Transición

Lo más notable es la inexistencia de una oposición que, así sea de manera simbólica, se convirtiera en una especie de adalid moral que significara un equilibrio

La próxima semana será la última del periodo de transición más extraño e indefinible que ha vivido México en las recientes décadas.

Ni siquiera se le compara con el periodo transcurrido entre el triunfo del panista Vicente Fox y su asunción. Es cierto que hubo cosas nuevas, como correspondía al fin de la hegemonía de un partido durante siete décadas. Pero no se dio un cambio de cultura política tan disruptor como el que nos está tocando atestiguar.

Y es que, dentro de las naturales diferencias que había entre PAN y PRI, había ciertas coincidencias en cuanto a la definición de la estrategia económica que hacían impensable un viraje brusco en esa materia o una negociación que no se diera en términos civilizados.

Un segundo factor determinante en esa transición y en las siguientes fue que el partido gobernante carecía de una mayoría clara en el Congreso que le posibilitara imponer su agenda. Una era combinada de negociaciones y parálisis parece haber llegado a su fin, aunque no está del todo claro si es para bien.

El tercer factor, y con mucho el más novedoso, es el hecho de contar ya con los integrantes del gabinete, sin poder formal, pero adelantando la operación de políticas claves cuya pertinencia se pondrá a prueba a partir del próximo sábado.

Con todo este ramillete de circunstancias, no debiera extrañarnos que en este larguísimo intermedio la agenda del futuro gobierno borrara prácticamente todo lo demás.

Que eclipsara al último trayecto de la administración de Enrique Peña Nieto es más que explicable. Pero lo más notable es la inexistencia de una oposición que, así sea de manera simbólica, se convirtiera en una especie de adalid moral que significara un equilibrio.

PRI, PAN y PRD terminaron aniquilados, ésa es la verdad.

El todavía partido gobernante dejará de tener su núcleo articulador —la Presidencia de la República— a partir del próximo sábado, y es más probable que sus integrantes se sientan en la libertad de adherirse a las políticas del nuevo régimen antes que formar una oposición a ultranza.

Una prueba es el video publicado por el gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, en apoyo a la consulta de este fin de semana convocada por Andrés Manuel López Obrador, sobre todo en los puntos referentes a la construcción de un tren transístmico y la modernización del puerto de Salina Cruz. Quizá su ejemplo sea seguido por otros gobernadores y alcaldes emanados del tricolor, que vean una mejor oportunidad de avance en la colaboración.

Un fenómeno distinto ocurre en el PAN. Quedó en segundo lugar en las elecciones, pero no ha capitalizado esta circunstancia para convertirse en la oposición natural al morenismo. En parte, porque sigue viviendo las tensiones generadas desde que se cocinó la candidatura presidencial de Ricardo Anaya.

Con un nuevo dirigente nacional claramente identificado con el queretano, es más probable que la cúpula blanquiazul se siga distrayendo con sus grillas internas antes que erigirse en una fuerza con autoridad moral para encabezar la oposición. Ni siquiera la salida de Felipe Calderón del partido que lo postuló a la Presidencia ayudará a resolver las contradicciones de un partido blanquiazul que por ningún lado deja ver su acostumbrada solidez doctrinaria.

Pero, la oposición más sólida está surgiendo ahora de los gobernadores de Acción Nacional. Este viernes publicaron un desplegado en el que manifiestan su rechazo al nombramiento de superdelegados del gobierno federal y sus reservas respecto de la nueva estrategia de seguridad pública, que mantiene e incluso refuerza el papel de las Fuerzas Armadas.

Al no haber todavía figuras parlamentarias que destaquen por su fuerza, es muy probable que de entre los gobernadores de oposición surjan figuras que crezcan y planteen un contrapeso. Por el lado del PAN vemos a Javier Corral. Pero habrá que seguirle la pista a Enrique Alfaro, quien aun antes de asumir el poder ya comenzó a pintar su raya respecto del futuro mandatario.

Pero lo más curioso es que, en esta reconfiguración de las fuerzas políticas, comienza a germinar una oposición que surge de la misma base del lopezobradorismo, la cual no debiera ser desdeñada por la nueva fuerza hegemónica.

Por lo pronto, organizaciones indígenas han manifestado su oposición a la consulta sobre el Tren Maya y reclaman que este proyecto se someta al estándar internacional de consulta indígena que les permita a sus comunidades tomar una decisión informada.

Es muy pronto para pronosticarlo, pero no descartemos que de estas fuerzas emergentes surja otro género de oposición que contribuya a un equilibrio que las fuerzas políticas tradicionales son incapaces de dar, por ahora.

DM

A partir de hoy y hasta el 1 de diciembre, en Excélsior se publicará una serie de textos especiales sobre el andamiaje institucional y las políticas de gobierno que se concibieron en estos últimos 18 años, los años de la alternancia presidencial entre el PRI y el PAN. El próximo sábado, con la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador, comenzará la llamada Cuarta Transformación y para entender los cambios hay que tener claro de dónde partimos. Así que le recomiendo que busque estos trabajos periodísticos de mis compañeros reporteros, coordinados por Leticia Robles de la Rosa.

                Twitter: @Fabiguarneros

Temas: