Al son que le toquen bailará la IA

Quizás la IA únicamente ayude o ayudará a los trabajadores a ser más rápidos en sus entregables.

Diversos libros y enciclopedias sobre el jazz ubican sus orígenes durante la transición de los siglos XIX y XX, puntualmente en Nueva Orleans. Entre las expresiones más socorridas que dieron con la tecla de ese género están las de las canciones en las iglesias cristianas, interpretadas con una poderosa carga emocional, coros armoniosos que, de manera espontánea, se escucharon paulatinamente en las jornadas de pisca. Acaso las primeras expresiones de liberación o escape para las futuras rebeliones.

Ya entrados los años 50, el nivel de improvisación con instrumentos de viento llegó a un grado de novedad que debía bautizarse. Así surgió el free jazz, título adoptado de un disco homónimo de Ornette Coleman, de 1961. La ruptura musical como experiencia estética. El free jazz surgió como una violenta marea que persiste de manera latente hasta nuestros días.

El punk, en cambio, nació del descontento y la negación. Se propuso destruir el rock comercial y el “académico”. Hizo de los instrumentos comunes (guitarra, bajo, batería y vocales) un arsenal de ruido extremo cargado de terror. La diseñadora de moda Vivienne Westwood configuró su imagen, con lo que colaboró decididamente a que Londres fuera el epicentro del punk, a mediados de los años 70. Sin embargo, hay uno que otro conocedor que ubica el punto de partida del punk una década atrás, pero en Perú. La banda limeña Los Saicos bien podría alzar ese estandarte. Basta escuchar su rola Demolición para advertir un ritmo adelantado a su tiempo.

Sirvan este par de notas musicales para desviarme y decir que estoy intrigado con los alcances de la inteligencia artificial. Del corrido tumbado al bolero al reguetón, hoy en día es posible solicitarle cualquier composición, generada en pocos segundos. Si bien los productos finales de todos los ejercicios que realicé decepcionan, es un hecho que estos mecanismos mejoran prácticamente a cada minuto. Según los expertos, se trabaja 24x7 en elevar la calidad de éstas y las demás posibilidades de la IA.

La inteligencia artificial reproduce estilos existentes y desarrolla fusiones a estas alturas consideradas inevitables. La anarquía híbrida como marca registrada. Frank Zappa decía que no tocaba rock, que más bien la audiencia que atiende ese género lo atrajo como un fragmento a su imán.

Lo que es un hecho es que los músicos tardan años en estudiar o en componer su material con el sueño de que la industria vea en ellos potencial. Ahora, la IA puede lanzar piezas para grabar un álbum en minutos, aunque el contenido pueda ser susceptible de mejoras. Pero es lo mismo: tarda uno más en prepararse un café que en que las nuevas versiones surjan, listas para dejarlas así o editarlas de nuevo.

En una entrega anterior me referí a que la humanidad está entrando en la era del “Text to Anything”. Esto es, a partir de simples instrucciones de texto se puede crear cualquier cosa: imágenes, música, videos y contenidos por medio de la inteligencia artificial (La era del Text to Anything, un juguete rabioso, 1/marzo/2025). En ese sentido, hay preocupaciones genuinas ante la amenaza de IA como reemplazo del recurso humano.

De momento, no hay evidencia que sugiera ese escenario. No quitará empleos. Mejor dicho, el que no sepa utilizarla, correría el riesgo de estancarse en su trabajo y perder oportunidades de prestar sus servicios de mejor manera. Quizás la IA únicamente ayude o ayudará a los trabajadores a ser más rápidos en sus entregables, además de minimizar las redundancias o las duplicidades, según leí en un reciente artículo de The Economist. Como en toda revolución tecnológica, el desafío no está en el uso o abuso de la herramienta, sino en las personas (o músicos) que la utilizan.

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