¿Será beneficioso un nuevo acuerdo con Irán?

En estos últimos días se han acrecentado los rumores de que la restauración del acuerdo nuclear con Irán, conocido por sus siglas en inglés como JCPOA, es inminente. Las negociaciones llevadas a cabo en Viena desde que el presidente Biden se propuso revivir dicho ...

En estos últimos días se han acrecentado los rumores de que la restauración del acuerdo nuclear con Irán, conocido por sus siglas en inglés como JCPOA, es inminente. Las negociaciones llevadas a cabo en Viena desde que el presidente Biden se propuso revivir dicho acuerdo, han tenido numerosos altibajos, con lo que la historia se ha asemejado a la fábula de Pedro y el lobo: ya casi, pero luego siempre no.

Sin embargo, los rumores parecen tener ahora mayor credibilidad, ya que, por una parte, el mundo está urgido de un mayor abasto de petróleo e Irán puede coadyuvar a paliar esa necesidad, y por la otra, el país persa, acosado por las sanciones reimpuestas durante la era Trump, sufre de una crisis económica severa que ha desatado protestas sociales importantes, enfrentadas por la autoridad con la represión violenta de la que suele echar mano. Liberarse de las sanciones sería pues, para el gobierno de los ayatolas, un gran alivio.

Cuando Trump decidió abandonar el acuerdo en 2018, su apuesta era la de que las sanciones conseguirían asfixiar económicamente a Irán, a tal grado que el cambio de régimen sobrevendría de forma inevitable más temprano que tarde. Su error fue no considerar que el gobierno de la República Islámica ha mostrado, a lo largo de las más de cuatro décadas que lleva al mando, una gran resiliencia, alimentada de diversos factores. Y el otro error fue el no calcular la reacción que tendría el régimen ante la ruptura del compromiso por Estados Unidos, a saber, el reinicio del acelerado enriquecimiento de uranio que se había congelado durante los tres años en los que el JCPOA estuvo vigente. A ello se ha agregado el hecho de que las sanciones son usadas por la retórica oficial iraní para exaltar el sentimiento nacionalista y la lealtad del pueblo al régimen.

Hace justo un año, apareció en las páginas de Excélsior, la entrevista que le hice al Dr. Raz Zimmt, especialista en Irán, adscrito al Instituto Nacional de Estudios de Seguridad de Israel (INSS). En ella, el experto opinaba que Irán ofrece tres retos que requieren abordarse mediante instrumentos distintos. El más importante es el nuclear, siguiéndole el de sus misiles de largo alcance y, finalmente, el de sus aspiraciones de extender su hegemonía en la región mediante el apoyo a milicias afines en Siria, Líbano y Gaza, por ejemplo. La diplomacia encabezada por Estados Unidos bajo la presidencia de Obama, junto con Gran Bretaña, Rusia, Francia, China y Alemania, resolvió que había que desactivar prioritariamente el desafío nuclear. Si para ello había que soslayar temporalmente los otros dos retos, había que hacerlo, dados los riesgos implicados en la posibilidad de un Irán en posesión de una bomba atómica. De ahí la gestión del JCPOA en 2015.

Transcribo enseguida el punto de vista expresado por el Dr. Zimmt al respecto en la citada entrevista. “El JCPOA dio a la comunidad internacional, Israel incluido, garantía de ocho años de congelamiento total del desarrollo nuclear iraní, a los que seguirían hasta otros siete años más de un avance limitado en tal propósito. No era lo óptimo, pero era lo posible. Gracias a él Irán cumplió con lo pactado hasta 2019, cuando por efecto de la reimposición de las sanciones por Trump, Teherán retomó el enriquecimiento de uranio, con lo cual el esperado retraso de hasta 15 años, que era muy valioso, se truncó, teniendo que enfrentarnos ahora a un escenario de avance en el desarrollo nuclear iraní, que debía de aparecer hasta dentro de unos años”.

Es así que, si se restaura el acuerdo y se logra frenar el desarrollo nuclear del país persa, habrá una ganancia inmediata que ciertamente dará un respiro, aunque no se volverá al statu quo que prevalecía en 2015, ya que el Irán de hoy cuenta con lo que ha avanzado en su desarrollo nuclear durante los últimos tres años. Ha conseguido enriquecer uranio hasta poco más del 60%, lo que lo pone muy cerca de obtener el material fisible necesario para hacerse de una bomba. Ello significaría un vuelco total en el equilibrio de fuerzas regional, al detonar aspiraciones de muchos de sus vecinos de conseguir una paridad nuclear. Sería además un riesgo inmenso a nivel mundial dada la naturaleza teocrática y fundamentalista de su régimen.

Básicamente existen tres alternativas distintas para enfrentar el desafío representado por un Irán nuclearizado: promover desde afuera un cambio de régimen, lo cual ha mostrado su inviabilidad, planear y ejecutar una ofensiva militar masiva contra el país, algo que se vislumbra apocalíptico por sus consecuencias, y por último, la vía de la diplomacia, que es la que actualmente se intenta impulsar mediante las negociaciones. De las tres, la última es, por mucho, la menos mala.

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