Los otros resultados
La burda farsa que se presenta como el más grande proceso electoral de la historia, sólo tiene cabida en un modelo antidemocrático como el que ahora prevalece.

Gabriel Reyes Orona
México sin maquillaje
Claramente no lo hace de buena fe. El discurso que el caudillo ha venido estructurando desde hace semanas en contra del INE, forma parte de una estrategia, bien planeada y pensada, para anular la acción de la autoridad electoral y acomodar las fichas en el tablero nacional a conveniencia del partido oficial.
Desde el mes de marzo, viendo como la torpeza con la que se ha venido manejando Morena ha ocasionado un desencanto en la población que otrora le apoyaba, el incorruptible, investido en la supremacía moral que él se otorga a sí mismo, ha dejado claro que la última instancia, en cuanto a resultados electorales se refiere, es el pueblo, o sea, él mismo.
Al margen de la Constitución; de la legalidad, y de la más elemental lógica, el Ejecutivo federal se arrogó la calidad de custodio del proceso electoral, impartiendo justicia sumaria, sí, acusando y sentenciando candidatos de oposición, al tiempo de defender a los suyos. Sin recato alguno, ha ensuciado todo el proceso. Ha devuelto al país a tiempos del Maximato.
Lincha en su pantalla mágica a quienes aventajan a sus entenados, y distrae la atención de los abultados expedientes criminales que han formado algunos de sus más cercanos allegados.
Con o sin candidato, sea este inocente o criminal, los números que arrojan las encuestas son inmutables y casi siempre a favor de las morenas hordas. Sí, es ya claro que las posiciones fueron compradas, y que a la gente poco le importa quién ocupará los puestos, siendo lo relevante —para muchos— que el gobierno preserve el pacto de impunidad con el sector informal; con el crimen organizado, así como con los principales capos, quienes, poco a poco, van saliendo de prisión. Éstos encontraron en la alianza con el tabasqueño el triunfo que las armas jamás les daría.
Las remesas dan cabal cuenta del airoso crecimiento que el narcotráfico ha tenido durante la pandemia, llegando a ser el principal ingreso del país, con lo que las “aportaciones al movimiento” seguirán asegurando el control de las principales plazas. En tanto, el gobierno de los Estados Unidos continúa guardando silencio, dado que ese dinero, aunque sucio, asegura que aquí, en su vecino país, el hambre no lance la gente a la calle.
La burda farsa que se presenta como el más grande proceso electoral de la historia sólo tiene cabida en un modelo antidemocrático como el que ahora prevalece en México. Sólo es grande en inequidad, en parcialidad gubernamental y en grotesca persecución del contrario.
La más férrea contienda se da entre autoridades, teniendo como objetivo central la descalificación del árbitro. Paulatinamente, se ha construido un escenario en el que el paladín de la justicia electoral, desde Palacio Nacional, reconocerá y desconocerá resultados, particularmente, enfocándose en aquellos casos que no le permitan mantener sometida la Cámara de Diputados.
Es ya hilarante el ver cómo evoca aMadero, pero se enfunda enDíaz Mori. Ya no mata en caliente, sino que congela financieramente. Toda la maquinación que se disfrazó de movimiento ha hecho realidad la aspiración porfiriana, a fin de cuentas, terminó en un quítate tú, para ponerme yo.
Se ha desmarcado del poder económico formal, para abrazar apasionadamente el irresistible poder financiero del México turbio, ése, que no le escatimó nada y le entregó la silla con una sola condición, mantener a las fuerzas del orden lejos del más rentable y oscuro tráfico. El tinglado ha quedado bien cubierto, tras una cortina de humo en la que crucifica, sin derecho al debido proceso, a sus históricos rivales.