Pluralismo
La oposición y el gobierno se necesitan mutuamente. La legitimidad y validez de un sistema democrático requiere la existencia de uno o más partidos políticos de oposición que, además de pugnar por el acceso al poder a través de procesos electorales, discuta y debata las decisiones de política pública que afectan a la ciudadanía.

Francisco Guerrero Aguirre
Punto de equilibrio
Los elementos fundamentales de la democracia están incluidos en la Carta Democrática Interamericana, suscrita por los Estados miembros de la OEA. El respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales, la celebración de elecciones periódicas, libres y justas; la garantía de un régimen plural de partidos y organizaciones políticas y la separación e independencia de los poderes públicos son condiciones indispensables para que florezca la democracia.
Una democracia vigorosa alienta la participación ciudadana, con la permanencia de contrapesos constitucionales al gobierno electo democráticamente. La democracia pluralista se construye en una relación funcional entre oposición y gobierno. La alternancia política es una garantía de que la permanencia o cambio depende del voto de la gente.
Según el Diccionario de ciencia política, de Andrés Serra, “la oposición implica el ejercicio de una actitud crítica, por parte de partidos políticos o individuos frente a la actuación del gobierno, lo cual es clave, pues permite afirmar el derecho al disenso político, que es central para la democracia”.
Aunque los consensos son imprescindibles en el buen ejercicio de gobierno, el disenso es esencial para garantizar una democracia inclusiva. Tal como plantea Norberto Bobbio, en las democracias modernas el pluralismo debe “posicionar al disenso como algo posible, lícito y necesario”.
Si bien la institucionalización y consolidación de los roles de la oposición se han hecho más frecuentes en las últimas décadas, el reconocimiento de la oposición y de su derecho de crítica, control y equilibrio no es ninguna novedad. En el marco de la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill organizó un gobierno de unidad nacional al que se integraron miembros del Partido Conservador que habían mantenido posiciones disimiles en el pasado; también incluyó a sus opositores: el Partido Laborista y el Liberal, en un contexto de emergencia internacional.
La oposición y el gobierno se necesitan mutuamente. La legitimidad y validez de un sistema democrático requiere la existencia de uno o más partidos políticos de oposición que, además de pugnar por el acceso al poder a través de procesos electorales, discuta y debata las decisiones de política pública que afectan a la ciudadanía.
La oposición hace parte de la democracia, no va en contra de ella. En medio de la profunda crisis suscitada por la pandemia, el diálogo constructivo entre los gobiernos de turno y las organizaciones políticas en oposición es fundamental para articular políticas urgentes de manera consensuada e inclusiva.
La salud del sistema democrático requiere de un ejercicio permanente de crítica, debate y diálogo entre el gobierno en turno y la oposición parlamentaria. Una oposición política organizada, institucionalizada y activa representa la fórmula más idónea para, como lo señala Carl J. Friedrich, coincidir en los métodos por los que se producirán los cambios políticos y sociales.
BALANCE
El pluralismo forma parte de la agenda multilateral. Debemos asegurar espacios para que todas las ideas políticas se expresen de manera libre. Desde que Luis Almagro llegó a la Secretaría General de la OEA, en 2015, se inauguró una nueva época de apertura y diálogo, garantizando que todas las voces sean escuchadas.
La consolidación de la democracia pasa por fomentar una diversidad de actores políticos que enriquezcan la representación en la sociedad. Una buena oposición beneficia el control y la fiscalización de la gestión pública, haciéndola efectiva y transparente. La diversidad y el pluralismo son cruciales para la gobernabilidad democrática.