Relevo

En 1985, hace 30 años, el doctor José Narro Robles era secretario general de la Universidad Nacional Autónoma de México. Un año después, el rector Jorge Carpizo emprendió una reforma a la institución que desató una fuerte oposición estudiantil en su ...

En 1985, hace 30 años, el doctor José Narro Robles era secretario general de la Universidad Nacional Autónoma de México. Un año después, el rector Jorge Carpizo emprendió una reforma a la institución que desató una fuerte oposición estudiantil en su contra.

Aquella movilización fue el fruto de la transformación profunda de una sociedad que se venía gestando desde 1968, y que ya se había manifestado durante el terremoto del 19 de septiembre, con miles de mexicanos que actuaron solidariamente sin esperar la señal del gobierno, al que terminaron rebasando.

Elegido rector en 2007, Narro Robles concluirá su gestión en noviembre próximo, y no es exagerado decir que en esa fecha terminará una época, no sólo para la casa de estudios, sino también para el país mismo, de cuya transformación ha sido motor y reflejo.

Como integrante del equipo de la Rectoría, a Narro Robles le correspondió un papel relevante en el diálogo con el Consejo Estudiantil Universitario en 1986-87. Con independencia de si tuvo razón o no en rechazar las medidas propuestas por Carpizo para lograr la excelencia académica, aquella generación de alumnos sería la semilla de la que surgiría al año siguiente la oposición política más importante con la que había topado el gobernante Partido Revolucionario Institucional.

Muchos de los jóvenes de entonces se aglutinaron en torno a la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas y asistieron al mitin que éste encabezó en mayo de 1988 en Ciudad Universitaria, con lo que se rompió un tabú que dictaba que la comunidad no debía contaminarse con la presencia de partidos y candidatos que mancillarían su pureza académica.

Una década después del movimiento del CEU, varios de sus integrantes se integraron a la izquierda partidista que llevó a Cárdenas a ser el primer gobernante del Distrito Federal democráticamente electo. En ese 1997, el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados. El camino de la alternancia en la Presidencia de la República estaba pavimentado.

En estas tres décadas de lo que podríamos llamar la era Narro, la UNAM fue pieza clave de la transición democrática del país, como lo hemos expuesto en este breve compendio de hechos históricos. No como la formadora de los cuadros dirigentes, papel que monopolizó en las décadas previas, sino por haber generado en su seno una efervescencia por la participación política que no se ha repetido con la misma magnitud. Aunque, desde luego, en sus aulas, pasillos y jardines sigue floreciendo un espíritu de rebeldía que se avivó recientemente con movimientos como el #YoSoy132 o el caso Ayotzinapa.

Ya el tiempo dará la calificación que corresponda a los ocho años de gestión del doctor Narro como rector. Por lo pronto, no es un mérito menor la estabilidad interna que ha gozado la institución en ese lapso, a diferencia de los lustros previos. Ciertamente, hoy comparte protagonismo con otras instituciones de educación superior públicas y privadas. Pero aún sigue siendo un importante centro generador de ideas, conocimiento y debate. Y, sobre todo, aún representa una alternativa de movilidad social para sus miles de alumnos que ahí están concibiendo su futuro.

Toca ya la hora del cambio. La era de Narro termina y tocará a cualquiera de los 16 aspirantes inscritos iniciar una nueva época. La amplia cobertura informativa que se está generando alrededor de la sucesión habla de la relevancia política que sigue teniendo este cargo.

Pero de lo que se trata ahora es de insertar a la universidad en la dinámica de las transformaciones contemporáneas. Aprovechar la energía e ímpetu juvenil para generar conocimiento útil e innovador. Nada de eso puede lograrse si aún prevalecen los atavismos ideológicos que, por ejemplo, impiden a las autoridades recuperar el auditorio Justo Sierra. Y cuanto antes deben erradicarse cánceres recientemente denunciados como la inseguridad y la venta de droga en sus campus. Golpes de timón que, de darse, marcarán el rumbo de quien suceda a Narro.

Se trata de forjar el nuevo espíritu por el cual hablará la raza de ese futuro que nos urge a actuar desde hoy.

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