Turquía: mal resultado para las mujeres
El sistema judicial es lanzado frecuentemente contra miembros del gremio artístico.
Es evidente que el triunfo de Erdogan y sus aliados pronostica el mantenimiento de políticas públicas que, sobre todo en los últimos años, han afectado dramáticamente las libertades y los derechos humanos de grandes sectores del pueblo turco. El fallido golpe de Estado del verano del 2016 desató un frenesí de aprehensiones y medidas represivas por parte del gobierno encabezado por Erdogan. Ciudadanos comunes, jueces, periodistas, intelectuales, políticos de la oposición y una larga lista de funcionarios sospechosos de deslealtad, han sufrido cárcel, censura y violencia. El récord de violaciones a los derechos humanos del régimen es más que lamentable. En este contexto, y bajo la justificación de mantener la devoción propia de la visión islamista conservadora propia del Partido de la Justicia y el Desarrollo del presidente, las mujeres turcas sufren hoy los efectos de una misoginia cada vez más pronunciada.
Se puede fechar con precisión cuándo la embestida antifeminista decidió quitarse la máscara. Fue en julio de 2021 cuando el gobierno turco se retiró del Convenio de Estambul, el cual había suscrito en 2011, momento en que el Consejo de Europa gestionó un marco jurídico para proteger a mujeres y niñas de la violencia y promover la igualdad de género mediante el apego a cuatro principios fundamentales: prevención, protección, enjuiciamiento penal y coordinación de políticas. Las mejoras que se implementaron en beneficio de las mujeres en los 34 países que ratificaron el Convenio fueron patentes, y sin embargo, Turquía, país en el que originalmente se firmó el Convenio, optó por retirarse de él, a pesar de las numerosas protestas feministas que se desencadenaron por ese motivo.
La explicación del régimen para justificar su decisión fue que el citado compromiso “amenaza valores familiares y normaliza la homosexualidad”. Según Amnistía Internacional, la retirada transmitió a quienes cometen abusos, mutilan y matan, un mensaje temerario y peligroso: que pueden seguir haciéndolo con impunidad. De hecho, al año siguiente se registraron en Turquía al menos 300 feminicidios.
Pues bien, todo indica que la misoginia permanecerá incólume en los próximos años, ya que el perfil ideológico del régimen seguirá siendo el mismo. Incluso en estos días se ha registrado un acontecimiento que así lo revela. Se trata de lo ocurrido con la actriz Merve Dizdar, la primera mujer turca en ganar en el Festival Cinematográfico de Cannes el premio de mejor actriz. Su discurso durante la premiación fue emotivo y sin duda valiente al rendir homenaje a las mujeres turcas por su interminable lucha por sus derechos. Temblando por la emoción dijo: “Dedico este premio a todas mis hermanas que, sin importar el precio, nunca han claudicado, y a todas las almas rebeldes en Turquía que siguen esperando los buenos tiempos que merecen”. De inmediato, el mensaje se hizo viral en Twitter.
La reacción desde el otro lado, no se dejó esperar. Altas figuras del régimen y miembros del partido de Erdogan se refirieron a la actriz como “una patética esclava de Occidente” que desprecia a su pueblo con tal de recibir un premio, acusación similar a la que en su momento se le hizo al escritor turco Orhan Pamuk, cuando ganó el Nobel de Literatura en 2006. El ministro de cultura, indignado por el discurso de Dizdar, la acusó de “haber maldecido a su patria” y la comparó con los terroristas que amenazan a Turquía, insinuando la posibilidad de boicotearla por diversos medios para impedirle continuar en el medio cinematográfico y televisivo.
Hubo comentarios similares de parlamentarios pertenecientes a otros dos partidos ultraconservadores –Huda Par y Nuevo Bienestar, aliados de Erdogan–, los cuales pretenden anular leyes que protegen a las mujeres contra la violencia doméstica, bajo la consideración de que rompen la unidad familiar al propiciar el desenfreno femenino. Vale la pena mencionar que, en este caso, el candidato opositor a Erdogan en las elecciones de la semana pasada, Kemal Kilicdaroglu, lo mismo que otros miembros de su partido, el Republicano del Pueblo (CHP), felicitaron a la actriz.
El campo de la cultura en Turquía se muestra cada vez más acosado y limitado por el régimen. El sistema judicial, bajo control total de Erdogan, es lanzado frecuentemente contra miembros del gremio artístico bajo acusaciones de profanar valores religiosos o apoyar causas de minorías como la kurda o armenia. Su pretensión, como ocurre con la mayoría de las dictaduras conocidas, es la de reprimir y sofocar la crítica, lo mismo que las disidencias. Sin duda, el triunfo de Erdogan en los comicios del domingo pasado ha sido una mala noticia para millones de espíritus libres en lucha continua contra las fuerzas dictatoriales que los reprime.
