Democracia: valores básicos
Concentrarnos en los conceptos básicos de la democracia, tales como la certeza, la confianza, la transparencia y la aceptación cívica de los resultados, sigue siendo un desafío permanente

Francisco Guerrero Aguirre
Punto de equilibrio
Con mucho trabajo y algunos tropiezos, la democracia se ha ido arraigando en América Latina. Con notables excepciones, como Venezuela y Nicaragua, el resto del continente comparte la convicción de que es a través de elecciones como debe repartirse el poder, por medio de comicios organizados por órganos electorales independientes y autónomos.
La vigencia de la democracia, los derechos y libertades de la ciudadanía y sus medios de garantías; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto; el régimen plural de partidos; y la separación e independencia de los poderes públicos, constituyen valores básicos que nos guían todos los días.
El mecanismo operativo para materializar los objetivos de la Carta Democrática Interamericana reside en la capacidad logística y política de los organismos electorales y las cortes especializadas en la materia. La autonomía e independencia se traduce siempre en transparencia, credibilidad y confianza.
El éxito de los procesos electorales no es una responsabilidad exclusiva de las autoridades electorales. Se requiere de la colaboración de todos los actores sociales en un enfoque integral que favorezca el diálogo, la tolerancia y la preservación de los valores democráticos por encima de los intereses particulares.
Contar con procesos electorales confiables es un requisito indispensable para la paz social y la gobernabilidad democrática. La legitimidad de los gobiernos sólo puede surgir de elecciones justas y transparentes. Cuando existen dudas sobre la limpieza de los comicios, el ejercicio público de los futuros triunfadores se complica, generando daños irreparables a la eficacia en sus funciones.
Entender lo anterior es crucial. Quienes participan de los procesos electorales deben cumplir su función de forma activa, propositiva y, sobre todo, democrática. Todos somos responsables: candidatos, observadores, representantes de organizaciones políticas, fiscales, auditores y, por supuesto, los ciudadanos.
En la misma dirección, un aspecto fundamental en todo proceso electoral es la aceptabilidad de la derrota. La actitud de los perdedores es tan importante como la necesaria humildad de los triunfadores. La actitud democrática de ambos contribuye y marca la diferencia para garantizar la transición pacífica del poder.
Como lo ha señalado con razón la Comisión Global sobre Elecciones, Democracia y Seguridad, en relación a la Integridad Electoral, “la competencia electoral es un juego en el que ‘el ganador se lleva todo’, donde los ganadores obtienen amplios beneficios políticos y económicos y los perdedores encaran la amenaza de la violencia y de ser perseguidos. Para que haya integridad en las elecciones, aquellos deben evitar esta situación de ‘el ganador se lleva todo’ y, en su lugar, crear un sistema político en el que, incluso los perdedores, tengan incentivos para participar”.
De igual manera, la Fundación Kofi Annan en su publicación sobre: Confianza en Elecciones y Aceptación de Resultados, señala: “las elecciones, en su mayoría, producen resultados que ameritan aceptación aún con la presencia de imperfecciones de diferente grado. Se requiere que los contendientes y sus partidarios tengan confianza o ‘esperanza razonable’ en que ‘un resultado justo’ pueda alcanzarse”.
BALANCE
El desencanto por la democracia se ha viralizado como consecuencia natural del crecimiento de las redes sociales. Concentrarnos en los conceptos básicos de la democracia, tales como la certeza, la confianza, la transparencia y la aceptación cívica de los resultados sigue siendo un desafío permanente.
Recordar todos los días los valores básicos de la democracia es tan importante como el proceso de modernización tecnológica que acompaña a todos los procesos técnicos dentro de una elección. Honrar la confianza de los electores es tan relevante como acelerar la entrega de resultados en tiempos récord. Hacer concurrente la modernización técnica con la defensa de los valores democráticos siempre será un reto presente.