Víctimas sirias, la ayuda que no logra llegar

A pesar de que actualmente, y gracias a la abierta intervención de Rusia e Irán, la mayor parte del territorio sirio está de nueva cuenta en manos del gobierno de Assad, persiste un área aún en posesión de los rebeldes, justo en el noreste hoy golpeado por el temblor

La inmensa catástrofe provocada por los terremotos que asolaron al sur de Turquía y al noroeste de Siria, cuyas víctima mortales se cuentan por decenas de miles, ofrece un cuadro dantesco en el que brigadas de ayuda de distinta procedencia intentan encontrar en medio de un frío glacial, vestigios de vida debajo de bloques de concreto, vigas y placas de metal. En los recuentos informativos acerca de las naciones que han enviado equipos de rescatistas, médicos y paramédicos a colaborar en el rescate de las víctimas, el número de apoyos a Turquía es notable, mientras que para Siria se registra un vacío casi total en razón de las peculiaridades de la zona en la que azotaron los sismos. A pesar de la contigüidad geográfica, no hay comparación entre la considerable cantidad de brigadas internacionales en territorio turco, y la desoladora ausencia de apoyo externo en la parte siria.

Lo que hace la diferencia es fundamentalmente el estado de guerra prevaleciente en Siria desde hace casi doce años, una interminable guerra que se inició a partir de la rebelión popular contra la cruel dictadura de Bashar Assad. En aquel entonces, 2011, se pensaba que, tal como había ocurrido en los casos de Túnez y Egipto, donde arrancó la llamada “Primavera árabe” provocando que sus viejos dictadores cayeran en cosa de días, en Siria sucedería lo mismo. La historia nos muestra que tal suposición era errónea, ya que Assad sigue tan campante en su palacio en Damasco, mientras su país ha vivido un cataclismo bélico que ha matado a cientos de miles y ha expulsado a millones hacia un exilio que aún prosigue.

A pesar de que actualmente, y gracias a la abierta intervención de Rusia e Irán, la mayor parte del territorio sirio está de nueva cuenta en manos del gobierno de Assad, persiste un área aún en posesión de los rebeldes, justo en el noreste hoy golpeado por el temblor, donde se apiñan desplazados internos viviendo en condiciones terriblemente precarias. Las ciudades de Idlib y Aleppo, ahí ubicadas, en ruinas y con condiciones de vida absolutamente precarias desde antes, han sido golpeadas ahora por el movimiento telúrico que se ha abatido contra ellas inmisericordemente.

En los últimos tiempos, esa área ha estado sitiada por huestes de Assad, con apoyo de vigilancia rusa, a fin de impedir el paso de ayuda humanitaria, excepto por un único cruce abierto con Turquía de nombre Bab al-Hawa, por donde Naciones Unidas y organizaciones humanitarias comúnmente entregan ayuda alimentaria y médica a cerca de 2.6 millones de sirios. Pero ahora dicho paso está inhabilitado a causa de los daños a los caminos conducentes hasta ahí, y la apertura de cruces alternativos –vetada en el pasado por Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU– aún está por gestionarse.

Moscú y el gobierno de Assad sostienen que los cruces alternativos estarían violando la soberanía siria y que las ayudas deben llegar a manos de los operadores del régimen de Assad, de tal forma que ellos, desde Damasco, las distribuyan. El embajador sirio en la ONU, Bassam Sabbagh, insistió el lunes pasado que la colaboración internacional debía ser canalizada no desde la frontera turca hacia la zona devastada, sino que el gobierno de Assad debería ser quien la recibiera para organizar luego su entrega. Desde luego que, dada la relación hostil de Damasco con los rebeldes del noroeste, es más que predecible que esa ayuda no les llegaría nunca, sino que sería aprovechada dentro del corrupto aparato de los leales a Assad.

Hasta el momento, el jefe del cuerpo de ayudas de la ONU, Martin Griffiths, ha venido insistiendo en que se obligue a la apertura de los pasos existentes hoy bloqueados, aduciendo motivos humanitarios incontrovertibles, al tiempo que desde la voz de António Guterres, Secretario General de la ONU, se escuchan las mismas demandas. Igual mensaje envió la Asociación Siria pro-Dignidad de los Ciudadanos, urgiendo a la comunidad internacional a presionar para la reapertura de los cruces fronterizos clausurados.

Por su lado, el gobierno de Washington, sin relaciones con su homólogo de Damasco, expresó por medio del vocero del Departamento de Estado, Ned Price, que no coordinarán ninguna entrega de ayuda con el gobierno sirio, cuya historia de corrupción y obstrucción de operativos humanitarios es bien conocida. No es para menos. Un régimen que ha usado armas químicas contra su propio pueblo, definitivamente no es confiable. De cualquier modo, queda como dilema ético y práctico cuál es el camino a seguir para aliviar el sufrimiento de los sobrevivientes del terremoto en Siria, cuyo trágico destino ha estado marcado por los azarosos vaivenes tanto de la naturaleza como de la política.

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