Sorpresiva reconciliación Arabia Saudita-Irán

El hecho de que Washington no reaccionara en defensa de Riad cuando en 2019 las instalaciones petroleras árabes de Aramco sufrieron ataques iraníes, significó para la monarquía saudita un aviso de que EU se estaba desvinculando de la región.

La realidad del Medio Oriente a lo largo de los últimos años engendró un lugar común, una especie de dogma en el sentido de que la disputa y la competencia entre el mundo del islam sunnita, representado por Arabia Saudita, y el del islam chiita, cuyo máximo exponente es Irán, durarían por siempre y se resolverían, si acaso, cuando uno consiguiera subordinar al otro y lograra operar en calidad de potencia regional hegemónica.

Esta semana, tal creencia se desplomó con el sorpresivo anuncio de que ambas naciones renovaban relaciones diplomáticas y reinstalaban embajadores, anunciando su interés en cooperar en asuntos de seguridad y estabilidad regional y comprometiéndose a no inmiscuirse en los asuntos internos de cada cual. El acuerdo se consiguió con la mediación del gobierno chino. Así pues, hubo dos sorpresas simultáneas, ya que China no se ha caracterizado por ser una potencia con especial penetración en la zona de Oriente Medio, y este acontecimiento revela sin duda que está dispuesta y deseosa de tenerla.

Al parecer, para los tres gobiernos involucrados se trata del fruto de cálculos estrictamente pragmáticos. El análisis de cada caso así lo sugiere. Primer caso: El príncipe saudita Mohammed bin Salman (MBS), sabe bien que la relación con Estados Unidos, otrora su gran aliado, ha sufrido tropiezos y desencuentros. No sólo la ha empañado el asesinato del periodista árabe-norteamericano Jamal Khashoggi –presuntamente ordenado por MBS–, sino también el reciente desencuentro alrededor del insuficiente monto del abasto petrolero saudita a Occidente durante la crisis por la invasión rusa a Ucrania. Además, el hecho de que Washington no reaccionara en defensa de Riad cuando en 2019 las instalaciones petroleras árabes de Aramco sufrieron ataques iraníes, significó para la monarquía saudita un aviso de que Estados Unidos se estaba desvinculando de la región y de sus compromisos, por lo cual había que buscar otras opciones. China está siendo una de ellas.

Segundo caso: Irán vive un aislamiento regional y una crisis económica extremadamente grave, debido al impacto de las sanciones que sufre. Devaluación, carestía, desempleo, son sólo algunos de sus problemas, ya que, como es sabido, el descontento social derivado tanto de la represión hacia sus mujeres como de la generalizada falta de libertades ciudadanas, han constituido el motor de enormes manifestaciones populares que han sido enfrentadas con singular brutalidad por parte de las autoridades. Por otro lado, su carrera para conseguir un arsenal nuclear no se ha detenido en los últimos años, ya que el abandono del acuerdo JCPOA por parte del gobierno de Trump, en 2018, le reabrió la posibilidad de retomar el enriquecimiento de uranio. El resultado es que, según calculan los expertos, hoy Irán cuenta con uranio enriquecido al 84%, lo cual lo coloca muy cercano a la posesión de un arma nuclear. Por supuesto, eso constituye un factor que promueve entre los países árabes del Golfo, Arabia incluida, la decisión de no jugar con fuego y evitar a toda costa tensar la relación con Teherán. Por otra parte, la vigencia de un cese al fuego en la guerra civil en Yemen en la que el país persa y la monarquía saudita apoyan a bandos opuestos, facilitó en estos momentos la restauración de lazos diplomáticos entre ambos.

En cuanto al tercer actor, China, es visible su intención de lograr mayor presencia e influencia en la zona y ocupar los vacíos dejados por la retirada norteamericana. Para ello, el premier Xi Jinping visitó recientemente Arabia y participó en una reunión con los líderes de los países árabes del Golfo, y recibió poco después en su territorio la visita del presidente iraní Ebrahim Raisi. Los intereses económicos también cumplen un papel ya que China tiene una creciente dependencia del petróleo saudita e iraní, de tal suerte que impulsar estabilidad regional le resulta conveniente.

A pesar de los conflictos que existen hoy entre Estados Unidos y China, Washington se mostró complacido por el acercamiento árabe-iraní del cual dijo, tuvo aviso de parte de la monarquía saudita en el curso de su negociación. Al parecer, desactivar tensiones en la zona del Golfo es también conveniente para los norteamericanos. Por último, en cuanto a Israel, si bien su cálculo de que la inclusión de Arabia Saudita en los Acuerdos de Abraham estaba próximo se mostró erróneo, ello no significa que tal posibilidad haya desaparecido. No cabe duda que la reconfiguración de las alianzas en Oriente Medio ofrece panoramas novedosos y muy inciertos acerca de las dinámicas que se darán en el futuro y en las que otros actores, como la Rusia de Putin, intervienen también. Definitivamente la baraja ha cambiado.

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