La vacuna contra el coronavirus: patrimonio universal

Es crucial implementar estrategias inclusivas de largo plazo que garanticenla distribución global de la vacuna, así como la vacunación para todas las personas independientemente de su nacionalidad o capacidad económica.

Francisco Guerrero Aguirre

Francisco Guerrero Aguirre

Punto de equilibrio

De manera progresiva, la pandemia sigue su paso implacable. 728 mil muertos en los cinco continentes. A la irreparable pérdida de vidas se suman efectos desastrosos para la economía global y la pauperización de millones de personas atrapadas en el confinamiento y la virtual paralización del aparato productivo.

En este escenario de emergencia económica y sanitaria, los especialistas coinciden en que la ruta para la normalización de lo que conocimos como la “vida diaria” pasa, irremediablemente, por la producción de una vacuna efectiva para atacar al virus e impedir su propagación.

Existen razones para un optimismo moderado. Los recientes avances de varias investigaciones para desarrollar una vacuna contra el covid-19 son noticias alentadoras hacia el control de la pandemia. En el actual contexto, el desarrollo de una vacuna segura y eficaz constituye una herramienta clave para relajar las medidas de confinamiento y distanciamiento físico y poder garantizar la recuperación económica y social tan anhelada.

Científicos alrededor del mundo están trabajando en el desarrollo de más de 165 potenciales vacunas, de las cuales 28 ya están siendo probadas en humanos. 135 están en ensayos preclínicos; 18 se encuentran en fase 1 para evaluar su seguridad a pequeña escala; 12 están en fase II, durante la cual se expanden los ensayos de seguridad; seis se encuentran en fase III para realizar ensayos más amplios y evaluar la eficacia de la vacuna; y una ha sido aprobada para uso limitado.

A pesar de los significativos avances en tiempo récord, aún es temprano para demostrar si las vacunas en las fases más avanzadas podrían evitar que las personas se enfermen o presenten síntomas menores. Los expertos en temas de vacunación y virología coinciden en estimar que aun si las pruebas actuales son exitosas, la fecha de utilización masiva de la vacuna en la población en general sigue siendo indeterminada.

Si bien existen pronósticos positivos sobre el resultado de los estudios que se encuentran en fase III, el reto será poder fabricar la vacuna a gran escala y distribuirla para todo el mundo. La vacuna que demuestre ser más efectiva debería ser, por definición, un patrimonio universal. Para lograrlo, es fundamental el compromiso político de los países y una eficiente cooperación internacional conducida por los organismos multilaterales especializados.

Es crucial implementar estrategias inclusivas de largo plazo que garanticen la distribución global de la vacuna, así como la vacunación para todas las personas independientemente de su nacionalidad o capacidad económica.

En nuestro continente, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha destacado la importancia de que los países latinoamericanos y caribeños participen en los ensayos clínicos para desarrollar la vacuna. Así mismo, ha reiterado la necesidad de garantizar el acceso equitativo a vacunas o medicamentos efectivos una vez estén disponibles.

América Latina cuenta con un mecanismo compartido para la compra y entrega de vacunas. Desde la OPS se está coordinando la compra de una posible vacuna y su distribución subsidiada a precios accesibles, incluso para los países más vulnerables y con menos recursos. Se busca un mecanismo interamericano que garantice acceso solidario, abierto, no discriminatorio, equitativo e inclusivo.

 

 balance

La recuperación económica mundial será más rápida y eficaz si la vacuna contra el covid-19 es concebida como un patrimonio global, propio de la raza humana. Como ha reiterado, con razón, Tedros Adhanom, director general de la Organización Mundial de la Salud, la vacuna debe estar disponible para todos como un bien público.

Según los expertos, es probable que la epidemia termine convirtiéndose en un virus endémico con el cual debamos convivir por generaciones enteras. En ese horizonte, garantizar que la vacuna contra el coronavirus sea un patrimonio universal es un propósito digno para la sobrevivencia de nuestra especie. Es un deber moral y un imperativo democrático.

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