A las cinco de la mañana, en Sao Paulo, la periodista Lourdes Hernández Fuentes estaba furiosa. No amaneció con ese estado de ánimo. Fue durante la desvelada que desayunó bilis. Y sin gota de alcohol, para acabarla. De súbito, el timbre del teléfono la desconcertó. Contuvo un poco el natural estado de alarma que produce cualquier llamada a esas horas, reservadas para las emergencias, aunque sí, era un caso urgente. Al otro lado de la línea el escritor brasileño Rubem Fonseca le contó que acababa de ver, como ella, la derrota de México ante Estados Unidos en los octavos de final del Mundial Corea-Japón 2002.
El resultado fue un golpe para el par de amigos. México se quedó sin quinto partido. Lo mismo ocurrió en Estados Unidos 1994, cuando el técnico Miguel Mejía Barón se guardó los cambios ante Bulgaria. Misma suerte en Francia 1998, pues los alemanes aprovecharon un par de errores en la marca del Tricolor. Y la historia sería similar en Alemania 2006 por un golazo del argentino Maxi Rodríguez. Sudáfrica 2010 supuso un impasse tras la eliminación contra la Albiceleste, de nueva cuenta.
En Rusia 2018 el equipo fue ambivalente, pero ante Brasil, México sumó la séptima eliminación al hilo en octavos de final. Como todo puede cambiar para peor, en Qatar 2022 el Tri se quedó en la fase de grupos.
Sin embargo, quizás la más agria de todas sea la eliminación de Brasil 2014 por el “¡No era penal!” de Rafa Márquez sobre el teatral neerlandés Arjen Robben. En aquel campeonato, a México le tocó la suerte de quedar en el mismo grupo que el equipo sede. Si enfrentar al anfitrión del Mundial supone una complejidad extra, ese año el de casa fue la verdeamarela, ni más ni menos.
La actuación de Guillermo Ochoa contra Brasil, en ese 2014, quedó grabada como una de las más memorables en los anales del futbol mexicano. El empate sin goles fue un tête-à-tête con una potencia del futbol, pero el guardameta mexicano se convirtió en el protagonista de ese encuentro. Brasil, con todo el peso de su localía, chocó una y otra vez contra la figura de Ochoa, agigantado bajo el marco del Tricolor.
“Bueno, enfrentar al equipo sede en un Mundial siempre es complejo. La sensación primero es de emoción, creo que es una sensación extraña”, me contestó Memo Ochoa en una breve entrevista inédita, efectuada en 2022. “No es incertidumbre, porque sabes que siempre la afición mexicana en los Mundiales es casi, casi local. También es especial porque sabes que los ojos del mundo están en ese partido”, indicó.
“Compartimos el mismo lindo partido, pero complicado, porque ya sabemos que Brasil siempre es candidato a campeón del mundo y jugando en casa sus opciones aumentaban, pero, bueno, nosotros teníamos que hacer nuestro partido”, expresó.
El momento que quedó como una pieza de museo fue un cabezazo de Neymar. La pelota viajaba con dirección de red, lista para desatar el grito de gol de todo el país sudamericano, pero en una fracción de segundo Memo voló y, con garras extendidas en los guantes, sacó el balón sobre la línea, una intervención que los conocedores no pudieron evitar compararla con la histórica atajada de Gordon Banks a Pelé, en México 1970.
Tras el juego, el técnico Luiz Felipe Scolari señaló: “No me gustó el portero de México”. Para Ochoa, “ese día cambió mi historia. Fue un antes y un después en mi carrera, el reconocimiento de Brasil por mi actuación. La gente en las calles buscándome para fotos, firmas de autógrafos por todos lados. Al día de hoy la gente en Brasil me recuerda con mucho cariño”.
Este “rescate editorial” de Guillermo Ochoa se debe a su homenaje al ingresar por unos minutos del partido entre México y Chequia, el miércoles pasado. Pero también tiene que ver con la posibilidad de que el Tri llegue al ansiado quinto partido, situación que se presentó en México 86. Por ahí (espero) debo tener el audio de Ochoa. No me vaya a pasar lo del reciente affaire de Monsiváis.
