Lenguaje inclusivo: primer paso a la igualdad
La inclusión debe ser vista desde la interseccionalidad y la transversalidad.Es urgente sacudirse de estereotipos y prejuicios que se han hecho convencionalesy naturales a través del idioma.

Francisco Guerrero Aguirre
Punto de equilibrio
La semana anterior escribía sobre el poder del lenguaje y la importancia de promover un debate plural y constructivo para fortalecer las instituciones democráticas y garantizar la gobernabilidad. En esa dirección, la inclusión del lenguaje es una herramienta fundamental para lograr una comunicación exitosa que alcance a todos los sectores y grupos de la sociedad.
La pandemia ha desnudado la desigualdad atávica que padecemos en el continente. Es urgente reducir el abismo que nos separa. Utilizar un lenguaje inclusivo, que visibilice nuestra diversidad, es el primer paso rumbo a la anhelada igualdad.
Comunicar teniendo en cuenta la perspectiva de género, de equidad y desde los derechos humanos es, como lo señala Alejandra Mora Mora, secretaria ejecutiva de la Comisión Interamericana de Mujeres de la OEA (CIM), la hoja de ruta para romper paradigmas excluyentes y estigmatizantes que se han incorporado en el lenguaje como “naturales”. Es una manera efectiva de contribuir a la humanización y democratización de la región.
La inclusión debe ser vista desde la interseccionalidad y la transversalidad. Es urgente sacudirse de estereotipos y prejuicios que se han hecho convencionales y naturales a través del idioma. Por ello, la Secretaría General de la OEA ha elaborado, con el liderazgo de la CIM, la Consejería Estratégica y el Departamento de Comunicación, una guía de comunicación inclusiva con el objetivo de poner en práctica “criterios y acciones discursivas y comunicacionales igualitarias y no discriminatorias en el trabajo diario”.
Si bien al hablar de lenguaje inclusivo usualmente se piensa en la perspectiva de género, éste no es el único abordaje que debe considerarse. La inclusividad del lenguaje va más allá, es necesario pensar y tener en cuenta a otros colectivos: personas con discapacidad, personas migrantes, personas indígenas y afrodescendientes, niñez, adolescencia y personas mayores.
La relevancia del lenguaje inclusivo recae en la oportunidad de visibilizar la diversidad de la sociedad, en todo el sentido de la palabra, y en apartarse de cualquier tipo de discriminación. El lenguaje incluyente es el que no oculta, no subordina, no excluye a ninguno de los géneros y considera, respeta y hace visible a todas las personas. La inclusión reconoce y respeta el género de las personas, las diferencias culturales y también las similitudes y sus interseccionalidades.
La Guía de Comunicación Inclusiva para la Secretaría General de la OEA va más allá del uso de las palabras; además de hacer recomendaciones sobre expresiones alternativas más incluyentes y no discriminatorias, también considera otros elementos igualmente importantes para avanzar en la igualdad. Imágenes, formas de acceder a la información, proposición de ejemplos, voces, entre otros recursos, ofrecen la posibilidad de crear una comunicación de la que todas las personas hagan parte y sean representadas.
balance
El lenguaje, en todas sus expresiones, es la herramienta fundamental para garantizar procesos políticos democráticos y equitativos. El lenguaje no sólo se construye por quienes lo usamos, sino que, además, es el reflejo más claro y evidente de nuestra percepción sobre lo que nos rodea y lo que vivimos cotidianamente.
Utilizar un lenguaje alejado de estereotipos y formas discriminatorias es una tarea prioritaria en el mundo polarizado de hoy. En la búsqueda por encontrar un lenguaje inclusivo que logre involucrar a todos los actores de la sociedad y reconozca los principios de igualdad y equidad, es indispensable la deconstrucción del idioma hacia un instrumento mucho más amplio y flexible.
Con el lenguaje inclusivo se colabora en la toma de conciencia para acortar las distancias que aún persisten en la tarea de alcanzar la igualdad a partir del reconocimiento y aceptación de la diversidad inherente de la naturaleza humana. Cuando se comunica teniendo en cuenta a las personas tradicionalmente excluidas o más vulnerables, se comunica para todas las personas por igual. De eso se trata la democracia.