En mayo pasado, Igor Chirikov, de la Universidad de California en Berkeley, publicó en la revista Science el considerado mayor estudio sobre el uso de la inteligencia artificial por parte de estudiantes universitarios. En el documento colaboraron también docentes de la Universidad Tecnológica de Sidney y la Universidad de Cornell. Así, más de 95 mil alumnos de 20 instituciones públicas de educación superior respondieron a preguntas sobre cómo utilizan la IA. También se les interrogó sobre si la usan para hacer trampa.
Chirikov es director del Consorcio de Experiencia Estudiantil en Universidades de Investigación (SERU), una asociación de colaboración académica y de investigación política con sede en el Centro de Estudios de Educación Superior de Berkeley, integrada por universidades que contribuyen a enriquecer la experiencia estudiantil mediante la generación y el análisis de datos comparativos.
A propósito de la investigación, el sitio web de la Universidad de California entrevistó a Chirikov (The largest study of AI use by undergrads is in, revealing disparities in access — and in cheating).
Por su importancia, a continuación destaco la siguiente respuesta: “Utilizar la IA en tu aprendizaje puede jugarte una mala pasada. Puedes entregar un trabajo impecable en clase e incluso obtener una buena calificación, pero no desarrollar la habilidad que la tarea pretendía fomentar. Algunos estudios experimentales demuestran que las personas aprenden mucho peor con IA y no desarrollan habilidades duraderas en comparación con el aprendizaje sin IA. Muchos estudiantes pueden estar mal informados sobre sus propias capacidades en ciertas áreas y, por lo tanto, pueden descuidar el desarrollo de algunas habilidades fundamentales”.
Está claro que el futuro está presente, pero, para Chirikov, “desconocemos el futuro de la IA en el ámbito laboral. En un mundo tan incierto, es importante que comprendas cómo la IA impacta en tu educación”.
En ese sentido, lanza la advertencia: “Animo a los estudiantes a que, al usar la IA, se detengan a reflexionar: ‘¿Podría explicar esto sin la herramienta? ¿Podría realizar una tarea similar por mi cuenta mañana? ¿La IA me ayudó a comprender mejor el material o, principalmente, a terminar más rápido?’. Estas sencillas preguntas pueden ayudar a los estudiantes a determinar si la IA está apoyando su aprendizaje o reemplazándolo. Pero es un reto. Me compadezco de los estudiantes”.
Sin embargo, no. La novedad no es hacer trampa para pasar un examen. Desde hace mucho existe una crisis de confianza en ciertas instituciones académicas. A finales de los años 80 del siglo pasado, por ejemplo, en los anuncios clasificados de empleo figuró una leyenda fulminante: “Si usted es egresado de la UNAM ni se presente”. Pasado el tiempo, advierto que bien pudo tratarse de una campaña de desprestigio. Como sea, el affaire del examen de admisión de la UNAM nos pone en una encrucijada respecto a los usos y abusos de la IA. Y la problemática apenas empieza para el rector Lomelí y compañía.
CAJA NEGRA
Randall Lane, editor de Forbes, fue despedido por aceptar 6 millones de dólares del dueño de una empresa que mantiene relaciones comerciales con la célebre revista desde 2016. La noticia la dio a conocer The New York Times. Lane pensó que el pago era un regalo a cambio del asesoramiento a la citada firma en estos años. En el periodismo hay fuentes que ofrecen trato de privilegio con viajes o atención exclusiva en lugares a los que ningún reportero pondría un pie por el riesgo que representaría dejar ahí la quincena completa. Pero de plano recibir una cantidad que en pesos mexicanos supera los 100 millones algo indica sobre los alcances éticos y los conflictos de interés en las redacciones. El caso es que en México una situación similar apenas provocaría unos cuantos tuits incordiosos de esos opinadores virtuales que viven indignados.
