Poder del narco, más allá de México

80% del captagon que circula por el mundo es producido por Siria. El Congreso en Estados Unidos aprobó en diciembre pasado una ley contra el producto, con la intención de combatir el flujo proveniente de ese país.

El tema del narcotráfico y el crimen organizado asociado a él, se ha globalizado como tantas otras realidades de nuestro mundo actual. En la región de Oriente Medio, específicamente en Siria y Líbano, el auge en la producción y contrabando de drogas constituye un foco de criminalidad en expansión, sumado a una creciente distorsión económica en las estructuras de esas naciones. En ambos casos, el fenómeno ha aumentado en función de las respectivas crisis que se viven, en el caso sirio por la guerra civil, que dura ya más de una década, y en el libanés, por la descomposición general sufrida a partir de factores múltiples, que lo ha convertido en un Estado fallido.

De acuerdo con un informe del Instituto para el Estudio de la Seguridad Nacional, dependiente de la Universidad de Tel Aviv, la droga más comúnmente producida y distribuida es el captagon, de la familia de las anfetaminas, también conocida como “droga de la jihad” debido a su uso entre los miembros del Estado Islámico o ISIS para estimular valor y energía, lo mismo que para suprimir el sueño y el cansancio. Desde 2019 el volumen del comercio de esta droga ha aumentado exponencialmente, de forma que, por ejemplo, el Hezbolá libanés ha establecido contacto con los cárteles de la droga en América y África, para introducir su mercancía a Estados Unidos y Europa, respectivamente.

En Siria, es el propio régimen quien está detrás de ese tráfico. Las sanciones internacionales que pesan sobre ese país y el caos derivado de la guerra que no concluye, explican la desproporción en cuanto a la fuente de sus ingresos. Sus exportaciones legales en 2022 sumaron tan sólo 800 millones de dólares, mientras que su ingreso por efecto de la venta de drogas fue de entre 25 y 30 mil millones de dólares. La industria de la producción y venta de drogas en Siria es manejada por entidades militares y de seguridad del propio Estado, con el hermano menor del presidente Assad, Maher al-Assad, a cargo de la producción y la cadena de distribución.

Se calcula que el precio de producción de una píldora de captagon es de 3 centavos de dólar y se vende entre uno y dos dólares en promedio, aunque en Arabia Saudita el precio llega a alcanzar 25 dólares por píldora. Su producción se realiza en pequeños laboratorios que pueden elaborar miles de píldoras por hora mediante insumos de bajo costo. En Líbano, la organización chiita terrorista Hezbolá es el principal productor, a pesar de que su normatividad religiosa prohíbe la producción, distribución y consumo de drogas. Sin embargo, algunos miembros de ese organismo han justificado su comercio bajo el argumento de que la venta de las drogas está permitida si está dirigida al enemigo.

De hecho, existe a menudo coordinación entre el Hezbolá y los productores sirios para transportar su mercancía a través de puertos, aeropuertos y vías terrestres. Egipto, Irak y Jordania son algunos de sus destinos, pero la clientela más apetecida son los ricos países petroleros del Golfo Pérsico. En esa región, Arabia Saudita es el consumidor más fuerte, catalogándose como el cuarto a nivel mundial. El régimen saudita, que intenta detener el consumo en su país, ha entrado en conflicto con Líbano por ese motivo. En abril de 2022 los sauditas detectaron la cantidad de cinco millones de píldoras de captagon ocultas en un cargamento de granadas proveniente de Líbano, lo que ocasionó un boicot temporal a los productos agrícolas libaneses.

80% del captagon que circula por el mundo es producido por Siria. El Congreso de Estados Unidos aprobó en diciembre pasado una ley contra el producto, con la intención de combatir el flujo proveniente de ese país. El temor de Washington es que la circulación de la droga no sólo pueda incrementar la inestabilidad en el de por sí volátil Oriente Medio, sino que también invada su país a través de la vía Hezbolá-cárteles de Latinoamérica.

El aumento exponencial del tráfico de drogas sintéticas, con el consiguiente empoderamiento de los narco-regímenes y agrupaciones delictivas que aprovechan la situación precaria de sus poblaciones locales para reclutar a su personal, constituye, hoy por hoy, uno de los desafíos más importantes para el mundo globalizado. Las drogas duras, como plaga que se extiende por todas partes produciendo enfermedad, violencia y muerte, requieren de una colaboración internacional coordinada y de políticas de salud pública preventivas y de rehabilitación eficientes, como mecanismos prioritarios para contener sus graves daños.

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