Cien puñales apuntaron a su corazón...

China dijo que nuestro país cuenta con 
un aliado, es decir, Donald Trump ya puede ejercer las sanciones comerciales que quiera en contra de México, pues 
el gigante asiático estará ahí.

El chinito no quería ya vivir en el jarrón...

Cri-Cri

Hace dos siglos, Napoleón se refirió a China como un dragón dormido que cuando despertara iba a sacudir al mundo. En los primeros días de 2006, el dragón comenzó a desperezarse y pasó a ser la cuarta economía del mundo, por encima de Reino Unido, por ejemplo. Con paciencia y singular estrategia orientales, el gobierno de Pekín emprendió un largo camino de lo que en México llaman reformas estructurales, para ir incorporando a su economía los procesos de modernización tecnológica y administrativa, que hicieron las líneas de producción más eficientes y excesivamente competitivas mediante, entre otras cosas, los bajos salarios.

De esta manera, como la había hecho Hong Kong y lo haría luego Vietnam, convocó un torrente de inversión directa extranjera, lo que le hizo una enorme maquiladora de Occidente. Simultáneamente modificó su política financiera internacional para fortalecer su moneda con respaldos del otro mundo. Pasó de ser, de un dragón dormido en el jarrón a un dragón expectante y a la caza de alimento.

A este mundo arriba Donald Trump como Presidente de Estados Unidos, y uno de sus primeros movimientos en la política internacional lo conduce no como chivo en cristalería sino como elefante en una tienda de porcelana fina. Trump ha despertado el malestar del dragón con un incidente que podría ser considerado —como lo fue en primera instancia— muy menor.

En política exterior, China tiene dos temas que son intocables, en cuanto a su soberanía: los territorios del Tíbet y Taiwán. Pues el Presidente electo de EU mantuvo hace unos días una conversación de diez minutos con Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwán; su contenido se desconoce y es irrelevante. El hecho es que en cuarenta años ningún presidente de Estados Unidos había cometido esa osadía o esa imprudencia. Hace 39 años Norteamérica aceptó y adoptó la política de “una sola China”, desconociendo la autonomía de la isla.

Trump trató de minimizar el hecho diciendo que la señora presidenta le había llamado a él para felicitarlo. Los chinos no compran ese cuento, aunque pueda ser cierto. La realidad es que ya hay un reclamo formal del gobierno de Pekín atizado, por otra parte, por la retórica proteccionista de Trump que ya comenzó a afectar a México.

China no es México.

Entre otros detalles por el siguiente: China es el mayor poseedor extranjero de la deuda de Estados Unidos. Tiene en su poder bonos y certificados del tesoro norteamericano por más de un billón (billón en castellano, esto es, millones de millones, no mil millones) de dólares, o el equivalente al 30% de los 3.9 billones (en castellano) que Estados Unidos le debe a otros países. Cualquier movimiento con esa deuda puede tener serias repercusiones en la economía del vecino de arriba.

En consecuencia, en la economía de México.

La estrategia oriental, a diferencia de la mexicana, se ha sabido mover con prestancia. El señor Qui Xiaoqui, embajador de la República Popular China en México, se ha apresurado a decir que nuestro país cuenta con un aliado. Ya puede Trump ejercer las sanciones comerciales que quiera en contra de México, China estará ahí.

¿Más claro? El irrestricto apoyo de China al libre comercio y a la globalización.

No es para olvidarnos de las amenazas y sus consecuencias. Simplemente hay que reconocer lo que el gobierno mexicano no ha sido capaz de digerir: hay vida después de Trump.

Cien puñales apuntaron a su corazón. Y jamás volvió a decir.

Temas: