Una cervecita para Donald Trump
Los teutones han disminuido de manera dramática el consumo de cerveza, situación extraña que a bote pronto parece una broma. No lo es.
El loco peligroso que mora en la Casa Blanca tiene con los pelos de punta a todo el mundo. Que si compra Groenlandia. Que si va a desterrar a los palestinos de Gaza, la cual celebró Benjamín Netanyahu, cohetero de las fiestas de Israel, a quien le pareció “una idea extraordinaria”. Que si los navíos estadunidenses deben pasar por el Canal de Panamá como Pedro por su casa. Que si los aranceles con sus vecinos Canadá y México y, ¿por qué no?, aplicar medidas similares a Europa. En esa disputa comercial, China ya alzó la guardia. El caso es que apenas va poco más de una quincena, pero propios y extraños ya tienen a Trump hasta para llevar.
¿Alguna otra “idea extraordinaria” que salga de esa lengua viperina? Varias, a diario. Faltan muchas en los meses por venir. Serán demasiadas dentro de cuatro años. Acaso miles de aquí a que este personaje se retire del pancracio global que decididamente montó. Trump, una anomalía en sí mismo, puso de cabeza el flujo habitual de las cosas, aunque el planeta gira con otros problemas y preocupaciones. Pongamos por caso el de la extrema derecha en Alemania, reanimada por Elon Musk. Además de la amenaza que supone el neonazismo incrustado en el poder, los teutones han disminuido de manera dramática el consumo de cerveza, situación extraña que a bote pronto parece una broma. No lo es.
La Asociación Alemana de Cerveceros (AAC) estima que las cifras finales de ventas de sus productos para 2024 serán más débiles que las del año previo, cuando el país germano registró el menor volumen de ventas de cerveza en décadas, según informa Deutsche Welle. Parafraseando un refrán mexicano, para cualquier mal, los alemanes destapan una cerveza; y para cualquier bien, también. En Alemania, los éxitos nunca se festejan con champaña o algún licor caro. Se festejan con cerveza. En cierta ocasión, tras algún gran triunfo de “Die Mannschaft”, la selección de futbol, periodistas pillaron a los jugadores con la tradicional bebida en las manos. El capitán, tranquilo, les reviró: “¿Y cómo querían que celebráramos, con leche?”.
Sigue DW: a falta de la consolidación de los datos finales, el año pasado en Alemania se vendieron algo más que ocho mil 400 millones de litros de cerveza. Ante esta situación, las aproximadamente mil 500 sus cervecerías hoy día ofrecen variedades sin alcohol para compensar la disminución de las ventas de cerveza tradicional. En 2023 estas empresas vendieron unos 670 millones de litros de cerveza sin alcohol y, a finales de 2024, la cerveza sin alcohol representaba 8.9% del mercado cervecero alemán, informó la (AAC). El mundo cambia, pero uno sigue esperanzado en los rayos del sol para poner a secar la ropa.
Se le atribuye a los egipcios la creación de la cerveza, hace unos seis mil años, cuando empezaron a destilar granos. Desde entonces, el resto de las culturas de todos los continentes ha hecho sus aportaciones a la humanidad. Gracias a su frescura y baja cantidad de alcohol, la cerveza es una excelente opción para disfrutar a cualquier hora del día o la noche, por encima de los refrescos, cuyos niveles de glucosa impactan en la salud.
En ese sentido, hace como un mes Elon Musk tuiteó (como se le dice aún) en X: “Tengo un problema con la bebida”, post que acompañó con un six de latas vacías de Diet Coke. Los problemas cardiovasculares obviamente afectan la salud mental.
Richard Nixon es un clásico de lo que no se debe hacer en la política. Borracho, ordenaba apretar los botones nucleares. Nadie ha deseado eso ni antes ni ahora, pero es evidente que los líderes del mundo requerirán de varias pausas al calor de unas bien heladas (o “bien muertas”, como se dice por aquí). Que los alemanes dejen la cerveza es el menor de los males cuando el principal asesor de Trump es tan franco en sus principios éticos como un endulzante artificial.
