Yo tenía un chorro de voz...
..me admiró Jorge Negrete, Pedro Vargas y otros dos, pero del chorro de voz, sólo me quedó un chisguete. Salvador Flores, Mi chorro de voz Sí, es cierto: para los que tuvimos el privilegio de sobrevivir ...
..me admiró Jorge Negrete, Pedro Vargas y otros dos,
pero del chorro de voz, sólo me quedó un chisguete.
Salvador Flores, Mi chorro de voz
Sí, es cierto: para los que tuvimos el privilegio de sobrevivir al sismo de 1985 en la Ciudad de México, con toda su lamentable y dolorosa espectacularidad, el temblor del jueves pasado fue una pobre imitación. Sí, es verdad, aunque la intensidad haya sido mayor y las víctimas —tan acomodaticias como el epicentro— hayan sido lejanas.
Yo les sugiero que vayan y se lo digan al millón de familias que en Oaxaca y Chiapas principalmente siguen esperando que la solidaridad y el apoyo les llegue. Si es que acaso encuentran carreteras, puentes o veredas para llegar a esos sitios a los que el Presidente y los gobernadores en turno llegan en helicóptero. Y el hecho de que la sierra de Oaxaca y la selva de Chiapas no tengan comunicación con el resto de sus paisanos no es culpa de ningún ciclón. Todos sabemos quién tiene la culpa. No hay estado en la federación nuestra que tenga más municipios y mayor miseria que la tierra de Benito Juárez.
Desde luego que el par de sismos que nos quitó el aliento hace 32 años marcó un hito histórico del cual los mexicanos no tenemos aún noticia: el gobierno de Miguel de la Madrid, lento él, habló de 20 mil muertos. Los que estuvimos ahí viendo pasar cadáveres rumbo a la morgue improvisada del parque Delta decimos que fueron más de 80 mil. Naturalmente que no importa: un muerto pesa tanto como 20 o 110.
Esa simple verdad es la que nos falta. Hasta el momento en que esto escribo, van menos de cien cadáveres contabilizados en el área afectada. Todavía falta acceder a donde no llegan las camionetas del pan Bimbo o la cerveza Corona, la de mayor venta en el mundo. Las tragedias no se miden por el recuento de cadáveres, sino por la cercanía de esos muertos a nuestra vida. De la misma forma, la solidaridad no puede dimensionarse en latas de atún, galletas saladas, toallas sanitarias o rollos de papel para limpiarse el culo. Mucho menos en visitas del Presidente que está ahí mientras las cámaras lo retratan y luego se va y se olvida.
La parte jodida de México, para la cual Peña Nieto inventó hace un par de años un programa de asistencia especial que en los temblores de ahora no se vio por ningún lado, sigue tal cual la recibió el Presidente. Oaxaca y Chiapas son otro país. El de la miseria. Se le agrega ahora Tabasco por la crisis petrolera, porque antes los miraba por encima del hombro.
Lo que destroza a nuestro país no son los fenómenos naturales, sino las acciones o ausencia de ellas de los seres humanos. Por más despensas que enviemos a nuestros paisanos del sureste, se van a seguir muriendo de hambre.
Tiemble o no.
PILÓN.— Hace seis años dicen que alrededor de 15 millones de mexicanos votaron por Enrique Peña Nieto. Unos dos millones menos del padrón electoral se pronunciaron por Andrés Manuel López Obrador. En ese tiempo, el señor del copete elegante registraba una popularidad televisiva. Hoy, su marcador de preferencias y simpatías no llega a 12 por ciento.
“Al primer compás de lira, me empezaron a gritar, el sombrero y la chamarra, del señor que se retira”.
