No jodamos

Los creyentes y los descreídos; los fanáticos y los agnósticos; los que celebran el nacimiento de Jesús, el Cristo, o el solsticio de invierno o las Saturnales romanas; los que tienen alguna otra creencia o siguen otra tradición; los consumistas y grinchs, no sólo ...

Los creyentes y los descreídos; los fanáticos y los agnósticos; los que celebran el nacimiento de Jesús, el Cristo, o el solsticio de invierno o las Saturnales romanas; los que tienen alguna otra creencia o siguen otra tradición; los consumistas y grinchs, no sólo ellos —hay que reconocer que en este mundo matraca hay algunos que no se encuadran en ninguna de las categorías anteriores, porque así es—  suponen que estas fechas son diferentes cada año, que hay una especie de tregua, que los seres humanos entramos en una época de paz y, por ende, de felicidad.

Por supuesto que nuestros problemas no se resuelven, vamos, ni siquiera se olvidan. Mañana seguirán siendo los mismos. No hay duda de ello. Simplemente por unos días suponemos que somos felices o al menos que estamos de recreo... por alguna de las razones o las sinrazones arriba mencionadas o por otras.

Así que ya lo sabe: el mundo en que vivimos no es perfecto ni mucho menos. Al contrario, es una porquería, como ya lo describió el gran Enrique Santos Discépolo en su inmortal tango Cambalache (vigente desde 1934 cuando fue estrenado y que si usted no ha escuchado todavía deje la lectura de esta columna y de inmediato vaya a buscarlo en YouTube y disfrútelo). En sólo dos palabras: una porquería, y el escribidor supone que no es necesaria una lista de calamidades actuales que lo demuestren. No lo cree; revise los periódicos de la semana, sólo los de esta semana: Alepo, San Miguel Totolapan, la autopista México-Toluca, los bonos navideños de los legisladores mexicanos y agregue usted lo que quiera, a su gusto.

Éste es el mundo que nosotros, sí, todos nosotros, construimos. Nos guste o no, así es. Eso sí, decimos, creemos, nos quejamos de que la responsabilidad es de los demás. Los demás son unos irresponsables, corruptos, ladrones, inútiles, inmorales, marrulleros, ignorantes, explotadores, aprovechados, violadores de la ley, violentos, mafiosos, dictadores, tiranos… todo.

El mayor problema es que nosotros mismos somos los demás de los demás.

Por supuesto, no nos gusta que nos lo digan y mucho menos aceptamos ser los demás que creen, hacen y dicen lo que desprecian los otros demás. ¡Faltaba más! Nosotros que somos tan perfectos. Así, no totalmente, pero sí tan perfectos que nunca tenemos la culpa de nada.

Y también, sin duda, todos —unos más que otros, pero en fin todos— somos responsables de lo bueno que hemos construido en este mundo.

Por eso nos sentimos con derecho a celebrar o, por lo menos, a desatendernos un poco de los problemas que también todos cargamos. Así, creyente o no, agnóstico o militante de alguna fe, consumista o grinch, aproveche estos tiempos y dese un respiro; reciba y dé abrazos, que buena falta hacen; llame a la familia o a los amigos, diviértase, que son días de fiesta, alucine como los niños. Y si su entusiasmo no da para tanto, bueno, lea, escuche su música preferida, ésa que tiene por ahí perdida en su viejo disco o en un casete, o descanse, que andan diciendo que el próximo año el soplo de los vientos será contrario.

Sólo una solicitud: no le joda la vida a nadie ni hoy ni mañana, mucho menos al amigo. Todos los implicados y, sobre todo, los que ahora ya sufren se lo agradecerán y usted se sentirá mejor. En serio.

Así que, a todos, ¡felices fiestas!

CAMBIO DE VÍAS.- Como usted ya comprendió, todo lo anterior tenía otro motivo oculto: decirle que La Estación cerrará sus puertas por Navidad y Año Nuevo, nada más para dejar de joder... a los demás. Su escribidor espera regresar el primer domingo de enero y contar, así se decía antes de la corrección política, con su preferencia.

Temas: