Cuando un terremoto derrumba una casa, un huracán arrasa una comunidad o una guerra obliga a familias a abandonar sus hogares, lo urgente es responder: ¿cómo podemos ayudar? El Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, que se conmemora cada 19 de agosto, nos recuerda precisamente por qué esta pregunta es tan importante: detrás de cada tragedia hay una persona, una familia y una comunidad que necesitan protección, alimentos, agua, atención médica o la certeza de que no están solas.
La asistencia humanitaria es una expresión concreta de solidaridad. En este sentido, la Unión Europea (UE) y sus Estados miembros son, conjuntamente, el principal donante de ayuda humanitaria del mundo. Nuestra ayuda se guía por una regla fundamental: llegar a quienes más lo necesitan. Lo hacemos respetando los principios de humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia y el derecho internacional humanitario.
En un mundo donde las necesidades humanitarias alcanzan niveles sin precedentes, esta tarea es cada vez más urgente. Pero también más peligrosa. Los trabajadores humanitarios arriesgan su vida mientras ayudan a otros. Protegerlos y garantizar que puedan realizar su labor con seguridad es una obligación colectiva.
La solidaridad europea se hace visible todos los días. Este año, por ejemplo, la UE ha destinado 458 millones de euros para atender necesidades urgentes en Palestina, Siria, Líbano, Jordania y Egipto. Más allá de las cifras, estos recursos buscan algo muy concreto: que una familia pueda recibir alimentos, una persona herida tenga atención médica, un niño pueda continuar sus estudios o alguien que ha perdido su hogar encuentre un lugar seguro.
Esta solidaridad también se demuestra cuando ocurre una catástrofe natural. La semana pasada, un terremoto de gran magnitud azotó Colombia, recordándonos la importancia de actuar con rapidez. Tras la solicitud colombiana de asistencia, la UE está proporcionando 2.1 millones de euros en ayuda humanitaria para atender necesidades esenciales de salud, agua, saneamiento, alimentos, refugio y protección. Desde las primeras horas, Copernicus, el servicio satelital de la UE, fue activado para apoyar las operaciones de rescate y la evaluación de los daños. Es la solidaridad europea en acción: escuchar las necesidades sobre el terreno y poner nuestras capacidades al servicio de quienes enfrentan una emergencia.
Otro ejemplo reciente fue la respuesta europea tras los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio. Ocho Estados miembros de la UE movilizaron equipos de búsqueda y rescate, personal médico, telecomunicaciones y otros suministros a través del Mecanismo de Protección Civil de la UE. Más de 520 efectivos se movilizaron inicialmente y Copernicus también ayudó a evaluar los daños y orientar la respuesta.
Pero el compromiso europeo con Venezuela va más allá de esta emergencia. Venezuela es uno de los principales receptores de ayuda humanitaria europea en América Latina y este año la UE ha destinado hasta 52 millones de euros para atender las consecuencias humanitarias de la crisis socioeconómica que atraviesa el país.
La UE también ha acompañado a México ante incendios, huracanes e inundaciones. En esos casos, la activación de Copernicus ha sido útil para elaborar mapas satelitales que permiten evaluar daños y apoyar los esfuerzos de respuesta de México. En ocasiones, la asistencia también se ha traducido en apoyo financiero. Por ejemplo, en octubre de 2025, la UE destinó 700 mil euros para apoyar a unas 150 mil personas afectadas por las severas inundaciones y deslizamientos de tierra que se registraron en el centro y este del país. Esta ayuda contribuyó a garantizar el acceso a agua potable y saneamiento, atención sanitaria, asistencia en efectivo para familias que habían perdido sus medios de subsistencia y servicios educativos para niños y adolescentes afectados por el cierre de escuelas.
Cabe destacar que nuestra cooperación con México no empieza cuando ocurre una emergencia. La UE y México, a través de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), trabajamos también antes de que se produzca una crisis, construyendo capacidades para prevenir, prepararnos, responder y recuperarnos mejor.
En 2024, México se sumó al Memorándum de Entendimiento entre la UE y América Latina y el Caribe sobre gestión integral del riesgo de desastres, un marco para intercambiar experiencias y fortalecer la resiliencia. Nuestra cooperación con AMEXCID se traduce en algo concreto: compartir conocimientos y tecnología, capacitar instituciones y fortalecer sus capacidades para responder mejor ante futuras emergencias.
México cuenta con una enorme experiencia en protección civil y una sociedad solidaria. La UE tiene mucho que aportar, pero también mucho que aprender. Ésa es la esencia de la cooperación entre socios: compartir experiencias y sumar capacidades para proteger mejor a nuestras sociedades.
La asistencia humanitaria salva vidas, pero nuestra responsabilidad va más allá de reaccionar ante las crisis: debemos prevenirlas, reducir sus impactos y defender las normas que protegen a las personas. Y, sobre todo, debemos recordar que detrás de cada emergencia hay seres humanos cuya dignidad debe estar siempre en el centro de nuestra respuesta.
Hoy, en el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, quiero reconocer especialmente a quienes hacen posible que la solidaridad se convierta en ayuda concreta: organizaciones humanitarias, voluntarios, médicos, rescatistas y trabajadores humanitarios que, muchas veces poniendo en riesgo su propia vida, llegan hasta donde más se les necesita.
Frente a una tragedia, la solidaridad puede cruzar fronteras y la humanidad puede organizarse para responder. La UE seguirá estando presente cuando y donde más se necesite, trabajando de la mano con sus socios para responder a las emergencias, superar juntos la adversidad y construir un futuro más resiliente.
*Embajador de la Unión Europea en México
