El mensaje de la DEA, el maltrato a Ruffo y la “petulancia” de la selección argentina

Dice Terry Cole, director de la DEA, que la sentencia a cadena perpetua dictada ayer a El Mayo Zambada es un mensaje a los cárteles de la droga y a cada líder terrorista extranjero.

Añade que, sin importar cuán poderoso sea o cuánto tiempo evada la justicia ese narcoterrorista, “la DEA no dejará de perseguirle”.

En ese mensaje va implícito también un aviso a los políticos que pactan con el narco y ofrecen protección e impunidad al crimen organizado a cambio de financiamiento de campañas y jugosos sobornos. Cole sabe de lo que habla. Vivió años en México como jefe regional de la DEA. Vio de cerca el Culiacanazo, los laboratorios clandestinos, las narcorrutas protegidas y la impunidad descarada.

Sabe que los mismos que firman convenios bilaterales son los que avisan a los cárteles, los que liberan a capos o los que cobran su tajada. 

Ésa es la podrida realidad que muchos en el gobierno mexicano se niegan a reconocer. 

* La presidenta Sheinbaum se molesta cuando el gobierno de EU reclama la extradición de los narcopolíticos, como Rocha Moya, el senador Inzunza, el exalcalde de Culiacán Juan de Dios Gámez y otros siete funcionarios de Sinaloa implicados en pactos con Los Chapitos.

Mientras, el pueblo vive amedrentado por escenas como los diez colgados en Zacatecas, la violencia que sigue nutriendo el número de “víctimas colaterales”, los desaparecidos, las narcofosas, el miedo.   

La respuesta del gobierno ha sido la de siempre: “Son declaraciones desafortunadas”, “que se ocupen de su lado”, “respeto a la soberanía”. 

Es pertinente aclarar que la soberanía no es un escudo para proteger a los traidores que venden al país al mejor postor. 

La verdadera soberanía sería desmantelar las redes de protección política al narco, extraditar a los capos que aún protegen, y meter a la cárcel a los funcionarios que les hacen el trabajo sucio.

* La sentencia a Ismael El Mayo Zambada es el epílogo de una era para el Cártel de Sinaloa.

Llamó la atención que el otrora poderoso capo no peleara su caso hasta el final. Se declaró culpable e hizo un llamado a reducir la violencia por convicción tardía o por cálculo.

Se sabe que mantuvo la línea de no delatar a otros. Es un final coherente con su estilo: bajo perfil, pragmático y sin traicionar abiertamente a los suyos. El daño ya está hecho y el cártel continúa, fragmentado y violento, pero la sentencia marca un golpe simbólico importante.

Algo tangible parece haber conseguido el capo al declararse culpable y aceptar la cadena perpetua: 

El juez Brian Cogan (el mismo del juicio de El Chapo) recomendará al Buró Federal de Prisiones (BOP) que lo coloque en una instalación donde reciba atención médica adecuada.

El Mayo tiene 76 años. Problemas de movilidad y posible deterioro cognitivo temprano, se dijo en la audiencia. 

* Al exgobernador panista de Baja California Ernesto Ruffo, acusado de delincuencia organizada y de huachicol fiscal, lo tratan como si fuera el delincuente más peligroso de México.

Ya se lo llevaron al penal de alta seguridad del Altiplano, otrora Almoloya, el mismo del que se escapó hace años El Chapo.

Particularmente humillante es la imagen viral que nos muestra cómo un fornido elemento de Seguridad Pública pone su enorme mano en la cabeza del exgobernador panista de BC, de 74 años, y la gira para indicarle dónde dirigirse.

Este trato humillante lo ilustra también el aparatoso operativo organizado por las autoridades desde su detención en Ensenada y su traslado a la CDMX, primero, y al penal del Altiplano, después.

¿Y Rocha Moya cuándo? ¿Y Marina del Pilar cuándo? Son preguntas que nos hacemos los mexicanos.

* Rudo el comentario publicado por The New York Times sobre la reacción de algunos jugadores de Argentina que no supieron perder ante España, en la final de la Copa del Mundo.

Adam Crafton, autor del artículo publicado en el famoso diario, titula así su texto: “Argentina se deshonró a sí misma y a la final de la Copa del Mundo con su petulancia sin encanto”.

El texto inicia así:

“Mientras los héroes españoles campeones del mundo se reunían en el podio, sus rivales, los argentinos, maltrechos y derrotados, les daban la espalda.

“Aquello —prosiguió— marcó la culminación de una actuación irritable, petulante, de mal gusto por parte de los ahora destronados campeones del mundo, que los dejó con un jugador menos en el campo durante los 30 minutos de tiempo extra, y que provocó peleas, propias de un bar, en el terreno de juego”.

¿Y usted qué opina?