En medio de la vorágine futbolera actual (reconozco ser un fan…cada cuatro años) me puse a escribir y leer sobre varios temas de mi profesión y me encontré en un artículo un adagio que me parece importante analizar, sobre todo en relación con los emprendedores(as) y las empresas de su propiedad.
El adagio dice así: “Las grandes mentes analizan ideas, las mentes promedio discuten eventos, y las mentes pequeñas sólo hablan de personas (rivales, enemigos, chismes etcétera)”.
Vamos a trasladar este adagio al campo que nos ocupa, que son los del espíritu emprendedor y la creación y desarrollo sano de las empresas.
El reducido campo de las personas visionarias es fascinante: gente aun sin estudios, pero inquieta, está buscando cómo salir adelante en su vida productiva, mediante conceptos diferentes, ideas noveles y, sobre todo, con el gran esfuerzo de lograr crear oportunidades de un proyecto rentable. Su escenario es el largo plazo porque no está inventando sólo por jugar con su mente. Él (ella) sabe que las ideas por sí mismas no generan nada si no se vuelven oportunidades que, a su vez, se convierten en empresas productivas y en crecimiento. Obviamente, hay gente brillante en las artes, la cultura y a los científicos-inventores los necesitamos cada vez más en este agitado mundo, pero me refiero a emprendedores que, como su definición lo indica, toman riesgos calculados y crean las estructuras necesarias para generar un proyecto productivo y hacerlo crecer.
He conocido a muy pocos seres con esas características y el mundo los necesita urgentemente, ya que las tecnologías actuales, como la inteligencia artificial, la robotización y otros grandes inventos también provocan inseguridad laboral, desempleo en ciertas áreas y menos oportunidades para todos, en especial a los jóvenes que empiezan su carrera y a los adultos mayores aún productivos. Repito, hay muy pocos, pero el ser humano sigue creciendo, innovando y hay que promover la creatividad y el emprendimiento.
Los del segundo tipo somos una mayoría de la población activa, que estamos viviendo una serie de eventos internos (familia, empleo y nivel de vida) que nos absorben la mayor parte de nuestro tiempo y recursos, tanto físicos como materiales, que no se pueden evitar. El tiempo y los recursos son, además de la salud razonable, los elementos con los que debemos lidiar permanentemente, dejando poco espacio a la recreación, educación y a pensar nuevas ideas. La vida moderna es muy complicada, pero aquellos que tienen el tiempo libre tampoco lo utilizan a plenitud.
Finalmente, tenemos a los seres con la mente chiquita que, en vez de hacer algo que les genere satisfacción o mejore su baja autoestima, se dedican a ver fallas en la gente, hacer del chisme su vocación y, en general, a contribuir con muy poco a la dinámica familiar y a su entorno. Desgraciadamente existen profesionales en el chisme y, con la proliferación de las maravillosas tecnologías actuales (y las por venir), inundan las redes sociales con mensajes falsos, malignos y, a veces son patrocinados por instituciones políticas o de otro tipo para difundir fake news.
Hay que aclarar que todos los seres pensantes tenemos las tres características en mayor o menor grado, aunque los que generan y ponen en marcha ideas que se vuelvan oportunidades son una ínfima minoría. Las demás categorías somos nosotros y nadie es ajeno al chisme y la “tenebra”, pero ojalá se reduzcan y los que la sigan haciendo reflexionen… y emprendan algo creativo.
