Déjate caer
El PRD, nacido de la disidencia priista ante las elecciones presidenciales de 1988, se revuelca en el cochinero de la lucha libre de sus diferentes tribus.
Déjate caer, déjate caer, la tierra es al revés,
la sangre es amarilla, déjate caer,
el viento ya no sopla, la boca bien cerrada,
amárrate los pies...
Álvaro Henríquez y Roberto Lindl, Déjate caer.
En México, la noche del 6 de julio de 1988 se cayó el sistema.
Manuel Bartlett, entonces secretario de Gobernación y máxima autoridad electoral, hoy niega haber pronunciado aquella frase. Dice que se confunde con la de Diego Fernández de Cevallos, quien habría dicho que el sistema se habría “callado”, no caído. En ambos casos la referencia es al nuevo sistema electrónico de cómputo que finalmente dio el triunfo en las elecciones presidenciales a Carlos Salinas de Gortari por 50% de los votos emitidos, frente a un pálido 15% de Cuauhtémoc Cárdenas.
Sea como fuere, la verdad es que el sistema político mexicano comenzó a derruirse esa noche. Seis años más tarde, el asesinato vil de Luis Donaldo Colosio profundizó en su deterioro, y otros seis años después Ernesto Zedillo le daría la puntilla.
Hoy, ese sistema no tiene salvación.
Hundido en la ignominia, el sistema político mexicano, que a partir de las maniobras de don Jesús Reyes Heroles aceptó compartir el pastel del poder, tiene que reconocer que los participantes del festín carecen de méritos para recibir la mínima rebanada.
El PRI es incapaz de demostrar que representa los intereses y el pensamiento de los obreros mexicanos, mucho menos de los campesinos. Del sector llamado popular, que es el resto, ni hablamos. El PAN no representa los intereses de la derecha clerical que le dieron origen. Se ha convertido en una agencia de colocaciones convenencieras. El PRD, nacido de la disidencia priista ante las elecciones presidenciales de 1988, se revuelca en el cochinero de la lucha libre —piquete de ojos incluido— de sus diferentes tribus.
Los independientes tienen como estandarte a un gobernador que no gobierna en Nuevo León y solamente delega culpas y se añade a la escenografía que los antagonistas de Andrés Manuel quisieran ver beligerantes.
Al final del túnel, la única lucecita parpadeante es la de López Obrador. Esto quiere decir que ya nos llevó el tren; en letras de los poetas: la tierra es al revés. Donde no hay más opciones que una, donde no hay posibilidades de democracia, la boca bien cerrada, amárrate los pies; déjate caer.
PILÓN.- Todo un caso para los sospechosistas el robo y recuperación de la camiseta que usó Tom Brady en el pasado Super Bowl de futbol americano, de dramático transcurso y desenlace en la ciudad de Houston.
Lo único que nos han dicho con certeza —la NFL— es que la camiseta fue robada de los vestidores del equipo de Patriots de Nueva Inglaterra, que la sustracción fue conocida de inmediato y que las autoridades federales de Estados Unidos, del estado de Texas, con el auxilio de autoridades mexicanas que nos identifican, localizaron la prenda en México, junto con otra camiseta usada en 2015 en similar evento por el mismo deportista.
El autor del robo habría sido, siempre según la NFL, un miembro de la cobertura internacional del evento deportivo, que tenía acreditación para acceder a los vigilados sitios como los vestidores. Según la sospecha más difundida, el exdirector de un diario de la capital que otrora era huésped diario de la bolsa trasera del pantalón de los mexicanos de a pie.
El asunto es muy raro y seguramente nos dará materia de especulación y seguimiento periodístico. Lo único que puedo asegurar es que antes de que estas líneas se publiquen, Donald Trump estará bombardeando el mundo con mensajes de Twitter, ratificando su afirmación de que los mexicanos somos bad hombres, rateros. Lo peor es que tendrá razón.
Se me olvidaba: el respeto al derecho ajeno es la paz.
