por Imagen Televisión.

Dos vidas que se cruzan

También me llaman la atención las bioseries de Verónica Castro y Angélica Rivera. Son dos trayectorias que despiertan curiosidad por sí solas, pero tienen un punto de encuentro familiar imposible de ignorar: Angélica estuvo casada con José Alberto Castro, hermano de Verónica. Por eso me interesa ver cómo se contará esa etapa desde cada historia y qué lugar ocuparán los personajes que ambas tienen en común.

Hasta donde conozco su relación, entre Verónica y Angélica hay distancia. No son dos figuras que uno identifique por presumir cercanía. Ahora bien, habrá que ver qué deciden contar las producciones y cómo lo cuentan. No hemos visto esas escenas y sería adelantarnos asegurar que habrá ataques o ajustes de cuentas. Lo interesante será descubrir si abordan los episodios incómodos con la misma disposición que los grandes éxitos.

Una bioserie pierde fuerza cuando todos los tropiezos son culpa de los demás y su protagonista siempre sale impecable. El público quiere entender a la persona, con decisiones, contradicciones y consecuencias. Aquí habrá mucho que comparar. Vamos a ver qué cuentan, qué callan y quién termina más raspada.

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