Sintonía política
El arte de la política es sintonizar con la gente, con sus ideas, sus demandas, sus expectativas, con sus críticas, pero, sobre todo, con sus sentimientos. Es un asunto de sensibilidad e inteligencia emocional.

Francisco Guerrero Aguirre
Punto de equilibrio
La palabra sintonía se refiere a la armonización o coincidencia de una idea con otra. En política, es el matrimonio entre las percepciones de quien demanda soluciones y quien proclama que puede resolver los problemas planteados.
El arte de la política es justamente eso: sintonizar con la gente, con sus ideas, con sus demandas, con sus expectativas, con sus críticas, pero, sobre todo, con sus sentimientos. Es un asunto de sensibilidad e inteligencia emocional.
La política se jugaba de forma vertical, el político era el emisario del mensaje y el ciudadano hacía únicamente el papel de receptor. La interacción era mínima, sometida a las reglas del patronazgo y las clientelas.
Obligado por la presión que se amplifica a través de las redes sociales, el “nuevo político” intenta un juego horizontal y circular.
Los dos, político y ciudadano, juegan de emisarios y receptores al mismo tiempo y el quid está en saber registrar sus emociones, buscando simpatía y concordancia.
La comunicación política se ha modificado radicalmente. Lo que se busca es hacer “click” con los electores. “Te digo lo que quieres escuchar”, aunque muchas veces las soluciones sean huecas o irrealizables.
Antoni Gutiérrez-Rubí señala: “el malestar y la pulsión al castigo; el miedo y la reacción ultraconservadora; la ira y la demanda de venganza… son algunas de las nuevas emociones que los ciudadanos expresan enlodados en el desánimo y la desesperanza que los cambios acelerados provocan en sus vidas”.
Las emociones construyen los sueños y magnifican las pesadillas. Estamos en un momento altamente voluble e incierto. La búsqueda está dirigida a entender emociones profundas, desentrañar miedos, atender sensibilidades.
Es justamente en este panorama, descrito por González-Rubí, que el “nuevo político” juega su rol, un escenario emocional complejo, en donde existen sociedades polarizadas irritadas por la desigualdad y la corrupción.
La lucha por conquistar el poder, acentuada por las redes, ha deshumanizado a la gente, generando escenarios de odio en donde el ejercicio de la política se ha convertido en una “trituradora de carne” que destruye prestigios y aplasta famas públicas.
Como lo he señalado con anterioridad, el uso de las redes sociales ha potenciado la libertad de expresión, transformándose en un gran “igualador social” que democratiza el discurso, pero que también distorsiona la realidad a través de las noticias falsas y la desinformación dirigida.
Lo anterior es un arma de doble filo. Por un lado, la gente se atreve a decir cosas por las redes que no diría nunca en una conversación cara a cara. Por el otro lado, se construyen “edificios de falsedades” virtualmente imposibles de verificar. Todos estos elementos aumentan el grado de participación democrática, en la medida que los ciudadanos accedan a estas nuevas herramientas con propósitos lícitos y socialmente útiles.
La sintonía política entre ciudadanos y gobernantes tiene nuevos mecanismos de enlace que se han multiplicado gracias a las redes. Sin embargo, los partidos políticos, vehículos históricos de representación, han perdido centralidad, subordinándose a personajes vistosos o polémicos, que han encontrado una nueva manera de “sintonizarse” con los electores.
BALANCE
La democracia necesita rehabilitar su representación política no sólo con el combate contra la corrupción, sino también con la adecuación de los partidos a las nuevas formas de comunicarse de los ciudadanos, validando la libertad de expresión y siendo capaces de representarlas.
Decodificar lo que siente la mayoría, sintonizando el mensaje adecuado, es el gran reto de los políticos de hoy. Es urgente encontrar el “dial” correcto de comunicación para desentrañar lo que es importante para los ciudadanos de “carne y hueso”.
Lo más relevante será que ese mensaje se trasforme en políticas públicas exitosas que mejoren la calidad de vida de las presentes generaciones sin afectar el futuro de las próximas. Ése el gran desafío.
*Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA