Castigo para Trump, tarea para México

A Humberto Musacchio, el periodista que escribió sobre periodistas, insider del periodismo mexicano

Donald Trump pagó la factura. El martes, los demócratas tomaron ambas cámaras de Estados Unidos. Pero hay que esperar. El internacionalista Jorge Schiavon, en una mesa de análisis con académicos de la Universidad Iberoamericana el día después de las elecciones intermedias, puso el freno: “Más que un tsunami demócrata, lo que estamos viendo es un referéndum en contra del presidente Trump”. El presidente de la Unión Americana quiso influir en la voluntad popular con la promesa de cheques de 5 mil dólares. Los votantes le dieron la espalda.

La encuesta de salida de NBC redondea lo que se discutió durante meses: 75% calificó mal la economía, 63% dijo que la guerra contra Irán fue una decisión equivocada y 57% opinó que las acciones migratorias han ido demasiado lejos. Incluso el vicepresidente Vance atribuyó la derrota a economía, inflación y guerra. Omitió la migración. El doctor Schiavon, en cambio, la puso entre los motivos.

Ahí está el primer límite. Schiavon anticipó que, con los demócratas, “muy probablemente habrá una reducción, en particular para ICE” en el presupuesto. Es una hipótesis razonable, pero el Congreso saliente dio unos 240 mil millones de dólares a ICE y a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, suficientes, consignan medios estadunidenses, para sostener la deportación masiva el resto del mandato. No es una misión imposible, pero recuperar ese dinero será difícil. El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, de inmediato advirtió que las deportaciones continuarán.

Con los aranceles ocurre algo semejante. Los demócratas tienen al menos 54 escaños en el Senado, pero anular un veto exige dos tercios de los presentes en cada cámara. En ese sentido, los expertos esperan más investigaciones y audiencias, no tanto cambios, porque buena parte de la autoridad comercial está delegada en el Ejecutivo. La doctora Aribel Contreras, en la citada mesa de la Ibero, canceló cualquier ánimo celebratorio: “Es un día de festejo para los demócratas, pero eso no se traduce en festejo para los mexicanos”.

Lo que sí cambió es el mapa local. Los demócratas tendrán la mayoría de las gubernaturas por primera vez desde 2010 tras arrebatar Georgia, Iowa, Nevada, Ohio y Texas. Pero el nuevo Congreso arranca en enero de 2027, no hoy, recordó Contreras. El veto sigue con Trump.

La mesa coincidió con la incómoda perspectiva. La ventana existe. Falta que los vecinos la abran. “Tenemos muchos aliados, pero hemos dejado de trabajarlos”, advirtió Contreras. Schiavon fue más pragmático: “En política las prioridades se ven en el presupuesto”, y recordó la red consular de México en Estados Unidos. Solicitó también profesionalizar los nombramientos. El problema no es la red, sino cómo se usa. La diplomacia mexicana ciertamente ha protagonizado hechos bochornosos en los años recientes.

Al final del día, queda una hipótesis sin probar. El hecho de castigar a Trump lo anime a adoptar “una actitud más vengativa y coercitiva”, señaló Contreras. Washington recuperó un contrapeso institucional; México debe decidir si sólo lo mira o lo aprovecha.

Lo que resulta intrigante es la posibilidad de que el electorado de estas intermedias le haya comprado el discurso a Trump hace dos años. A decir de los enterados, así operan las democracias, pero merece la pena llamar la atención sobre ello. Los estudiosos del asunto van a estar ocupados. 

Como dirigente populista de nuestro tiempo, Trump prefiere ser temido a ser amado. En ese sentido, digamos que a México le corresponde algo menos vistoso y más difícil: trabajar, acaso echar toda la carne al asador en la relación bilateral. Sí, ya sé. Se dice fácil, pero dentro de dos años habrá una nueva elección en el vecino país del norte.