Es la pregunta que se han formulado los economistas en México durante al menos cuatro décadas. Se argumenta que el crecimiento potencial es mayor y simplemente no hemos podido volverlo realidad. Voy a contrastar las condiciones de alto crecimiento con nuestra situación.
Los datos de desempeño de la economía de México son mixtos. Hay algunos positivos como el desempeño del sector externo y otros no tanto como el problema de Pemex. El resultado es que la economía de nuestro país mantiene la estabilidad macroeconómica, pero crece poco.
Dicho de otra manera, el desempeño es aceptable. No malo, pero tampoco bueno.
Cuando uno compara el comportamiento de la economía de México respecto de otros países nos encontramos cerca de la mediana. Es decir, vamos bien; mas no estamos en el grupo de países con el mejor desempeño.
En un contexto de un grupo de alumnos universitarios, México sería de los que no reprueba, va pasando las materias, pero sin resultados sobresalientes.
Para entender el fenómeno de crecimiento económico hay que estudiar historia y entender el comportamiento reciente de algunas economías.
Menciono tres puntos sobre la historia del progreso económico. Primero, los países con mayor crecimiento no se mantienen en ese lugar indefinidamente. Hay condiciones que favorecen el alto crecimiento que luego desaparecen. Un ejemplo es Japón después de la Segunda Guerra Mundial.
Segundo, hay países que tuvieron procesos de innovación importantes con tecnologías de propósito general cuya su adopción generalizada llevó a un alto crecimiento. Con el tiempo, la ventaja se va diluyendo. Un ejemplo es Inglaterra con la Revolución Industrial.
Tercero, los procesos de adopción se facilitan con ciertos arreglos institucionales como buenos derechos de propiedad, incluida la intelectual, y otros más cualitativos relacionados con la estructura de la economía.
Un ejemplo de esto último es que tiene que existir un balance entre procesos descentralizados y otros centralizados.
La descentralización favorece la innovación, ya que las personas experimentan cosas nuevas sin un control central. Es un entorno en que la gente puede investigar, romper con lo que ya se hace y avanzar sin requerir aprobaciones.
Una vez que las tecnologías arrancan se requieren de mecanismos centralizados para que la adopción sea en una dirección. Sin embargo, la centralización excesiva frena la innovación y la economía.
El alto crecimiento en economías no basadas en materia primas hoy lo observamos en Taiwán, Corea, Singapur e India. Dos de los países están ligados a la innovación tecnológica, ya que producen un bien que hoy es escaso y muy preciado que son los microprocesadores de alta gama.
Otro es una economía moderna en la que se hace innovación e India con una visión de posicionarse donde tienen ventajas competitivas para ganar mercados sin estar tan ligados a la innovación.
En los cuatro casos se puede argumentar que hay un balance entre cómo la actividad económica fluye de acuerdo con cómo se identifican necesidades y oportunidades y lo que el gobierno define.
Contrario a lo anterior, México se ha movido hacia un modelo más centralizado en el que el gobierno está tomando muchas definiciones sobre el rumbo de la economía, los proyectos y las regiones.
Para lograr un mayor crecimiento, además de lo que tanto se argumenta de dar mayor certeza a la inversión, un factor complementario que puede ayudar es dejar que la economía fluya más centralizando menos.
