Ramadán, un mes cargado de riesgos

Se respira una atmósfera general mucho más tensa que de costumbre debido al perfil radical y ultranacionalista del nuevo gobierno de Israel.

Acaba de empezar la celebración del sagrado mes del Ramadán en todo el mundo musulmán. Se trata de uno de los cinco pilares del islam, el cual, junto con la fe en Alá como único Dios, el rezo cinco veces al día, la obligación de dar limosna a los necesitados y la peregrinación a la Meca cuando menos una vez en la vida, conforman la base de la doctrina religiosa a la que sus fieles se apegan. La fijación de la fecha en que el Ramadán inicia va variando en virtud de que su cálculo se fundamenta en el calendario lunar. Desde el amanecer hasta la puesta del sol rige la obligación de ayunar, abstenerse de tener relaciones sexuales y de fumar, dando lugar a un pausado ritmo de vida cotidiana en los espacios en los que se concentran poblaciones seguidoras de la fe islámica.

Se da por sentado que esa peculiar atmósfera es propicia a la espiritualidad y a la reflexión, tiempo de algún modo sagrado que se diferencia del tiempo profano en el que las personas viven al amparo de distracciones y emprendimientos que las alejan de la devoción necesaria para nutrir sus almas. Es una experiencia colectiva que aporta, además, un sentido de pertenencia, de comunión con el entorno y de identidad compartida.

Pero, como sucede comúnmente en nuestros tiempos, es inevitable que la política se introduzca en ese espacio de espiritualidad. Cuando se trata de conglomerados musulmanes que viven en contacto o cercanía con otros grupos ajenos al islam con los que existen conflictos previos y cuentas que saldar, el Ramadán puede propiciar encontronazos violentos que se alimentan de la exaltación religiosa que flota en el ambiente.

El ejemplo de lo que ha ocurrido en el pasado en lugares como Israel, donde convive población árabe-musulmana con población judía, en una relación que ha sido a menudo tensa y conflictiva en razón de su disputa por la tierra, revela un aumento de episodios de confrontación abierta durante el Ramadán. Esos estallidos de violencia funcionan a su vez como gasolina vertida sobre un fuego antiguo, que no ha podido extinguirse debido a la no resolución del conflicto que los opone.

El temor a choques violentos durante el Ramadán de este año ha sido especialmente intenso. Los ataques y contrataques entre árabes y judíos en este primer trimestre del año han aumentado considerablemente en comparación con los meses anteriores. Se respira una atmósfera general mucho más tensa que de costumbre debido al perfil radical y ultranacionalista del nuevo gobierno de Israel que inició su gestión a principios de este año. Se ha elevado por tanto la alarma acerca de la escalada de violencia que podría desencadenarse a partir de las reuniones tumultuarias de fieles musulmanes que se congregan en las mezquitas de Monte del Templo en Jerusalén. El hecho de que parte del tiempo del Ramadán coincidirá este año con la celebración del Pésaj o pascua judía, ha sido motivo de preocupación por la confluencia que habrá de orantes musulmanes y judíos en esa relativamente pequeña zona en la que existe colindancia entre el Muro de los Lamentos y las dos mezquitas sagradas.

Hace unos días se llevó a cabo una reunión especial convocada por Estados Unidos en la localidad de Sharm el Sheik en la que participaron delegaciones de Egipto, Israel, Jordania y la Autoridad Palestina, con el objetivo de coordinar esfuerzos a fin de prevenir una escalada de violencia durante el Ramadán. Fue la segunda reunión de ese tipo, luego de que la anterior se celebrara en Aqaba. Hasta el momento de escribir estas líneas la calma se ha preservado. En los rezos vespertinos del primer día del festejo se registró una asistencia de 83 mil fieles en la mezquita de Al-Aqsa, bajo la vigilancia de 2 mil 300 efectivos policiacos israelíes en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Se dispuso, asimismo, que durante los rezos a lo largo del Ramadán, que concluirá el 21 de abril, queda prohibido a los judíos subir al Monte del Templo donde se hallan las mezquitas.

Es sin duda importante tomar todas las prevenciones posibles a fin de que la violencia no estalle como ocurrió hace dos años cuando choques entre jóvenes palestinos y la autoridad israelí derivaron en un enfrentamiento de mayores alcances entre el Hamas, que gobierna en Gaza, e Israel. Incluso se ha establecido un sistema para combatir falsas noticias en las redes sociales acerca de lo que ocurre en la zona de las mezquitas, debido a experiencias pasadas en las que rumores malintencionados generaron violencia. En las volátiles e inflamables condiciones en que se halla hoy Israel, con manifestaciones ciudadanas multitudinarias contra las políticas del gobierno de Netanyahu, una de las peores cosas que podría pasar sería que la violencia árabe-israelí se siga extendiendo.

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