La reconquista de América
Llegó febrero y con él todas las presiones que ya había adelantado Donald Trump en campaña empiezan a cumplirse. Cosas inimaginables y que se creían superadas por años vuelven a tomar relevancia en esta nueva administración, no sólo contra nuestro país, sino ...
Llegó febrero y con él todas las presiones que ya había adelantado Donald Trump en campaña empiezan a cumplirse. Cosas inimaginables y que se creían superadas por años vuelven a tomar relevancia en esta nueva administración, no sólo contra nuestro país, sino también para el resto de Latinoamérica y, en especial, para la región centroamericana.
No en vano, Panamá, El Salvador, Costa Rica, Guatemala y República Dominicana fueron elegidos como parte del primer viaje internacional del secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, para confirmar el interés de recuperar y sumar aliados en la región dentro de la nueva estrategia geopolítica de Trump, en la que no hay medias tintas, China debe quedar fuera.
El país asiático ha intensificado su presencia en acuerdos de cooperación con más de 150 países a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, lanzada en 2013. En los países centroamericanos y de El Caribe no fue la excepción y numerosos proyectos de infraestructura que incluyen la construcción o mejora de carreteras, puertos, ferrocarriles, sistemas de tratamiento de aguas, oleoductos y demás han sido incluidos dentro del plan que China implementa por doquier estratégicamente.
Ante ello, la administración de Donald Trump decidió operar en el hemisferio y fue precisamente en el primer país de la zona que accedió a colaborar con los chinos, Panamá, en donde decidió contrarrestarlos.
El jaloneo con el país centroamericano sobre una posible recuperación del Canal de Panamá por los estadunidenses es cosa sería, tanto así que para seguir evitando la escalada de tensión sobre el tema, los panameños ya externaron que permitirán que expire su participación en la Iniciativa de la Franja y la Ruta; y, sobre todo, revisar la concesión de operación de las terminales portuarias en ambos extremos del canal por la empresa Hutchison Ports, con sede en Hong Kong, la cual recientemente había conseguido una extensión por 25 años sin licitación.
Pero el gobierno estadunidense intenta obtener algo todavía más generoso y ya lo hizo saber vía la reciente declaración de su Departamento de Estado que aseguró haber obtenido de Panamá la eliminación de tarifas para sus buques de guerra que transiten por la ruta, algo que las autoridades del canal rápidamente rechazaron que se haya concedido. Será cuestión de días para que se cumpla si o si este capricho.
En la suma de aliados con Estados Unidos, el gobierno salvadoreño de Nayib Bukele se unió sin chistar las estrategias planteadas por Rubio para contrarrestar la influencia del Partido Comunista Chino en la región y logró todavía más, un acuerdo para trasladar hacia El Salvador a criminales condenados desde Estados Unidos para recluirlos en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot). Así es, los americanos cuentan con otro tercer país seguro.
Guatemala fue otro de los países que recibió con los brazos abiertos a Marco Rubio, aunque el presidente socialdemócrata Bernardo Arévalo, no es nada afín ideológicamente con Trump, ha evitado las fricciones con él y hasta se ha mostrado colaborativo en temas de migración, aceptando varios vuelos militares con cientos de guatemaltecos deportados. Algo que complace todavía más a los americanos es que Guatemala reconoce a Taiwán como una isla independiente de China.
En Costa Rica, el secretario Rubio habló de “la política exterior americana que brinda apoyo y recompensa a nuestros amigos”, con lo que evidenció una vez más el llamamiento a sumar adeptos de la región a la estrategia estadunidense. Como prueba de esa amistad, concedió, por ejemplo, al gobierno de República Dominicana, su respaldo frente a las acciones migratorias que ese país lleva a cabo frente Haití y no le pidió que acepte inmigrantes haitianos en su territorio tras ser detenidos en Estados Unidos.
En tanto la tensión comercial y geopolítica entre Estados Unidos y China continue aumentando, estos países centroamericanos se frotan también las manos para aprovechar el nearshoring. No hay duda de que la doctrina Monroe revive con Trump y el “América para para los americanos”, sigue muy presente.
